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Fotoperiodismo | Emilio Morenatti Fotoperiodista

"No hay otra cosa que la credibilidad en el periodismo"

Premio Pulitzer en dos ocasiones, World Press Photo, distinguido con el Chaves Nogales, la trayectoria de este fotoperiodista jerezano se define por el compromiso y el respeto internacional; ahora se adentra en nuevo territorio, el flamenco, como autor del cartel de la Bienal

Emilio Morenatti, fotoperiodista.

Emilio Morenatti, fotoperiodista. / Ferran Nadeu / El Periódico de Catalunya (Prensa Ibérica)

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Patricia Godino

Patricia Godino

Sevilla

Cuando levantó la tela que cubría la fotografía que ha realizado como imagen para la Bienal de Flamenco en 2026, Emilio Morenatti (1959) buscó rápidamente la reacción del público que asistió a la presentación del cartel en Torre Sevilla. Con dos Pulitzer en su haber, el World Press Photo, el Premio Chaves Nogales y una de las trayectorias más premiadas, respetadas y completas del fotoperiodismo internacional, el actual director de Associated Press (AP) en España y Portugal reconoce haber sentido cierta tensión y nervios ante este último trabajo. Es lo que tiene no dar las cosas por sentadas, cuestionar siempre, mirar con ojos nuevos. Las claves del periodismo. Acostumbrado como está a los escenarios de conflicto (Afganistan, Gaza, Ucrania...), nunca antes se había acercado al flamenco, en el que lo complicado es mirar sin prejuicios, alejado del tópico, un territorio tan conocido como dueño de sus propios códigos.

Nacido en Zaragoza en 1969, donde su padre, policía nacional, estaba destinado, Morenatti llegó con apenas meses a Jerez de la Frontera, cuna del arte jondo, un territorio nuevo en su carrera, que se define por el compromiso con un oficio que se construye, dice, con tiempo, esfuerzo, paciencia e irrenunciable curiosidad de mirar todo a través del objetivo como por primera vez, según le dijo su maestro en la agencia Efe, el recordado Eduardo Abad.

Esta entrevista se desarrolla el pasado día 14 de enero, a los pocos minutos de presentar la imagen de la cantaora Aurora Vargas (Sevilla, 1956) en un gesto que, cuenta, le recuerda a esas mujeres que claman el dolor de la guerra en los confines del mundo. La fotografía que la ilustra se ha hecho esta semana en un hueco del frenético trabajo que ha coordinado de la cobertura gráfica del accidente de Adamuz, que ha segado la vida de 45 personas. Y forma parte del jurado, en la categoría de Fotografía, en los Premios Chaves Nogales que se entregan este lunes en Sevilla, un galardón que ganó en la edición de 2022 por su cobertura en el volcán de La Palma.

P. ¿Por qué Aurora Vargas?

R. Me ofrecieron varios candidatos y trabajé con varios, entre ellos La Tremendita. Incluso trabajamos una idea, que era muy bonita: unir lo antiguo y lo moderno. Lo moderno que representaba La Tremendita y lo más clásico que representaba Aurora, trabajé con ellas dos simultáneamente buscando una similitud o un antagonismo o algo parecido. Pero finalmente, a pesar de que salieron fotos muy interesantes, no coincidían con el estilo que yo quería transmitir, que es un sentimiento.

P. Un sentimiento que, para usted, representaba Aurora al cien por cien.

R. Representaba una expresión. Un sentimiento es muy difícil que lo transmitan varias personas al mismo tiempo. Tiene que ser algo profundo y es lo que realmente alguien manifiesta de manera individual. Por lo tanto, tuve que inclinarme por lo que realmente es la expresividad personalizada, que es Aurora. Y, obviamente, acerté de pleno, porque me lo puso muy fácil.

P. Ha explicado en la presentación que es la primera vez que se acerca al mundo flamenco. ¿Qué ha descubierto en esta primera vez?

R. He descubierto un enganche, que me sirve de trampolín para indagar un poco más en el mundo flamenco, que no es otra cosa que una gran oportunidad de darme a conocer hacia un ámbito que no digo yo que sea cerrado pero sí tiene cierto hermetismo. Hay más allá de lo que es una expresión flamenca, es casi una fórmula antropológica. Me interesa mucho seguir indagando en esto. O sea, que lo que he descubierto ha sido básicamente un enganche.

P. Siendo usted además de Jerez, cuna del flamenco, me sorprende que nunca se había acercado a ese universo. Jerez tiene una escuela grande de fotógrafos de lo jondo.

R. Allí hay una gran escuela y he visto que hay un trabajo maravilloso, de hecho. Pero yo voy a buscar un poco más mi estilo personal llevado a esa búsqueda que tiene el flamenco de penetrar dentro de algún lugar, para tratar de encontrar ese sentimiento que manifiestan. A mí esta es la parte que me interesa: ¿dónde indagan?, ¿de dónde bebe un flamenco, un cantaor, por ejemplo. Manifiesta algo en modo de quejío que a mí me recuerda tanto a ese dolor que antes había mencionado de las mujeres en guerra.

