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Borrasca Leonardo

Hidroseísmos, sistema kárstico y macizo de roca caliza: qué están estudiando los expertos del CSIC en Grazalema y su entorno

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Geológico y Minero de España está trabajando sobre el terreno para diagnosticar y dar respuestas a una situación nunca antes vista

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Europa Press

Patricia Godino

Patricia Godino

Grazalema y toda su sierra, conformada por un serpenteo de pueblos blancos que son seña de identidad de Andalucía, está en el foco por algo que, a simple vista, cuesta imaginar: el suelo se mueve, aparecen ruidos, pequeñas vibraciones o grietas, el agua que anega las casas no sólo cae del cielo (en apenas un día cayó sobre Grazalema la misma que recoge Madrid en un año) sino que brota del suelo y de las paredes. Revienta muros y calle. Socava los cimientos. Y, de pronto, en los medios, en las redes, en el debate público, circulan palabras que suenan a laboratorio. Hidroseísmos. Sistema kárstico. Macizo calizo. Traducir esos términos es, en realidad, la mejor forma de entender qué puede estar pasando bajo el pueblo y por qué un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Geológico y Minero de España está trabajando sobre el terreno para diagnosticar y dar respuestas a una situación nunca antes vista.

La caliza tiene una particularidad decisiva: se disuelve lentamente con el agua. No es un proceso rápido ni espectacular, pero sí constante. Durante miles de años, esa erosión por disolución va abriendo grietas, ensanchando conductos y creando huecos

La clave está en el tipo de roca sobre el que se asienta Grazalema y los pueblos de su entorno: Ubrique, Villaluenga del Rosario, Benaoján, Alcalá del Valle, Montejaque... Un macizo calizo es una gran masa de roca formada sobre todo por caliza, muy común en la Sierra de Cádiz. La caliza tiene una particularidad decisiva: se disuelve lentamente con el agua. No es un proceso rápido ni espectacular, pero sí constante. Durante miles de años, esa erosión por disolución va abriendo grietas, ensanchando conductos y creando huecos. Así nace lo que los geólogos llaman un sistema kárstico: una red subterránea de fisuras, galerías, cavidades y depósitos de agua -acuíferos- por los que el agua circula.

¿Qué es el riesgo kárstico?

Es lo que el hidrogeólogo Santiago García, director del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz, califica como "riesgo kárstico", es decir, en la posibilidad de colapsos y movimientos en el macizo rocoso sobre el que se asienta el pueblo. El detonante sería la enorme recarga de agua en un terreno muy permeable. En un terreno kárstico, la lluvia no se limita a correr por la superficie. Una parte importante se infiltra con rapidez hacia el subsuelo y alimenta el acuífero. Cuando las lluvias son intensas o se prolongan, el sistema puede cargarse de agua, saturarse y aumentar su presión interna. Y ahí entra el elemento que más inquieta: los movimientos.

Los hidroseísmos no son terremotos tectónicos, de los que nacen por el choque de placas. Son, por decirlo en lenguaje común, pequeños temblores ligados al comportamiento del agua bajo tierra. Un llenado rápido de cavidades, cambios bruscos de presión en el acuífero, el paso de agua por conductos estrechos o reajustes del macizo pueden generar vibraciones perceptibles, normalmente de baja magnitud. Es el subsuelo "ajustándose", como explica García, a cómo entra, circula o se redistribuye el agua.

El equipo del CSIC estudia cómo responde el sistema kárstico a la situación hidrológica actual, cómo se comporta el acuífero y si los episodios observados encajan con procesos habituales en estos terrenos o apuntan a algo distinto

Eso es lo que está analizando el Grupo de Asesoramiento de Desastres y Emergencias (GADE) del CSIC desplazado a Grazalema. A grandes ragos, la labor de este equipo, conformado por ocho expertos y coordinado por el científico Juan José Durán Valsero, consiste en estudiar cómo responde el sistema kárstico a la situación hidrológica actual, cómo se comporta el acuífero y si los episodios observados encajan con procesos habituales en estos terrenos o apuntan a algo distinto. Su objetivo final es claro: determinar si hay implicaciones para la estabilidad del macizo y para las viviendas.

En zonas kársticas, el subsuelo es más vivo que en otras geografías: se vacía, se llena, se reacomoda, como explica Durán Valsero. Desde el punto de vista científico, los expertos subrayan que los acuíferos kársticos tienen un comportamiento muy particular ante episodios extremos como este. "Se rellenan muy rápido, pero también se drenan muy rápido", explica el experto.

Eso no significa que exista un colapso inminente tras cada ruido o fisura. Pero sí implica que hace falta seguimiento técnico para descartar escenarios más complejos y, sobre todo, para informar con rigor.

En Grazalema y todos los pueblos del entorno que se levantan sobre un suelo calizo de historia milenaria, el CSIC está poniendo ciencia donde ahora hay incertidumbre: datos para las autoridades, claridad para la población y método para rebajar el alarmismo. Entender qué es un hidroseísmo o un sistema kárstico no es solo aprender palabras raras: es comprender por qué estos pueblos son geológicamente singulares y cómo responde su suelo a cadena de borrascas con una intensidad y persistencia nunca antes vista.

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