"No te digo ná. Y te lo digo to": el PP de Juanma Moreno encuentra en Almería su primer escándalo de corrupción
Aznar, Rajoy, Arenas, Moreno, todos han rendido pleitesía a un PP de Almería que es una máquina de ganar votos y ese absolutismo tejió un tupido manto de silencio que lo cubría todo

Gabriel Amat junto a Juanma Moreno cuando fue reelegido presidente provincial del PP de Almeria en 2017. / Carlos Barba / EFE

Las conversaciones registradas por la UCO de la Guardia Civil de Javier Aureliano García, Fernando Giménez y Oscar Liria, el trío lugarteniente del PP en Almería y de la Diputación Provincial hasta este mismo viernes, llevan de la indignación a la nausea. En lo peor de la pandemia, confinados y muriendo miles de personas por Covid, estos señores fantaseaban desde sus móviles con una operación que los iba a hacer ricos. "Mete dos millones de mi presupuesto a esto", "esto es salvar nuestras vidas". Imaginen la excitación ante el golpe que diseñaban, con "un chino mandarín" como proveedor y un amigo de origen almeriense y afincando en Barcelona, Kilian López, como urdidor convencido de que era "un pepinazo". Pagaban dos millones de euros y recibían de vuelta un millón para repartir, con comisiones entre 200.000 y 400.000 euros. "No te digo ná. Y te lo digo tó", escribe el número dos de la Diputación, Fernando Giménez cuando acarician la operación que los va a hacer ricos. “Tu polla no para de maquinar”. “Jejejeje”.
Lo demás vino rodado. El empresario Kilian López y Oscar Liria, que está en el vértice del poder del PP almeriense, comparten una tía, de nombre Hortensia, a la que presuntamente usan para hacer pagos de dinero en efectivo en Fines, la localidad donde se desarrolla la mayor parte del primer capítulo de esta trama de mascarillas. Liria es además sobrino carnal del alcalde del pueblo, Rodrigo Sánchez, ese al que la Guardia Civil pilló con las manos en la masa, metiendo con su hijo en el maletero del coche una caja oscura envuelta en una especie de funda de almohada: 119.750 euros en efectivo. Ambos han vuelto a estar detenidos y declarar estos días. En los registros de las casas de estos políticos en Almería hay billetes en casi todas las prendas de ropa con bolsillos que tienen en sus armarios. También en los altillos. En junio de 2021, la Guardia Civil comienza las detenciones. La operación sigue, con un juez sustituto pico y pala, aguantando todo tipo de tretas y dilaciones, hasta que esta semana todo ha estallado por los aires.
Cuatro años de silencio
Cuatro años largos. 53 meses en los que nadie en el PP andaluz se enteró, eso aseguran, ni supo de la dimensión del caso. Insisten en la dirección regional en que no habían accedido a ninguna documentación sobre las investigaciones y que confiaban en que no había nada. Poco después de que la UCO se desplegara en los domicilios de los dirigentes del partido en Almería este martes, se les suspendió de militancia. Al final de esta semana, el secretario general del PP-A, Antonio Repullo, desembarcó en la capital almeriense para exigir que dimitieran de sus cargos en la Diputación y el Ayuntamiento. La pelea fue dura. Hubo que mover muchas piezas. Finalmente, todos han quedado fuera de cualquier institución además de apartados del partido. Es mucho en estos casos, es cierto, pero llega tan tarde que resulta increíble que pidan aplausos por haber actuado con diligencia y sin medias tintas.
El originario caso Mascarillas ha quedado enterrado en una presunta trama de amaños y comisiones en las adjudicaciones de obra pública desde la Diputación de Almería que se remonta diez años atrás, 2016, cuando Gabriel Amat, aún hoy alcalde de Roquetas a sus 81 años, movía los hilos del partido y la institución provincial. Cuando el PP de Juanma Moreno ordenó renovar, Amat dejó a su ahijado político, al otro "todopoderoso", como le llaman sus colegas del partido, a Javier Aureliano García, el heredero lo había aprendido todo con su padre político.
