INCLUSIÓN
Sevilla reclama más familias colaboradoras para los menores en centros: "Estar con ellos en Navidad les puede cambiar la vida"
De los más de 4.900 niños y adolescentes tutelados por el Gobierno andaluz, 360 están en alguno de los 29 centros de acogida de Sevilla. Aunque aumente el número de menores, este año han disminuido las familias que hospedan a los niños en momentos puntuales del año

Sara Núñez, madre colaboradora, junto con María y una amiga. / Asociación Paz y Bien
María [nombre ficticio] es una niña de 12 años que lleva en un centro de acogida en Burguillos (Sevilla) desde que tenía seis. Por su enfermedad rara vive pegada a una máquina de oxígeno y por su discapacidad y retraso madurativo ha seguido un itinerario de estudios distinto al de sus compañeros del centro. Sin embargo, su vida, a pesar de estar marcada por la ausencia de un entorno familiar, está llena de amor, compañía y consuelo. Desde los 7 años pasa los fines de semana y las vacaciones de verano o Navidad con Sara y con Luis, su familia colaboradora.
Como María, más de 4.900 niños y adolescentes están tutelados por el Gobierno andaluz, según los datos de la Consejería de Inclusión en 2024. Son menores cuyos entornos familiares han estado rodeados de drogas, alcohol o violencia en muchos casos. Sus circunstancias les han obligado a poner distancia con sus familias y crecer en un ambiente seguro, ya sea una familia o un centro de acogida.
Aquellos que viven en el centro -la mitad- consiguen forjar relaciones de confianza con los trabajadores sociales y los psicólogos, pero se privan de cosas tan sencillas como salir a dar una vuelta en bicicleta por la tarde, ir a pescar el sábado o que alguien llame para preguntar qué tal ha ido ese examen. En definitiva, lo propio de una infancia feliz.

Menores de un centro de acogida preparan un cartel para una de las familias colaboradoras. / Asociación Paz y Bien
La Asociación Paz y Bien ha puesto en marcha una campaña de sensibilización para encontrar familias que estén dispuestas a acoger a estos menores en momentos puntuales de la semana y del año. Desde 2018, esta entidad que trabaja junto con la Consejería de Inclusión, ya ha colaborado con 70 familias, sin embargo, este año ha detectado "una leve caída en el volumen de participación". "Necesitamos más familias nuevas", apuntan.
Solo en la provincia de Sevilla hay alrededor de 360 niños en esta situación y desde la asociación llaman a 70 familias para que se planteen convertirse en colaboradoras
Solo en la provincia de Sevilla hay alrededor de 360 niños en esta situación y desde la asociación hacen un llamamiento a 70 familias para que se planteen convertirse en colaboradoras. "La Navidad está a la vuelta de la esquina y es esencial que los menores estén en un entorno familiar esos días", puntualizan. Tal como explica Natalia Fernández, una trabajadora social del Programa Familias Colaboradoras, la gran diferencia con acoger de forma permanente es que en este caso los niños duermen en el centro de acogida entre semana.

Dos menores de un centro de acogida en la casa de una familia colaboradora. / Asociación Paz y Bien
“Cuando una familia entra en sus vidas se sienten mucho más seguros y eso influye mucho en su autoestima porque se sienten queridos y especiales”, explica Fernández. Esta profesional insiste en la importancia de tener un apoyo fuera del centro que se preocupe por ellos y, por ejemplo, les llame para preguntarle qué tal ha ido la visita con su madre biológica o que les ayude con los deberes. “Estar con ellos en momentos como la Navidad o las vacaciones de verano les puede cambiar la vida”, reconoce la profesional, que destaca la importancia de tener un entorno familiar en épocas especialmente sensibles del año.
Crece el número de niños en centros de acogida
Según el Informe Anual del Defensor de la Infancia y Adolescencia de Andalucía (2023), 3’3 de cada 1.000 menores de 18 años está bajo el Sistema de Protección andaluz. Según la Asociación Paz y Bien, en los últimos años no ha dejado de crecer el número de menores en esta situación.
Cuando una familia entra en sus vidas se sienten mucho más seguros y eso influye mucho en su autoestima
Del total de menores, según la profesional, muchos tienen algún tipo de discapacidad. “En la mayoría de los casos es leve y está derivada de una falta de estimulación en el entorno familiar, aunque suele desaparecer con el apoyo de los profesionales”, sostiene. Es decir, el abandono de sus familias o la ausencia de una puede llegar a afectar al desarrollo cognitivo e intelectual del menor.

