En tiempos difíciles incluso para las estrellas más consolidadas, El Barrio parece mantenerse a salvo de la marejada: acaba de lanzarse a una gira invernal con una veintena larga de fechas cerradas por toda España, empezando por dos días en el Palacio de los Deportes de Madrid y uno en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Hoy es el turno de Sevilla, después de actuar también ayer en el Pabellón de San Pablo, con todo el papel vendido. Quienes le llamaban el rey Midas del nuevo flamenco no parecían ir descaminados, pero él quita importancia a estos elocuentes datos. "Hay artistas con más suerte que otros, pero cuando no hay dinero, no hay para nadie. La crisis tiene agarrado a todo el mundo".
Son palabras de Selu Figuereo, el cantante y músico siempre tocado con sombrero negro que adoptó el sobrenombre de El Barrio hace ya más de 15 años, y que regresa a la actualidad con nuevo disco, Espejos, el décimo de su carrera en permanente progresión. "Cada nuevo álbum es para mí una agonía muy grande", confiesa. "¿A qué le escribo ahora, que no sea al amor y el desamor? ¿Qué palabras uso para llegar al corazón? ¿Cómo supero lo último que hice? Para mí ponerme a componer de nuevo es lo peor. Me siento terriblemente agobiado, porque soy muy exigente e intento sacar siempre lo mejor de mí", asegura.
Cuando se le pregunta qué diferencia hay entre el artista de sus orígenes y el padre de familia que es hoy, no puede reprimir una sonrisa. "El Barrio de hoy ya no sale por las noches, se queda tranquilo en casa y ve ridículo aquello de esperar colas en la puerta de las discotecas, o pasar la noche en una plazoleta con una litrona... Como artista, creo que la estabilidad me da una emoción especial, me centra".
En Espejos, Figuereo vuelve a ejercitar esa alquimia de flamenco, pop, rumba, canción de autor o rock andaluz que le ha abierto las puertas del gran público, y le ha permitido incluso lanzar su propia línea de perfumes, Duermevela. "Yo me considero ante todo flamenco, pero a la vez soy muy rockero. Ya no podría vivir sin una cosa ni otra. El rock me ha aportado nuevas sonoridades, me ha permitido incorporar el hammond o las guitarras distorsionadas que han ampliado mucho mi forma de hacer canciones. Creo que depende del año que tenga: si ha sido duro, tiro más para las guitarras eléctricas; si es más plácido, regreso al flamenco".
Ante los puristas de lo jondo ha mantenido siempre una limpia indiferencia, que a estas alturas se mantiene intacta. "No sólo no me preocupan los ortodoxos, sino que en cierta medida siento admiración por ellos. Gracias a su fidelidad a la tradición se mantiene en pie el árbol genealógico del flamenco. Y siempre pensé que no todo vale en el campo de las fusiones: si coges una soleá de Alcalá o unos tangos de Málaga y los tuerces, eso no vale nada", afirma tajante.
El título de su nuevo disco es, según dice, "una invitación a que la gente se identifique, a que se refleje como un espejo en temas candentes que están recogidos en el álbum, un amor de verano, la historia del camello que vende farlopa y está disponible toda la noche...".
¿Y El Barrio, en qué azogue querría mirarse? "Siempre me he basado mucho en Paco de Lucía, en Vicente Amigo, en steve Vai, en triana, Alameda, Bambino... Son espejos que siempre tengo a mano", dice.
A diferencia de algunos flamencos, niega sentirse intimidados por actuar en la capital hispalense. "Para mí Sevilla es todo lo contrario, volver aquí me da estabilidad y bienestar. Vengo a mi casa", concluye.