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Brexit

2025 se cerrará sin que el pacto de Gibraltar llegue al Parlamento Europeo

La agenda del último pleno de la asamblea comunitaria no incluye el debate del texto jurídico, que aun sigue en fase de borrador en la Comisión Europea en un momento en que Exteriores reconoce que "no hay avances"

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, el comisario Maros Sefcovic, el ministro británico David Lammy, el ministro principal gibraltareño Fabian Picardo.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, el comisario Maros Sefcovic, el ministro británico David Lammy, el ministro principal gibraltareño Fabian Picardo. / MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES / Europa Press

Patricia Godino

Patricia Godino

Sevilla

2025 apura sus últimas semanas sin que el esperado tratado sobre Gibraltar haya logrado asentarse en el calendario político europeo. El documento, presentado el 11 de junio como un "acuerdo político definitivo" entre la Unión Europea, España y Reino Unido acerca del encaje del Peñón en el espacio Schenguen tras el Brexit, sigue sin materializarse en forma de texto jurídico público seis meses después. Y ahora, según ha podido confirmar El Correo de Andalucía con fuentes oficiales del Parlamento Europeo, el pacto no entrará en la agenda del próximo pleno de diciembre en Estrasburgo, que se celebra del 15 al 18 de este mes. Es decir, el tratado no se debatirá, no se votará y, por tanto, no avanzará en este último ciclo legislativo del año.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, la respuesta es concisa y reveladora: no hay novedades, no hay fechas y no hay señales de que la Comisión Europea vaya a desbloquear el texto en lo que queda de año. Es un silencio que se espesa en Madrid, en La Línea de la Concepción, a pie de frontera, la incertidumbre es ya una constante, sobre todo por los temas que se acumulan en la mesa, viviendas, infraestructuras y fiscalidad; y en Gibraltar, pese a que el Gobierno reconoció públicamente hace semanas que el borrador es amplio y complejo, tampoco se maneja un calendario claro.

Ese volumen del documento refleja bien la complejidad del acuerdo: movilidad Schengen, controles fronterizos conjuntos, fiscalidad, cooperación aduanera, coordinación policial, derechos de trabajadores transfronterizos, ayudas de Estado, cuestiones medioambientales, transporte, servicios… Un tratado multidimensional que fue descrito por expertos como un "acuerdo entre 29 partes", dada la maraña de competencias implicadas.

Precisamente esa densidad jurídica es la que mantiene hoy paralizado el proceso. El tratado apunta a ser un acuerdo mixto, lo que obligaría a que los 27 parlamentos nacionales de la UE -además del Parlamento Europeo- lo ratifiquen. Y ese requisito multiplica los riesgos: un solo parlamento puede retrasarlo meses; una interpretación jurídica distinta puede bloquearlo; un recurso de constitucionalidad en algún Estado miembro podría desestabilizar el acuerdo entero.

Para el Campo de Gibraltar, la espera se traduce en desgaste. La economía local sigue anclada a la volatilidad fronteriza: controles más lentos cuando hay tensiones, colas cuando coincide el tráfico laboral con el turístico, y unos 15.000 trabajadores transfronterizos que necesitan certidumbres para sostener su día a día. El pacto se anunció como la herramienta que eliminaría la Verja y garantizaría la libre circulación a partir de enero de 2026. Hoy, esa previsión resulta inasumible.

Un texto en vilo ante el clima político en Bruselas y España

En Bruselas, el tiempo político es decisivo. 2025, en el ecuador del segundo mandato de Von der Leyen, es un año con una agenda legislativa en transición. Con el tratado fuera del pleno de diciembre, el pacto queda expuesto a ese cambio de tono en la asamblea comunitaria. Cuando el texto llegue podría encontrarse con un Parlamento Europeo distinto, con presidencias renovadas y con equilibrios políticos que no tienen por qué coincidir con los de junio, cuando se anunció el acuerdo.

Lo que en junio se presentó como un acuerdo histórico sigue atrapado en una fase que ni es formal ni es provisional, sino ambas cosas a la vez

El riesgo no se limita a Bruselas. En España, cualquier alteración de la legislatura -anticipo electoral, reacomodos de apoyos parlamentarios, cambios de cartera- podría modificar el impulso político necesario para cerrar el pacto. De hecho, el pasado 28 de octubre la Comisión Mixta para la UE dio luz verde en el Congreso a una iniciativa de Vox, con el apoyo del PP, para recuperar la soberanía española sobre Gibraltar y rechazar el acuerdo del 11 de junio de 2025.

Lo mismo ocurre en Reino Unido, donde la cuestión gibraltareña se inserta en un debate permanente sobre el legado del Brexit y el margen de autonomía del Peñón. Así, lo que en junio se presentó como un acuerdo histórico sigue atrapado en una fase que ni es formal ni es provisional, sino ambas cosas a la vez. Existe la voluntad, dicen todas las partes. Pero la voluntad sin texto, sin plazos y sin agenda parlamentaria corre el riesgo de evaporarse.

2025 no verá pasar el tratado de Gibraltar por el Parlamento Europeo. Y eso deja abierta la pregunta que ya se formula a ambos lados de la frontera: ¿cuánto tiempo más podrá sostenerse un acuerdo que sigue sin existir oficialmente?

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