La soledad no deseada ya es uno de los principales problemas de Andalucía: "Es un trabajo de la sociedad al completo"
Un estudio de la Universidad Pablo de Olavide y Clece reflexiona sobre un fenómeno que se agrava en el caso de personas dependientes y que eleva un 22% la mortalidad, disparando el riesgo de sufrir deterioro cognitivo, demencia o depresión

El Correo

En la ciudad de Sevilla, más de 30.000 personas viven solas, entre ellas más de 8.000 mujeres mayores de 80 años. Hoy viven en Andalucía 1,5 millones de mayores de 65 años y para 2050 se espera que uno de cada tres andaluces tengan más de 65 años. Ellos son los protagonistas del estudio "Soledad No Deseada en personas mayores con Dependencias", que ha sido realizado por el grupo de investigación Trabajo Social, Inclusión, Diversidad y Sostenibilidad (INDIS) de la Universidad Pablo de Olavide, en estrecha colaboración con Zaintzen, filial de Clece, empresa líder en servicios de cuidado y asistencia, que gestiona el servicio de ayuda a domicilio del Ayuntamiento de Sevilla. Gracias a esta alianza, el estudio combina la experiencia académica con práctica en el sector, garantizando resultados rigurosos y aplicables a la realidad social. La colaboración entre la universidad y Clece ha sido clave para desarrollar un análisis profundo y detallado, abordando aspectos fundamentales que impactan en la vida cotidiana de las personas.
La soledad no deseada es ya uno de los principales problemas sociales y de salud pública en Andalucía. Según el Barómetro SoledadES 2024, el 22,6 % de la población adulta andaluza se siente sola y un 16,3 % padece soledad crónica, cifras que superan la media nacional. Este fenómeno afecta con mayor intensidad a mujeres, personas jóvenes y, especialmente, a personas mayores en situación de dependencia o discapacidad. Como señala Jesús Castañer Balbuena, Director de Servicios Sociales de la dirección Sur de Clece: "En Andalucía se atiende a 50.000 personas usuarias del servicio de ayuda a domicilio". En su intervención, Castañer señaló que "no tiene que ver estar solo con sentirse solo".
Las investigadoras Rosa Varela y Verónica Plata, coordinadora de Servicios Sociales de Clece y filiales de la Dirección Regional Sur, han presentado su trabajo, que se convierte en una herramienta de conocimiento imprescindible para dar respuestas eficaces a un fenómeno que se extiende en nuestra sociedad. "Es un estudio revelador que tiene que ver con la salud pública, con el bienestar emocional y también con la dignidad", han subrayado. El estudio se ha realizado a partir de 418 entrevistas a usuarios de la dependencia en grado 1 y 2, con 20 entrevistas en profundidad y un universo total de 1.216 usuarios de la ayuda de domicilio de los barrios de Nervión y el Polígono San Pablo. Los participantes tienen una edad media de 83 años y son en su mayoría mujeres.
La soledad no deseada incrementa hasta en un 22% el riesgo de mortalidad y el aislamiento y la desconexión dispara el riesgo de sufrir deterioro cognitivo, demencia o depresión. "La soledad no deseada no es una percepción aislada sino una experiencia social y emocional compleja", aseguró Plata, que habló de las problemas de salud que tienen las personas dependientes y la pérdida progresiva de redes afectivas, no solo de la pareja, o las barreras arquitectónicas como situaciones que agravan esa soledad.
Desigualdades territoriales: San Pablo y Nervión
El impacto de la soledad no deseada varía significativamente según el contexto urbano. En San Pablo, barrio obrero caracterizado por elevados niveles de vulnerabilidad social, numerosas personas mayores —principalmente mujeres viudas— viven solas y carecen de redes de apoyo suficientes, a pesar de la presencia de tejido asociativo en el barrio. La erosión de la cultura comunitaria tradicional y la escasa participación social agravan el aislamiento de este colectivo.
Por su parte, Nervión, barrio de clase media-alta con mejor acceso a servicios y equipamientos, también experimenta un proceso de envejecimiento progresivo y un aumento de hogares unipersonales. Las transformaciones urbanas recientes han debilitado las redes vecinales tradicionales, contribuyendo al incremento de la sensación de soledad entre sus habitantes.

