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Andalucía

La borrasca Francis amenaza el verano de los chiringuitos en Matalascañas: “Es una ruina, necesitaremos 200.000 euros para volver”

Hay 10 negocios damnificados por el paso del último temporal, según la Asociación de Concesionarios, aunque la incertidumbre respecto a la próxima temporada "afecta a todos" los comerciantes de la zona

Vídeo | La borrasca Francis ha destrozado dos chiringuitos en la playa de Matalascañas

A. Pérez

Carlos Doncel

Carlos Doncel

Matalascañas (Huelva)

Las olas atlánticas arrasaron la cocina del Altomar. Tampoco sigue en pie aquella terraza donde se servían cervezas y raciones de fritura el último agosto. El chiringuito Sirena Dorada, a unos 300 metros, también ha quedado reducido a un montón de escombros: allí la chapa y los hierros se mezclan con muebles rotos y carteles de "Reservado". La borrasca Francis destrozó hace unos días un kilómetro y medio de la costa de Matalascañas, dejando a su paso 10 negocios afectados, miles de euros en pérdidas y una nueva temporada veraniega en peligro.

"El temporal ha causado daños evidentes, estructurales, que se pueden observar a simple vista. Y luego además existe una segunda capa de afectación que sufrimos la mayoría de comercios: qué va a pasar ahora con nuestro futuro más inmediato", reflexiona Francisco Miguel Freire, presidente de la Asociación de Concesionarios de la Playa de Matalascañas. "Nadie nos ha podido confirmar si habrá temporada. Hay mucha incertidumbre".

Según los cálculos de esta organización, por el momento hay cinco chiringuitos damnificados de manera directa o indirecta. "Teniendo en cuenta todo tipo de actividad, la cifra asciende hasta los 10 negocios dañados, desde el Akua hasta El Navegante", apunta Freire a El Correo de Andalucía. "Aunque este es un problema en escala: si nos quedamos sin espacio de arena suficiente, los turistas quizá prefieran ir a otras playas. Y ahí ya nos afecta a todos".

Destrozos en el paseo marítimo de Matalascañas y en el chiringuito Sirena Dorada.

Destrozos en el paseo marítimo de Matalascañas y en el chiringuito Sirena Dorada. / A. PÉREZ

Chiringuitos arrasados por la borrasca

Uno de los locales más castigados ha sido sin duda el Sirena Dorada, del que solo quedan escombros. "Era algo que estábamos esperando, porque ya el 16 de diciembre se había desplomado la terraza pequeña", cuenta María Jiménez, copropietaria de este chiringuito. "Más tarde, en plena Navidad, se cayó un trozo de la cocina y algunas maquinarias, aunque el resto de la instalación se mantenía en pie. El 3 de enero no aguantó más: a las seis de la mañana nos enteramos de que estaba todo en el suelo".

"Ha sido una agonía retransmitida día a día", resume Jiménez. Y hubo avisos previos a la tragedia: "Cuando solo se había caído la terraza pequeña, pedí al Ayuntamiento que pusiera sacas de arena o que al menos me permitieran hacerlo. Pero ni una cosa ni otra", asegura esta hostelera, al frente junto a su marido de un restaurante de playa con casi medio siglo de historia. "También solicitamos que nos permitieran retranquear el módulo de madera para salvar una parte, aunque la autorización nos llegó un cuarto de hora después del derrumbe".

Escombros del chiringuito Sirena Dorada, en Matalascañas, tras el paso de la borrasca Francis.

Escombros del chiringuito Sirena Dorada, en Matalascañas, tras el paso de la borrasca Francis. / A. PÉREZ

Tras desplome, las autoridades precintaron la zona. Y ahí siguen los cascotes, conformando un paisaje desolador en pleno paseo marítimo de Caño Guerrero. Grietas, hierros, losas, cables, muebles y socavones: solo eso dejó la borrasca Francis a su paso por esta localidad onubense.

200.000 euros para volver a funcionar

También José Antonio Pérez, dueño del Altomar, perdió su negocio aquellos días. "En solo 48 horas empezó a hundirse el paseo en esta zona. No nos dio tiempo a nada, no tuvimos capacidad de reacción", relata este almonteño. "La madrugada que se lo llevó, vinimos aquí a las siete de la mañana a ver si podíamos entrar a sacar algo, pero ya había un agujero enorme en el pavimento. En esas circunstancias no podíamos poner en peligro la vida de nadie para salvar algo del local". Más de 25 años de trabajo destruidos por las olas.

Ahora toca esperar, porque estos hosteleros necesitan primero que se restauren los daños provocados en el paseo marítimo, que desde el Ayuntamiento de Almonte cuantifican en nueve millones de euros. "Una vez que lo reconstruyan, empezaremos de nuevo desde cero. Está todo perdido, como si lo hubiesen bombardeado, así que no nos queda otra que reiniciar el cuentakilómetros", dice resignado Pérez. La gran pregunta es cuándo: "No sé lo rápido que actuarán, pero esta campaña se nos echa encima y no creo que nos dé tiempo a llegar".

Restos de la cocina del chiringuito Altomar, en la playa de Matalascañas.

Restos de la cocina del chiringuito Altomar, en la playa de Matalascañas. / A. PÉREZ

Tampoco tienen muchas esperanzas respecto a la próxima temporada los propietarios del Sirena Dorada: "Esto es catastrófico, una ruina. Hemos hecho cuentas y calculamos que nos costará unos 200.000 euros volver a montarlo". Todo ello sin contar que este verano quizá no ingresen nada, con lo que ello supone para afrontar una inversión de esa magnitud. Y no solo ellos sufren estos perjuicios: también las familias de los 10 trabajadores que tienen en plantilla, "que tendrán que buscarse ahora la vida". "Es un drama".

Por eso desde la Asociación de Concesionarios de la Playa de Matalascañas reclaman indemnizaciones para los afectados, "no para que se lucren, sino para afrontar estos gastos imprevistos", tal como subraya su presidente, Francisco Miguel Freire. "Y amparo jurídico para los titulares de estos negocios, que se flexibilicen los proyectos para sus montajes y que se simplifiquen los trámites burocráticos", demanda Freire.

Frente a lo que un día fue su restaurante, José Antonio Pérez asegura que nunca había visto un desastre así. "Llevo desde el 1999 en esta zona, y aunque he vivido temporales, jamás imaginé que esto pudiese ocurrir", confiesa. Hace solo unos meses, en su local se despachaban tapas, cervezas y tintos. Ahora el Altomar, como el Sirena Dorada, está demolido por completo. "¿El tiempo para volver? No lo sé, espero que cuanto antes. Hay que montarlo todo otra vez desde cero, pero aún tenemos edad para seguir".

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