Ángela, la psicóloga del programa FACO, en una formación con una familia colaboradora. / Asociación Paz y Bien
María es una de las muchas niñas con discapacidad -en su caso severa- que lleva casi toda una vida en un centro. Según Fernández, algunas familias ven el caso de María como un “hándicap” porque no se sienten preparadas para entender la discapacidad como un concepto que no suponga dificultades añadidas.
"No quieren un Iphone, quieren ir al parque"
Sara Núñez, la madre que acoge a María, es auxiliar de odontología y monitora, está divorciada -su ex marido vive en Francia-, y tiene un hijo de 22 años. Luis tiene un trastorno por déficit de atención e hiperactividad, un trastorno específico del lenguaje y un retraso madurativo. En 2021, Sara conoció a la menor en el comedor del colegio en el que ella trabaja como monitora y sintió que tanto ella como su hijo tenían un vínculo especial con la pequeña.
Mentiría si dijera que todo ha sido perfecto, también ha tenido sus partes duras, pero merece muchísimo la pena
“Para mí ha sido muy enriquecedor porque solo tenía a Luis con estas circunstancias y he pasado a tener dos niñas con una situación muy parecida”, cuenta Sara. Se refiere a María pero también a su hermana Cristina [nombre ficticio]. Cuando comenzó los trámites para ser la familia colaboradora de la menor descubrió que tenía una hermana mayor, también con un retraso madurativo "bastante" acusado. Para no separarlas y darles la oportunidad de que crecieran juntas y vivieran las mismas experiencias fuera del centro decidió acoger a ambas.
“Con ellas, tanto Luis como yo hemos aprendido a valorar el tiempo familiar. Estas niñas no necesitan un Iphone, lo que quieren es ir al parque con nosotros”, reflexiona la madre, que se sigue viendo con Cristina aunque ahora está en otro destino debido a la mayoría de edad.

Menores regalan un cartel a su familia colaboradora. / Asociación Paz y Bien
En estos más de cinco años organizando su vida para pasar tiempo con ambas hermanas, Sara también se ha enfrentado a momentos delicados. “Como en cualquier familia, hay días estupendos y días malos. Mentiría si te dijera que todo ha sido perfecto, también ha tenido sus partes duras, pero sin lugar a dudas me merece muchísimo la pena”, insiste.
Sara ha recurrido en infinidad de ocasiones a los profesionales del centro de acogida, que están a disposición de las familias para acompañarles durante todo el proceso. En su caso, recuerda que a medida que Cristina se hacía mayor le hacía preguntas que no sabía responder: “¿Por qué hay niños que duermen con su madre y yo no puedo dormir con la mía? o ¿Tendré que casarme y tener un bebé cuando cumpla los 18? En mi familia las mujeres no han estudiado”. Los profesionales ayudaron a Sara a dar con aquellas herramientas que ella no tenía.
Todas las personas que pueden acoger
El caso de esta madre es muy representativo: la suya no es una familia popularmente conocida como “tradicional”. No tiene un marido que la acompañe y está sola con su hijo Luis. “Es muy importante que se sepa que se puede acoger sin tener hijos, estando en el paro, siendo del colectivo LGTBIAQ+ o estando soltera”, puntualiza la trabajadora social.
Fernández pone especial hincapié en que se acoja a menores que tengan alguna discapacidad, ya que “los profesionales les facilitarán los apoyos que sean necesarios para garantizar que todo vaya bien”. Actualmente, tanto en Huelva, Córdoba como Sevilla, en la bolsa de menores susceptibles de salir con una familia colaboradora "prevalecen los menores con discapacidad".
De acuerdo con Fernández, el perfil de familia colaboradora es el siguiente: personas mayores de 25 años que tengan habilidades adecuadas para atender a menores, que se comprometan a acompañarlos de manera estable y que quieran colaborar de la mano de profesionales. "El objetivo es que sean referentes externos que los apoyen durante el tiempo que estén en el centro", puntualiza. "Las familias se sienten valiosas para los niños y siempre se dan cuenta de que reciben mucho más de lo que ellas dan. Ganan las dos partes".
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