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"La tierra tembló": Incertidumbre en Ubrique con 350 desalojados y un sismo en plena alerta por lluvias

La lluvia extrema reaviva fallas en Ubrique: hidrosismicidad, agua brotando en casas y una evacuación sin precedentes

La borrasca Marta en Sevilla y Andalucía este sábado, en directo

Las calles del casco antiguo de la localidad gaditana de Ubrique anegadas este domingo.

Las calles del casco antiguo de la localidad gaditana de Ubrique anegadas este domingo. / Román Ríos / EFE

Pablo Ibáñez Ramírez

Cádiz

Ubrique, ese pueblo blanco encajado en el valle, acaba de vivir un fin de semana que quedará grabado en la memoria colectiva no solo por la lluvia, sino por una anomalía geológica que ha sacudido los cimientos de la tranquilidad vecinal. "Han sido 48 horas durísimas", resume Francisco Javier Gallardo García, vecino de la localidad, con la voz aún cargada del cansancio de quien ha pasado la noche en vela.

La borrasca 'Marta' no llegó sola; arribó como el último vagón de un tren de tormentas que, iniciado por 'Leonardo', ya había dejado la tierra saturada e incapaz de beber más agua. Sin embargo, lo que ha hecho de este episodio algo histórico —y aterrador— para los ubriqueños no ha sido solo el desbordamiento de los cauces, sino el temblor que vino después.

UBRIQUE (CÁDIZ), 08/02/2026.- Las calles del casco antiguo de la localidad gaditana de Ubrique siguen anegadas este domingo tras el paso de las borrascas. EFE/ Román Ríos

Las calles anegadas en Ubrique. / Román Ríos / EFE

El sábado por la tarde, la situación meteorológica se tornó crítica. Las autoridades, conscientes de que el río Ubrique, un curso de agua de respuesta rápida y gran capacidad erosiva, estaba al límite, tomaron medidas drásticas. Francisco Javier recuerda con claridad ese momento de tensión vespertina: "Lo peor fue por la tarde; desde las 16:00 hasta las 18:00, el Ayuntamiento ordenó que todos nos quedáramos en casa cuando empezó a llover con muchísima intensidad".

Durante esas horas, el pueblo contuvo el aliento. La lluvia, incesante, golpeaba sobre un terreno que ya no admitía ni una gota más, provocando que el agua brotara incluso del interior de las viviendas y del subsuelo. La amenaza no era solo que el río se saliera de su cauce, sino que las laderas, empapadas hasta la médula, cedieran.

UBRIQUE (CÁDIZ), 08/02/2026.- Las calles del casco antiguo de la localidad gaditana de Ubrique siguen anegadas este domingo tras el paso de las borrascas. EFE/ Román Ríos

El agua corriendo por las calles de Ubrique. / Román Ríos / EFE

Un sismo y 350 desalojados

Pero el verdadero sobresalto, el que rompió los esquemas de los vecinos, llegó de madrugada. Justo cuando la lluvia daba una tregua y el cielo se despejaba, la tierra despertó. "A muchos nos pilló desprevenidos", relata Francisco. "Es más, yo me acosté tranquilo porque el cielo estaba despejado, pero el terremoto me despertó de la cama y ya me costó coger el sueño". Se trataba de un sismo de magnitud 3.7 que sacudió la localidad en plena noche, seguido de otro pequeño temblor matutino que volvió a despertar a los que habían logrado conciliar el sueño. Para los vecinos, esto era algo inaudito.

La explicación técnica apunta a la "hidrosismicidad: la lluvia ha sido tan extrema que ha reactivado las fallas geológicas al aumentar la presión en los poros de las rocas del macizo kárstico. Sin embargo, a pie de calle, la ciencia sonaba a misterio. "La verdad que nunca he oído hablar de ello", confiesa Francisco, reflejando el desconcierto general. "Nadie sabía de eso, ya que en esta zona llueve mucho, pero nunca como para causar terremotos y que el agua brote de las casas". La mezcla de agua y movimiento sísmico generó un escenario desconocido, donde el pánico no provenía solo de lo que caía del cielo, sino de lo que ocurría bajo los pies.

