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Rocío

Así ha sido el Rocío Chico: Almonte vive la noche más especial del verano

Almonte culmina el triduo con una eucaristía, la jura de nuevos hermanos y el recorrido del simpecado por las calles de la aldea

Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte

Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte

Lucía Escudero Funes

Lucía Escudero Funes

Sevilla

Almonte vivió ayer el punto álgido de los cultos del Rocío Chico, una de las festividades más señaladas del verano, especialmente para los rocieros, que no dudan en interrumpir sus vacaciones en cualquier playa andaluza para acudir a la aldea.

“Son días muy especiales, porque se celebra el triduo y todo gira alrededor de la Virgen”, explica Rocío, una devota que atiende a este periódico desde la aldea. La tradición almonteña recuerda que hace más de 200 años, durante un inminente asedio, las oraciones de los vecinos fueron escuchadas por la Blanca Paloma, que protegió a la aldea de las tropas francesas que pretendían vengar la muerte del general Pierre Douseau.

Como broche final al triduo, durante la tarde tuvo lugar una eucaristía presidida por Leonardo Sánchez Acevedo, delegado diocesano de Medios de Comunicación de la Archidiócesis de Sevilla. Tras la misa, hasta 200 nuevos hermanos participarán en el juramento e imposición de medallas, uniéndose a la hermandad matriz, devotos de todas las edades. Un momento muy emotivo acompañado por el coro de la propia hermandad.

Coro de la Hermandad de Almonte

Coro de la Hermandad de Almonte / .

Pasada la celebración de la tarde, rocieros se preparan para cumplir con oración y gratitud esa antigua promesa a la virgen. Uno de los momentos más especiales: bajo el cielo estrellado, reflejado en las marismas, el simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte recorre las calles de la aldea a medianoche, las calles de albero se llenan de rezos y vivas acompañando a un cortejo liderado por la Escuela de Tamborileros, poniendo banda sonora a esta noche de oración y emoción compartida. Con el rezo del rosario se conmemora el voto de acción de gracias que salvó a la comunidad rociera del asedio napoleónico en 1810.

Este año se vive con especial emoción, al ser la antesala del traslado de la Virgen del Rocío a Almonte, tradición que se cumple cada siete años.

Aunque el Rocío Chico es sinónimo de reencuentro familiar y de convivencia entre hermanos y devotos, la fuerte ola de calor que azota a toda España y las nuevas restricciones han reducido la afluencia. “Este año ha habido menos gente. No dejan aparcar dentro de la aldea, solo en los aparcamientos habilitados, y con el calor el camino hasta la ermita se hace casi imposible”, lamenta una asistente.

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