HISTORIA
De Granada al trono de Francia: la mujer más poderosa de Europa que fue musa de la Alta Costura y 'enamoró' a un Napoleón
La emperatriz trató de mejorar la situación de la mujer, el acceso a los servicios públicos, la educación y la justicia social

La emperatriz Eugenia de Montijo, en un cuadro de Edouard-Louis Dubufe / Rue des Archives / EDOUARD-LOUIS
"Una granadina llegó a ser la mujer más poderosa de Europa, una gitana le predijo que toda su vida y fue la musa del que creó la Alta Costura", así ha definido la divulgadora Silvia Moreno a la andaluza que acabó siendo emperatriz de Francia tras enamorar a un Bonaparte y fue una de las mujeres más influentes de todo el continente.
Se trata de María Eugenia de Guzmán Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, más conocida como Eugenia de Montijo, uno de los grandes referentes de su época dentro y fuera de nuestras fronteras que incentivó los derechos de las mujeres, la educación pública, la ciencia y la creación del Canal de Suez.
La joven de Granada que se convirtió en emperatriz de Francia
Eugenia de Montijo nació en Granada en 1826 en el seno de una familia aristócrata formada por su padre, Cipriano de Palafox y Portocarrero, que heredó de su hermano mayor el título de duque de Teba; su madre, María Manuela Kirkpatrick, una mujer de la alta sociedad española y escocesa; y su hermana Paca, que acabó casándose con el duque de Alba.
"Era lista, guapa y no tenía pelos en la lengua. Era demasiado libre para la época", ha señalado al respecto Moreno, que ha asegurado que una gitana leyó la mano de Eugenia y le predijo "toda su vida": "Llegarás más alto que las reinas, serás poderosa en una tierra que no es tuya y vivirás muchos años".
Los inicios de la familia en París
Desde sus inicios, la madre de Eugenia y Paca quería que sus hijas tuvieran una privilegiada vida junto a la alta sociedad, lo que hizo que las enviaran a los colegios más selectos y se codeara con las personalidades más influyentes.
Tras la boda en 1845 de Paca con el duque de Alba, con quien se iba a casar Eugenia pero cuyo enlace no se celebró por la negativa de la madre de este al carácter abierto y moderno de Eugenia, la familia se estableció en París.
Fue el 12 de abril de 1849 cuando, en una recepción en el Palacio de Elíseo, Eugenia conoció a Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte que, en ese momento, solo era presidente de la República pero que acabaría siendo emperador de Francia.
La boda de Eugenia de Montijo con Napoleón III
"Eugenia conoce allí a Napoleón III, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, que se queda loco con ella. Dijo que era la mujer más fascinante que había visto en su vida", ha recalcado la divulgadora, que ha afirmado que, cuando Napoleón III, conocido por su predilección por las mujeres, le preguntó por el camino a su dormitorio, Eugenia le dijo que "primero se entra por la puerta de la iglesia".
A pesar de que la sociedad francesa se negaba a este enlace al no tener Eugenia sangre real y contar con una personalidad decidida, Napoleón no pudo evitar que su interés por ella creciera hasta acabar pasando por el altar.
Así, la pareja se dio el sí quiero en Notre Dame el 26 de enero de 1853, templo al que llegaron en la misma carroza en la que lo hicieron Napoleón y Josefina durante su coronación en 1804.
La andaluza que gobernó Francia
Una vez ya convertida en emperatriz de Francia, Eugenia no se conformó con ser la mujer de Napoleón, sino que fue una de las mujeres más relevantes de Europa, actuando como regente cuando su esposo estaba de viaje e influyendo en toda clase de decisiones del Estado.
Además, Eugenia trató de mejorar la situación de la mujer, así como el acceso a los servicios públicos, la educación y la justicia social. De igual modo, la emperatriz apoyó las investigaciones de Pasteur, que culminaron con la vacuna contra la rabia, e impulsó la construcción del Canal de Suez por Fernando de Lesseps.
Un icono de la moda por todo el mundo
Pero Eugenia no solo tuvo una amplia importancia en la política, sino que también se convirtió en uno de los grandes referentes de la moda, cuyo estilo era copiado por las clases burguesas e, incluso, fue musa del considerado el padre de la Alta Costura, el diseñador Charles Frederick Worth. Con su labor, la granadina favoreció la industria textil francesa y creó la marca de París como capital del lujo.
Sin embargo, su suerte se truncó cuando se vio obligada a exiliarse a Inglaterra en 1870 con el emperador y el hijo de ambos, Luis Napoleón, tras la proclamación de la III República.
Los últimos años de vida de Eugenia de Montijo
Tras una larga enfermedad, el emperador falleció, a lo que, años después, le siguió la muerte del hijo de ambos durante su participación en la Guerra de Sudáfrica.
"Se quedó sola y pasó su vida viajando, rezando y yendo en secreto a Granada", ha afirmado la divulgadora. Finalmente, Eugenia falleció a los 94 años durante una de sus últimas visitas al Palacio de Liria de Madrid, propiedad de su sobrino el duque de Alba, dejando tras de sí el legado de una mujer adelantada a su época que se esforzó por dejar una huella que nadie olvidaría jamás.
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