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Borrasca Leonardo

Santiago García, hidrogeólogo: "En Grazalema, el mayor riesgo es que el terreno se hunda de manera desigual"

El director del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz (UCA) valora como "prudente" la decisión de la Junta de ordenar el desalojo del municipio y sostiene que la cantidad de agua caída en los últimos días "altera el equilibrio interno del subsuelo"

Santiago García López, director del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz.

Santiago García López, director del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz. / El Correo

Patricia Godino

Patricia Godino

Desde la media tarde de este jueves, ha llegado al polideportivo El Fuerte de Ronda un goteo continuo de vecinos de Grazalema cargados con muda para varios días, cargadores de móviles, documentación personal y medicinas. También, según su alcaldesa, Maripaz Fernández, llevan a cuestas "la incertidumbre y la tristeza" de dejar atrás sus casas sin saber cuándo van a volver y cómo las van a encontrar. "Su alcalde me ha pedido que los cuidemos y así haremos", relataba a los micrófonos de la SER.

Horas antes, la dirección de emergencias de la Junta de Andalucía ha decidido el "desalojo preventivo" por completo de esta población de la Sierra de Cádiz, de unos 1.600 habitantes, un pueblo acostumbrado a convivir con la lluvia desde siempre, pero no así. En la víspera de que irrumpiera la borrasca Leonardo, el alcalde, Carlos Javier García, hablaba de que estaban preparándose para un "episodio inédito y desconocido". Ninguna previsión se pareció a esto.

Tras una cifra récord de precipitaciones y con un suelo que ya no puede tragar más agua, el macizo sobre el que se levanta este bellísimo pueblo de Cádiz está emitiendo señales: hidroseísmos, grietas y aguas torrenciales que emanan desde el suelo de las propias casas. Para analizar qué está pasando, los riesgos que pueden llegar y qué respuesta se puede dar ante este fenómeno, desde este jueves se ha incorporado al Puesto de Mando Avanzado un equipo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), entre los que figura Juan José Durán Valsero, uno de los máximos expertos en el paisaje kárstico de la sierra de Grazalema, que ha visitado el vecino municipio de Villaluenga del Rosario, también afectados por la borrasca.

El agua dentro del macizo "facilita el reajuste" con pequeños deslizamientos de tierra

Pero antes, toca "salvaguardar la seguridad de todos los vecinos para evitar daños personales", en palabras de Juan Manuel Moreno, presente este jueves en Grazalema. Una medida "muy trascendente, con mucha repercusión a las personas", pero que, a juicio del hidrogeólogo Santiago García, responde a un criterio de seguridad ante un escenario difícil de evaluar en tiempo real. El profesor vincula los temblores y los ruidos descritos por los vecinos con un "comportamiento natural del terreno" favorecido por un episodio de lluvias excepcionalmente intenso, que ha dejado sobre este municipio gaditano más de 600 litros de agua por metro cuadro en 24 horas y más de mil litros en los últimos 10 días.

En Grazalema, como en otros municipios azotados por la virulencia del temporal, como Jimena de la Frontera en el Campo de Gibraltar o Gaucín, en la sierra de Ronda, se están registrando esos hidroseísmos, que básicamente son la respuesta a la presencia de agua donde antes no circulaba, esa agua actúa como un lubricante dentro de las fracturas de la roca y facilita que el macizo "se reajuste" con pequeños deslizamientos o acomodamientos.

García explica que el desalojo se entiende si se enmarca en un "riesgo kárstico", es decir, en la posibilidad de colapsos y movimientos en el macizo rocoso sobre el que se asienta el pueblo. El detonante, según su interpretación, sería la enorme recarga de agua en un terreno muy permeable. Esa entrada brusca de agua "altera el equilibrio interno del subsuelo", subraya el director del departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz (UCA).

La infiltración del agua de lluvia hace que el nivel freático ascienda a decenas de metros, centenares incluso. Ese ascenso puede generar una circulación de agua a presión dentro del macizo y que se produzca un flujo turbulento con gran presión y gran velocidad"

El mecanismo, en palabras del profesor, es relativamente claro desde el punto de vista hidrogeológico: "La infiltración del agua de lluvia hace que el nivel piezométrico o el nivel freático ascienda a decenas de metros o centenares incluso. Ese ascenso puede generar una circulación de agua a presión dentro del macizo, a través de grandes conductos subterráneos y que se produzca un flujo turbulento con gran presión y gran velocidad".

Los vecinos han relatado ruido de "pequeñas explosiones" dentro de las casas

Ese flujo, añade, no solo atraviesa cavidades: también puede erosionarlas y desestabilizarlas. "Es capaz de movilizar grandes bloques, incluso de generar colapsos de cavidades que pudiera haber". En ese contexto, cobra sentido el relato que han trasladado los vecinos desde la noche del miércoles sobre "pequeñas explosiones" dentro de las viviendas. Para García, estos ruidos "hay que interpretarlo como grandes movimientos de bloques de roca que pueden conllevar el colapso de cavidades".

La traducción a pie de calle sería el crujido del terreno y de las estructuras. Unos ruidos que asustan y que hacen presagiar lo peor. Sin embargo, el profesor lanza un mensaje de tranquilidad frente a teorías más inquietantes: "Es un proceso natural, no debemos pensar que el ser humano tiene por qué haber intervenido en ello", como sí ocurre en otros escenarios donde ha sido el hombre el que ha urbanizado terrenos en zonas inundables. Lo de Grazalema es distinto: la combinación de agua y karst, un relieve modelado por disolución en rocas calizas, puede generar huecos, conductos y zonas de debilidad que, ante una recarga súbita, reaccionan. El profesor insiste en que tendrán que ser quienes están sobre el terreno los que den el diagnóstico.

"Hay que dejar pasar un día o dos, que deje de llover y después evaluar la situación en Grazalema"

Las grietas en casas y muros que se han visto estos días en decenas de vídeos virales encajarían con ese escenario. El profesor apunta a la posibilidad de asentamientos diferenciales: "Las grietas pueden ser debidas a asentamientos diferenciales donde se asienta la cimentación de las viviendas". Un pequeño hundimiento o desplazamiento puede bastar para abrir fisuras, sobre todo si el terreno pierde estabilidad que conllevaría un riesgo para la seguridad de los vecinos.

Por eso considera razonable la evacuación: "Es una decisión prudente por parte de las administraciones, no quieren que haya daños personales". Y, aunque admite que no tiene datos de campo para calcular el riesgo exacto, sostiene que las señales descritas -ruidos, grietas- justifican la precaución. Su impresión es que el principal peligro no sería tanto el corrimiento de laderas como el hundimiento localizado: "El mayor riesgo es el de colapso y de subsidencia diferencial en el pueblo", es decir que el terreno se hunde de manera desigual, "más que de deslizamientos", indica. Eso no excluye caídas de roca puntuales en zonas escarpadas, como ha ocurrido en Ubrique, donde un roca de gran tamaño impactó sobre una vivienda y dejó a un herido.

¿Cuándo podría volver la normalidad? García propone prudencia y tiempo: "Hay que dejar pasar un día o dos, que deje de llover y después evaluar la situación". Menciona, como opción técnica, comprobar niveles piezométricos mediante sondeos, aunque da por hecho que la administración se apoyará en equipos especializados para tomar futuras decisiones sobre el regreso de la población, como ya está haciendo.

En toda Andalucía, el paso de la borrasca -que termina mañana- ha dejado más de 7.000 desalojos en distintas provincias de Andalucía, una mujer desaparecida en Málaga y pérdidas todavía sin cuantificar en el campo. El sábado entra otra borrasca: Marta.

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