Fotogalería | Estudio sobre la Soledad No Deseada / Rafael Román
Es fundamental destacar el papel de la salud emocional, dimensión que permanece frecuentemente invisible pero que constituye, como señala Rosa Varela, el principal factor desencadenante de la soledad no deseada. Además, las barreras arquitectónicas agravan significativamente esta problemática, provocando un aislamiento forzoso entre la población mayor. Casos como el de personas que habitan en cuartos pisos sin ascensor ilustran una realidad inaceptable en pleno siglo XXI: la inaccesibilidad arquitectónica condena a muchas personas mayores al confinamiento en sus propios hogares, limitando drásticamente su autonomía y participación social. "Las personas afectadas no solo identifican su situación como soledad, sino que la describen utilizando términos como tristeza, depresión, abandono o desamparo, evidenciando la profundidad emocional y psicológica del fenómeno más allá de su dimensión objetiva", explica la doctora directora del estudio, Rosa Varela.
La ayuda a domicilio es clave
José Luis García Martín, teniente de Alcalde del Área de Derechos Sociales, Empleo, Familia e Igualdad del Ayuntamiento de Sevilla, destacó que el Ayuntamiento ha instalado más de 38 ascensores durante 2024-2025 para mejorar la accesibilidad, además de poner en marcha un programa pionero dotado con 8 millones de euros que incluye talleres de teatro, visitas guiadas a la ciudad, circuitos termales y talleres de manualidades. "La clave es que estas personas tengan círculos de convivencia", destacó.
"Esto es un trabajo de la sociedad al completo", subrayó el edil, convencido de que las políticas públicas deben siempre atender esta realidad y reforzarse, pero "no podemos pedirle a las trabajadoras de ayuda a domicilio que hagan el trabajo de las familias" porque jamás habría presupuesto suficiente. "Tenemos que pararnos, reflexionar y pensar qué debemos recuperar como sociedad", aseguró.
"Ella llegó y me trajo paz, me devolvió mi dignidad, es mis pies y mis manos, es la cura de mi soledad, es la ayuda a domicilio". Es la letra de una copla del carnaval de este año y el extracto que leyó Rocío Barragán, Directora General de Personas Mayores, Participación Activa y Soledad no deseada de la Junta de Andalucía, para subrayar la importancia de este servicio, al que ella misma perteneció como auxiliar de ayuda a domicilio antes de dar el salto a la política en su pueblo, Pilas (Sevilla). La Junta de Andalucía destina en su presupuesto de 2026 un total de 2.610 millones de euros a la dependencia, una cifra récord, que financia el 71% de las prestaciones. La Junta reclama que la aportación del Estado se eleve para que sea, como dice la ley, al 50% cada administración. Barragán coincidió en que "las familias son un pilar básico" y mencionó el programa "Júntate", para mayores de 65 años. La Junta destina unos 8 millones de euros a entidades sociales para la atención a personas mayores y trabaja en el Plan Estratégico de la Soledad Activa y la Soledad No Deseada, con dos ejes fundamentales: atención, prevención y combate de la soledad en personas mayores, poniendo a su disposición recursos accesibles.
"Todas las personas mayores tienen derecho a participar", subrayó Barragán, que animó a consultar esa web ( www.juntate.es) que reúne todos los recursos a disposición de las personas mayores, incluido el teléfono de la soledad (900 100 300), que es gratuito y que ha recibido, desde su entrada en funcionamiento el pasado mes de junio, 658 llamadas, el 90% de las propias personas mayores, que en 145 casos han expresado ese problema de soledad. El 29% de las llamadas son la provincia de Sevilla.
María Encarnación Fuentes, Diputada Provincial del Área de Cohesión Social e Igualdad de la Diputación de Sevilla, abordó las diferencias entre el ámbito rural y urbano en relación con la soledad no deseada."No es lo mismo vivir en Alcalá de Guadaíra que en Lebrija", señalando las particularidades de cada municipio, aunque en todos los pueblos deben existir y garantizarse recursos para los mayores. "Desde Diputación bajamos esos recursos a los pueblos, hay un plan provincial que recoge los sistemas de cuidados" y se impulsan "convocatorias que van directamente a los ayuntamientos" para garantizar que las personas mayores en entornos rurales también tengan acceso a programas de prevención y acompañamiento.
Una realidad compleja con rostro de mujer
Raúl Álvarez, director general de Políticas Sociales de la Universidad Pablo de Olavide y gerontólogo, puso deberes a las administraciones públicas frente a un fenómeno, el de la soledad, que requiere "reconocer al otro, humanizar, escuchar y mucha interconectividad", destacando la importancia de que la ciencia, la investigación y las distintas administraciones tejan alianzas como se ha dado en este estudio de la universidad. Álvarez llamó a mirar dentro de la soledad no deseada de forma específica hacia colectivos distintos que requieren atención diferente. Así habló de la exclusión del colectivo LGTBi en los mayores, de la soledad que sufren los migrantes sin arraigo, las mujeres víctimas de la violencia de género o los mayores que están siendo víctimas de desahucios. "Es una realidad tan apasionante como compleja", puntualizó este experto, que necesita ser entendida y atendida teniendo en cuenta a todos los colectivos que engloba, reclamó
Las mujeres viven solas en mayor número y eso incrementa el riesgo de soledad no deseada, especialmente en situaciones de dependencia. No obstante, el análisis del número de hijos e hijas no muestra diferencias significativas en la percepción de soledad, lo que sugiere que la presencia familiar no siempre garantiza apoyo emocional efectivo. A esta vulnerabilidad se suma la desigualdad educativa, que constituye un factor clave en el acceso a recursos y oportunidades de participación social. Cerca del 50 % de las mujeres mayores encuestadas no cuenta con estudios formales, frente al 32 % de los hombres. Solo el 3,73 % de las mujeres mayores dependientes entrevistadas alcanzó estudios superiores, frente al 13,54 % de los hombres. Este menor nivel educativo limita el acceso y aprovechamiento de recursos comunitarios, servicios sociales y actividades de participación, favoreciendo el aislamiento social y perpetuando un círculo de exclusión.
Impacto en la salud
El estudio destaca que la soledad no deseada se agravó tras la pandemia de COVID-19 y está directamente relacionada con el deterioro de la salud física y mental, el aumento del riesgo de mortalidad y una mayor vulnerabilidad frente al abuso y la negligencia. La Organización Mundial de la Salud advierte que el 16 % de las personas dependientes ha sufrido algún tipo de maltrato, siendo el aislamiento un factor de riesgo determinante.
Entre los factores protectores de esta soledad destacan la calidad del vecindario, la existencia de redes sociales cercanas, la participación en actividades comunitarias y el acceso a servicios de salud y atención domiciliaria. En este contexto, el Servicio de Ayuda a Domicilio desempeña un papel central no solo en el cuidado físico, sino también en la detección y prevención de situaciones de soledad extrema.
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