UBRIQUE (CÁDIZ), 08/02/2026.- Las calles del casco antiguo de la localidad gaditana de Ubrique siguen anegadas este domingo tras el paso de las borrascas. EFE/ Román Ríos

Las calles del casco antiguo de la localidad gaditana de Ubrique. / Román Ríos / EFE

La violencia del temporal obligó al desalojo preventivo de unas 350 personas, una cifra histórica para el municipio que supera con creces las evacuaciones en otras localidades andaluzas. El domingo por la mañana el Ayuntamiento de Ubrique, ha rebajado el nivel de emergencia al Nivel 1, permitiendo que muchos vecinos de la Avenida Diputación o la calle Sol pudieran comenzar el retorno.

No obstante, la normalidad es un lujo que no todos pueden permitirse aún. "En la calle Lavadero todavía sigue saliendo agua, por lo cual los vecinos no creo que puedan volver todavía a sus casas", lamenta Francisco, señalando también la incertidumbre en la calle Manuel de Falla, que sigue bajo examen técnico por su peligrosa proximidad al río.

Uno de los momentos más críticos se vivió en la trasera de la guardería local. Allí, los bomberos libraron una batalla contra la física para evitar el colapso de un muro que amenazaba con taponar el río y provocar una catástrofe. Francisco valora el trabajo de los servicios de emergencia como "impecable", asegurando que "hemos estado muy cerca de una catástrofe que hubiera sido horrible". Para él, el miedo no era una "ola" de agua, sino el derrumbe: "Si el agua seguía entrando, posiblemente hubiera habido un importante riesgo de derrumbe y eso nos transportaría a otro escenario completamente distinto".

Más allá del casco urbano, Ubrique se sintió aislada del mundo. Los deslizamientos de tierra cortaron las conexiones vitales, como la carretera a Cortes y la A-2302 hacia Benaocaz. Esta última, una vía que Francisco y muchos vecinos consideran vital, volvió a fallar a pesar de las obras realizadas en años anteriores.

"Por un momento estuvieron casi todas las carreteras de la Sierra cortadas y el sentimiento ha sido de estar atrapados en una ratonera constante", explica Francisco con contundencia. Aunque el tráfico se ha restablecido parcialmente con mucha precaución, la indignación es palpable. La carretera de Benaocaz, que suele dar problemas con la nieve, esta vez cedió ante el agua, evidenciando la fragilidad de las infraestructuras en una zona sensible. Los suministros, en un giro logístico forzado, han tenido que llegar por Arcos de la Frontera, ya que la conexión por Villamartín seguía bloqueada.

La calma tensa y el miedo psicológico

Hoy domingo, aunque el sol intenta asomar y el Ayuntamiento ha permitido el regreso de gran parte de los evacuados, la atmósfera en Ubrique es de una calma tensa, casi quebradiza. "Pese a la calma, aún reina un poquito la incertidumbre", admite Francisco.

El desgaste no es solo físico o material; es mental. "Muchas personas se encuentran mal psicológicamente o alteradas, ya sea por la situación de sus casas, el temporal o incluso los temblores", relata este vecino, quien confiesa haber pasado "la noche en vela" por culpa de los sismos.

La preocupación se proyecta hacia el futuro inmediato. Los partes meteorológicos anuncian la entrada de un nuevo frente esta misma noche. Con el suelo saturado y sin capacidad de absorber "ni una gota más", Francisco afirma: "Hay muchísima incertidumbre porque, a pesar de los pronósticos, el miedo es real". Han visto cómo las alertas cambiaban de roja a naranja y viceversa en cuestión de horas, y esa volatilidad ha dejado una huella de desconfianza. El Ayuntamiento recuerda que la Guardia Civil seguirá controlando la situación del río. Finalmente, hacen un llamamiento a los vecinos para mantener la prudencia y atender a las indicaciones de las autoridades.

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