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Dominus vobiscum

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César Rufino Actualizado 12/11/2010 23:19
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¿Por qué razón le iba a interesar a alguien levantarse temprano un domingo para escuchar una misa ni más ni menos que en latín? Pues ahora verá por qué.

¿Para qué sirve escuchar misa en latín, si uno ni siquiera la escucha en español? La respuesta tiene un prólogo: Antiguamente, antes de la colecta, el cura exclamaba Dominus vobiscum! Había gente que creía que aquel era el nombre del señor que pasaba el cestillo por los bancos, a quien de esa forma se conminaba a cumplir con su tarea. Así que el latinismo se convirtió en el alias de quien suele manejar el parné: Dominus Vobiscum nunca murió de hambre, escribió Pérez Galdós en Nazarín. Otros grandes autores usaron como refranes o dichos, en sus obras, muchas frases de la misa en latín: Un pirata que robaba la saliva al Sursum Corda (Pereda, La puchera), o Soy el tuáutem y ejecutor de esa niñería (Cervantes, Rinconete y Cortadillo). Cuántos sevillanos no tendrán, en esa caja de latón imaginaria de sus recuerdos familiares, otros latinajos por el estilo o incluso esos mismos. Llegó luego el Concilio de los sesenta, con todo su flower power, y la Iglesia convino en que popularizar el rito, poner al cura de frente y no de espaldas a los feligreses y hablar en el idioma de cada país acercaría a la gente a los templos. De lo cual resultaron dos hechos: que el rito litúrgico se modernizó efectivamente y que a misa ya no va ni el Sursum Corda.

Se puede entender que el regreso a la misa en su rito tradicional, romano, gregoriano o en latín, que de todas esas formas se dice (un revival que ha despertado gran entusiasmo papal), es un fenómeno puramente regresivo, arcaizante y hasta fundamentalista. Pero todo el que haya tenido un padre o un abuelo que maldijera al Dominus Vobiscum cada vez que no cobraba sabrá que la misa en latín es, sobre todo, memoria, cultura, religiosidad (no sólo oficial, sino también popular y familiar)... Tras algún tiempo celebrándose en San Bernardo, ahora se ofician todos los domingos y fiestas de guardar, a las 10.30, en el monasterio de las salesas de la Plaza de las Mercedarias (capilla de la Visitación de Santa María, más propiamente dicho). A veces incluye un poco de gregoriano, o música de órgano, y siempre dan unos cuadernillos en latín y castellano, para que nadie se pierda. Quienes entregan estos libretos y, sobre todo, quienes han conseguido que este rito regrese a Sevilla son los miembros de la asociación Una Voce, que son de todo menos unos fanáticos y unos inmovilistas. Vaya a esta cita con la memoria, conozca por sí mismo. Y luego, vuelva o no vuelva.

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