P. Me ha llamado mucho la atención esa similitud que ha comentado de ese rostro de Aurora con el de las mujeres que lloran a sus muertos.

R. Es así tal cual. Es decir, yo me he emocionado fotografiándola porque he sentido exactamente esas mismas incógnitas. Esa fisonomía que te muestra el sufrimiento, que parece que tiene varias caras pero te confunde al mismo tiempo porque esa expresión se puede manifestar de muchas maneras y puede dar muchas lecturas. Es lo que ocurre con este cartel, que pretendo que sea un poco una multilectura pero todo basado en sentimientos profundos.

P. Con tanto oficio a la espalda, después de haber recorrido territorios tan complejos en los confines del mundo, ¿sigue habiendo lugar todavía para seguir aprendiendo en esta profesión?

R. Totalmente sí, desde el primer momento, desde cada día que te levantas. Yo sigo indagando. Más que aprender indago desde el outsider. Me gusta sentirme un desconocedor total de lo que hago para que me siga sorprendiendo cada instante que fotografío. Porque si damos las cosas por hecho, se nos pierden muchas cosas por el camino. Una de mis primeras lecciones me la dio Eduardo Abad, que era el jefe de fotografía de la agencia EFE aquí. Me dijo "cuando vayas a cubrir una corrida de toros, hazlo desde esa mentalidad del japonés que nunca lo ha visto y te vas a sorprender cada día, en esa sorpresa vas a seguir descubriendo". Esto es un gran aprendizaje y me lo aplico cada día que estoy trabajando. Es intentar sorprenderte.

P. Y sin prejuicios, con la mirada limpia.

R. Exacto. Esto me ha ido pasando cada vez que he estado viviendo en lugares como por ejemplo Kabul, donde ya por último el burka formaba parte de mi vida. Ahí es ya cuando realmente ya tienes que salir del lugar, cuando ya dejas de tener esa mirada limpia.

P. Ha hablado también en la presentación de las amenazas que vive hoy día el fotoperiodismo: la recreación, la Inteligencia Artificial. ¿En qué momento se encuentra el fotoperiodismo?

R. Bueno, siempre hemos estado amenazados por los tsunamis tecnológicos: del blanco y negro al digital, del digital a tal, ahora estamos en el tema de la IA. Cuando yo digo que la recreación es nuestro gran enemigo, no lo digo por la recreación digital en sí, sino por dar gato con liebre. Yo creo que el día que se unifique y las imágenes que están recreadas en la IA vengan etiquetadas como tal, pues ya tendremos esa frontera bien marcada.

El problema es que ahora se vende realidad como ficción y viceversa, y esto es lo que realmente la gente confunde y nos quita de alguna manera la posibilidad de la credibilidad, que es lo único que tenemos. No hay otra cosa que la credibilidad en el periodismo, y si te quitan eso... Y es lo que está pasando con el tema de las recreaciones, que la gente está confundida y nosotros estamos pagando un precio altísimo a modo de reputación como periodistas.

P. Y por último, para las nuevas generaciones, usted que es un gran maestro para tantas generaciones, ¿qué le recomendaría a un chaval ahora mismo que está en la facultad y quiere dedicarse a esto, al oficio de contar a través de imágenes?

R. Yo no entiendo esto si no es un estilo de vida. Es decir, el que coja la cámara porque tiene que trabajar, realmente, no creo que llegue muy lejos. Yo creo que tiene que ser una manera de vivir. La cámara se convierte en algo que te acompaña casi hasta el cuarto de baño, porque además en el cuarto de baño es donde uno investiga la técnica, básicamente los menús que tiene una cámara.

Hace falta que eso se convierta en un modo de vivir, y cuando se convierte en un modo de vivir, ya no te pesa este trabajo, sino que se convierte casi en un lujo de vida, que es lo que me ocurre a mí. Cuando cojo la cámara y me pongo a trabajar, pienso: "Hostia, que me estén pagando por esto".

P. Pero para llegar ahí ha habido un periodo muy largo de picar piedras.

R. Hay un periodo de unos diez o quince años en el que uno se tiene que abrir camino demostrando que es fiable. Esa fiabilidad creo que es un gran valor, que no se consigue con cuatro trabajos, sino con una proyección medianamente dilatada. Esta parte es la que es más difícil, porque en ese periodo uno tiene que vivir y financiarse, y ahí es donde viene el gran problema. Hay un periodo de precariedad en el que tienes que estar preparado para afrontarlo si no tienes una fuente de financiación que te esté apoyando en esta cruzada. Resumiendo, es un poco como en cualquier oficio: uno necesita un periodo de una serie de años para formarse más allá de lo que aprendas en la universidad, que es la calle.

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