"Hemos cambiado Andalucía. Te dije que estaría aquí hasta que fueras presidente, todos nos hemos esforzado, pero Almería la primera (…) Hay que tener la capacidad para saber cuando llega el momento, lo hice en la Diputación y lo hago ahora, dije que no me iba a ir en un congreso por videoconferencia, sino cuando llegará un momento ordinario”, dijo Amat dirigiéndose a Moreno en el congreso provincial que lo despidió en junio de 2021. El presidente andaluz lo despidió con honores: "Se ha ganado un espacio importante en la historia del PP y de Almería". José María Aznar, Mariano Rajoy y, por supuesto, Javier Arenas dejaron por video, aún había restricciones por pandemia, loas para Amat en su despedida. Les sumó a todos muchos votos. Almería ha sido siempre, bajo los 17 años de poder de Amat más, un bastión inexpugnable para el PSOE, eran una máquina de ganar elecciones y mayorías en sus municipios. El absolutismo del PP en la provincia tejió un tupido manto de silencio que lo ha cubierto todo, incluso lo que debería haber salido a la luz.
Amat y sus centenares de casos
Amat consiguió ir escapando de las cientos de las investigaciones judiciales ("Más de 260", según él mismo presume) abiertas en su contra. Todas tenían un común denominador: adjudicaciones y otras gestiones beneficiosas, como licencias urbanísticas, a decenas de empresas relacionadas con familiares del alcalde de Roquetas. Un informe policial, que vio la luz en diversos medios, señala que Amat tenía "relación con 103 empresas donde figuraban 53 de sus familiares". Una telaraña societaria probada que nunca le supuso ningún tipo de reproche penal más allá de haber estado bajo el foco de la Policía y de la Guardia Civil.
Durante años los denunciantes y los partidos de la oposición se han quejado de un supuesto trato de favor de los jueces al señor del PP en Almería. Su ahijado político, Javier Aureliano García, no ha tenido la misma suerte. Una prima lejana era la titular del juzgado que investiga el último caso de corrupción en Almería, pero estaba de baja. Eso provocó que otro instructor, joven y muy capaz, dicen quienes lo han visto trabajar, asumiera las diligencias y lleva más de 7.000 folios. Por cierto que la magistrada ha pedido ya su incorporación pero se inhibirá en la causa, según fuentes judiciales.
Moreno ha tratado de apagar este fuego con máxima rapidez en estos días. Será su consejero de Agricultura, Ramón Fernández Pacheco, que dejó la alcaldía de Almería para incorporarse al Ejecutivo, el enviado a poner orden en un PP que es ahora mismo una bomba. El presidente andaluz, que ha tenido esta semana presentación de su libro en Madrid por todo lo alto y sin que este escándalo de corrupción en Almería le haya enturbiado la fiesta en la villa y corte, hizo unas declaraciones muy llamativas, en Antena 3, para defender lo "sorprendido" que estaba por este caso. Javier Aureliano García, dijo, es de "una generación joven, una persona que no tiene carga familiar, está soltero y viene de una familia que no tiene problemas económicos: A mí me ha sorprendido mucho". La sorpresa con el vicepresidente segundo es porque es "una persona muy vinculada a movimientos religiosos". Es un joven padre de cinco hijos, casado con una persona de una familia acomodada de Almería vinculada al Opus. La corrupción no es cosa de cutres, de pícaros y sinvergüenzas, como en el último caso del PSOE, gente arrimada para trincar pasta de forma obscena y vergonzosa. La corrupción puede tener también protagonistas con origen acomodado y hasta que va a misa. Si se prueba, da el mismo asco. ¿De verdad eso sorprende?
La verdadera sorpresa es que alguien con tanto olfato político como Moreno haya dejado que heredara el PP de Almería un elegido por Gabriel Amat, que haya aprendido la política a su sombra, y que además ni siquiera era de su cuerda porque apoyó a Pablo Casado. En uno de esos trozos de Whatsapp del todopoderoso trío que se ha visto esta semana ante el juez hay otro pasaje revelador. Fernando Giménez, mano derecha del presidente de la Diputación, se confiesa con el entonces vicepresidente Óscar Liria: "A mí lo que me está tocando los cojones es la chulería de Javier (Aureliano García). Y el por el culo que da. Que es peor que Gabriel (Amat). Cuando le he dicho que esto no está ya en nuestras manos sino en la de los técnicos se ha acojonado”. Ahí estaba Gabriel. En el PP de Almería no podía faltar. Puede que hayan estado haciendo lo mismo que han visto siempre hacer. Lo dirá la justicia, si es que no tienen la misma suerte que su predecesor político y salen ilesos de este escándalo.
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