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50 años de la muerte de Franco

Huelgas, carnés de conducir o Erasmus: los derechos que hoy son básicos pero que el franquismo reprimió

Durante los 40 años que duró el régimen franquista, las mujeres no pudieron tener una cuenta bancaria, poseer bienes o firmar un contrato laboral sin el permiso de su marido

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Los derechos que hoy son básicos pero que el franquismo reprimió / Jorge Jiménez / Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Por primera vez en 1925 una mujer española llamada Catalina García obtuvo el carnet de conducir. No fue la primera en ponerse al volante, pero sí la precursora haciéndolo legalmente. Este año se cumplen 100 años desde que las mujeres pueden conducir un coche. Sin embargo, no se puede celebrar un siglo desde la conquista de este derecho porque durante los 40 años que duró la dictadura franquista se limitó con barreras legales, sociales y administrativas. Un retroceso en igualdad. Desde 1939 hasta 1975, las mujeres casadas que conducían pasaron a necesitar la validación oficial de su marido a través de un "permiso marital". Tras casi medio siglo de dependencia y sumisión, con el fin del régimen, las mujeres pudieron volver a conducir libremente sin necesitar la autorización de ningún hombre.

Como este, son muchos los derechos y las ventajas que la sociedad ha conseguido a raíz de la muerte del dictador Francisco Franco. Conducir, convocar una huelga, tener una cuenta bancaria o irse de Erasmus son algunos de ellos. Derechos que la juventud tiene tan interiorizados que no es consciente de que hace no mucho eran asignaturas pendientes. ¿Qué trabajador no ha vivido de cerca una huelga? ¿Qué mujer no tiene una cuenta bancaria propia? ¿Cuántos alumnos se van de Erasmus cada año?

La vida de las mujeres cambió drásticamente cuando murió Franco. Ese año, por primera vez, pudieron abrirse una cuenta bancaria por sí mismas, sin la necesidad de que su marido ni ninguna figura paterna lo permitiera. Fue consecuencia de la eliminación del "permiso marital" con la reforma del Código Civil en 1975. Es decir, hasta hace 50 años, las mujeres pedían permiso para trabajar, para firmar contratos, para poseer bienes, para conducir o para guardar dinero en el banco. Los jóvenes tenían que someterse al Servicio Militar y ni pensaban en algo similar a lo que hoy se conoce como el Erasmus. Y los derechos de los trabajadores no podían defenderse, mucho menos con una huelga.

A la cárcel por una huelga

En lo que llevamos de año, España ha afrontado varios parones laborales: trabajadores del metal en Barcelona, los abogados en Galicia y las huelgas generales por Palestina. Esta seman, los médicos han vuelto a denunciar el borrador de Estatuto Marco con un parón de cuatro días.

La huelga es para los sindicatos y los trabajadores la gran herramienta a la hora de poner sobre la mesa sus derechos, las injusticias y sus reclamaciones. Parece algo primitivo, básico. Pero hace solo 50 años que es un derecho del trabajador.

Durante el franquismo el derecho a la huelga se prohibió. La revista Saberes de la Universidad Alfonso X El Sabio, especializada en estudios del ámbito jurídico, económico y social, lo explica claramente: el régimen instauró un sindicato único, el Sindicato Vertical, que controlaba tanto a trabajadores como a empresarios, eliminando la libertad sindical real. Convocar una huelga era todo un peligro.

En el Código Penal de 1944, las huelgas obreras se tipificaron como delito de sedición. Dicho de otra forma, organizarla podía conllevar una pena grave. De hecho, según estudios, esta amenaza penal tuvo un efecto disuasorio muy grande: muchas huelgas se suprimieron por miedo a la cárcel.

No fue hasta que Franco murió cuando se convocaron las primeras sin represalias legales. Según la Fundación 1 de mayo, el 12 de noviembre de 1976 la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS, integrada por CCOO, UGT y USO) convocó una jornada de paro general en toda España para protestar contra el paro y la crisis, la congelación salarial y los despidos. Esa fue la primera de muchas.

Erasmus, un derecho post Franco

El curso pasado, según el Ministerio de Universidades, casi 120.000 alumnos se beneficiaron del programa Erasmus. Este programa de internacionalización se ha convertido en la gran experiencia durante la etapa universitaria. No hay quien no recuerde ese cuatrimestre o curso académico como una experiencia transformadora en muchos sentidos. Es el gran modelo universitario que ha permitido a los jóvenes descubrir mundo, aprender nuevos idiomas y hacer nuevos amigos.

No fue así durante los 40 años de dictadura. En aquel momento, no había un bloqueo legal para estudiar fuera, pero sí había barreras ideológicas, de vigilancia y administrativas que hacían más difícil la movilidad académica, sobre todo para aquellos estudiantes que no encajaban con el régimen.

En 1987 el programa de Erasmus llegó a la vida de los estudiantes para cambiarla por completo. Sin embargo, para aquel entonces hacía 12 años que España disfrutaba de una democracia. Para beneficiarse de este proyecto, primero tuvo que adherirse a la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) en 1985. De acuerdo con el Ministerio de Interior, este fue el principal paso para que España estrenara el programa Erasmus como uno de los países fundadores. Hoy, es el país europeo que más estudiantes acoge todos los años.

Los derechos de las mujeres, de los trabajadores y de los jóvenes no solo cambiaron con la llegada de la democracia, sino que se vulneraron durante los 40 años que duró la dictadura franquista.

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