Los relatos de Javier Mije (Sevilla, 1969) tienen dos cosas en común: todos están protagonizados por una pareja, y casi ninguno tiene un final feliz. Sin embargo, perderá el tiempo el público que acuda a sus libros buscando las clásicas -y trilladas- historias de amores y desamores. El escritor siempre trata de explorar territorios de la cotidianidad a salvo de los tópicos, emociones bastante más complejas que las que suelen describir el cine o las canciones pop.
Este esfuerzo por iluminar zonas oscuras del alma se hace más que patente en El fabuloso mundo de nada, el último libro de relatos del sevillano, que acaba de ver la luz en el prestigioso sello Acantilado. Doce relatos de impecable factura directos a la fibra del lector.
"Quizá escribo sobre relaciones amorosas porque es el tema sobre el cual más he meditado, pero no lo hago de forma consciente", asegura Mije, quien cree -como decía Tólstoi de las familias- que todas las parejas felices se parecen entre sí, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. Y por ello, son más propicias para convertir en materia narrativa. "Las parejas felices las busca uno para su vida, pero en literatura dan más juego las desavenencias", asevera.
Pero se trata de un punto de partida, y no de conclusión: "En mis cuentos trato de hablar también de la soledad, la incomunicación, las estrategias de poder, el desencanto, el paso del tiempo. De ese quiero y no puedo en que consisten la mayoría de nuestras relaciones", agrega el autor.
En este sentido, los personajes de Javier Mije bien podrían ser el paradigma de una generación, la de los españoles que nacieron en plena democracia, que hoy padecen graves síntomas de vacío existencial e insatisfacción crónica. "Sí, no hay duda de que existe un contraste entre las posibilidades que tenemos, la libertad para elegir con que hemos crecido, y nuestra dificultad para ser felices", admite. "Por otro lado, creo que parte de culpa la tiene el hecho de que el concepto de pareja se nos ha quedado bastante estrecho, con lo ancho que es hoy el mundo".
Mije, quien afirma con humor que su mayor ambición literaria es llegar a ser el mejor escritor de su Parque Alcosa natal -"un barrio que imprime carácter, en el que te pasas la vida cogiendo autobuses"- opta en cambio por ambientar estos relatos en ciudades como Londres, Mallorca, Barcelona o Lisboa. "Me cuesta escribir sobre mi espacio cotidiano", dice. "Y creo que Sevilla tiene demasiada personalidad como escenario de la literatura. Temo que si ambiento aquí una de mis ficciones, la ciudad cobraría demasiado protagonismo. No se puede decir Sevilla sin que el lector rellene la página con mil imágenes de su cabeza", explica.
Por otro lado, este narrador pulcro y meticuloso intercala entre sus relatos cuatro piezas ambientadas en un circo, que sugieren el título del libro. El fabuloso mundo del circo acaba siendo, fatalmente, ese fabuloso mundo de nada: "Creo que se me ocurrió después de ver La parada de los monstruos, de Tod Browning, una película que retrataba muy bien el microcosmos de la sociedad en ese entorno. Me gustaba imaginar el contraste de una pareja acosada por la rutina, en un contexto a priori tan poco rutinario como debe de ser la vida en un circo. Al final, lo que quería expresar es que no tenemos escapatoria: tarde o temprano, la magia se acaba", sentencia.
Admirador de autores tan diversos como Thomas Bernhard, Philip Roth o Marcel Proust -"maestro en la descripción de los celos"-, Javier Mije, en el extremo opuesto a un Paulo Coelho o un Jorge Bucay, siente que su misión como escritor no es la de contarle al lector lo que quiere oír. "Un escritor tiene que ser, en cierto sentido, un aguafiestas", concluye.
Pero si hay un nombre que ejerce un claro magisterio sobre los relatos de El fabuloso mundo de nada, ése es el uruguayo Juan Carlos Onetti. Si en el anterior libro de Javier Mije, el más que prometedor El camino de la oruga, era una presencia más o menos evidente, ahora es objeto de homenaje sin tapujos; tanto, que un personaje del universo onettiano, Larsen, aparece en varias de estas historias, como patrón del circo para más señas.
"Creo que lo apropiado era colocar en ese puesto a un personaje explotador de las miserias, de las debilidades del ser humano. Es un modo de expresar, de paso, que en este circo en el que vivimos estamos en manos de desaprensivos, de gente dispuesta a comprar y vender nuestros cuerpos y nuestras almas", explica. Y añade a renglón seguido: "Pero no olvidemos que también hay un público dispuesto a reírle las gracias, gente que hace cola en el callejón de los fenómenos para no perderse el espectáculo".
Javier Mije explica su pasión por el autor de Los adioses, Juntacadáveres o Cuando ya no importe en estos términos: "Otros reconocen a Borges o a Cortázar como sus influencias, yo siento una sintonía total con el maestro uruguayo por su pesimismo y su lucidez", afirma. "No me cabe duda de que cuentos suyos como Bienvenido, Bob o El infierno tan temido dicen tantas cosas de la condición humana como una novela de mil páginas".
Cuando se le recuerda que tal vez esas atmósferas sórdidas y esos descensos a los infiernos del espíritu han restado lectores a Onetti -es mucho más amable para el gran público un García Márquez o un Mario Benedetti, por ejemplo-, Javier Mije se encoge de hombros: "Ahora se acaban de reeditar sus cuentos completos, así que no debe de estar muy anquilosado. Y basta ver cualquier magacín de televisión por la tarde para encontrar personajes tan grotescos como los que él inventó. Yo diría que tiene un gran futuro por delante", apostilla.
El Camino de la oruga es realmente malo, lleno de lugares comunes. Los protagonistas son tan planos, tan de papel que no me lograron entusiasmar. Todos los personajes hablan como si fueran el mismo, no hay matices. Definitivamente estudiar teorías literarias no es garantía a la hora de escribir. ATT Nelson Zorro, de Colombia http://twitter.com/#!/nfox49
Leí hace algún tiempo "El camino de la oruga" y me entusiasmó. Ayer adquiré un ejemplar de este nuevo libro de relatos que tanto se ha hecho esperar. a se sabe, la alta literatura se cuece lentamente.
Hoy es un buen día para devorar relatos...
Estoy deseando leerla.Será bueno leer sobre pesimismo en estos términos, para variar en los tiempos que corren, en los que pararnos a pensar en profundidades parece que no encaja. Pienso que el "stand by" de la crisis afecta a todo lo subjetivo, me alegro de que en el ámbito de la literatura no sea así. Y por lo poco que conozco sus textos, creo que Javier nos sorprenderá con una obra redonda compuesta de diferentes y sugerentes piezas. Enhorabuena.