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Carnaval 2026

Manu Sánchez firma un pregón para la Historia del Carnaval: reivindicativo y con su 'boda' en Cádiz

La Plaza de San Antonio se rinde al pregón del humorista, convertido en Hércules, con El Selu como invitado estrella y con la música como hilo conductor

Vídeo | Pregón del Carnaval de Cádiz / Onda Cádiz

Patricia Godino

Patricia Godino

Atrás quedó el concurso del Falla, con su Gran Final en la que la chirigota del Bizcocho ha hecho historia, y la fiesta se fue a buscar a la gente donde siempre ha latido de verdad: en la calle. Desde primeras horas de la tarde, las coplas fueron calentando la ciudad hasta desembocar en la Plaza de San Antonio, epicentro del pregón de este sábado 14, la ceremonia que abre el Carnaval con Manu Sánchez, uno de esos gaditanos que, como también dejó dicho Alejandro Sanz, pregonero en 2005, nacen donde le da la gana.

Con la plaza llena hasta donde alcanzaba la vista, Cádiz recibió a Manu Sánchez con esa mezcla de cariño y exigencia que solo se permite con los suyos. Porque Manu ya no es invitado: es un gaditano adoptivo a fuerza de oficio, de amor por la fiesta y de defenderla como quien defiende a la familia.

Una familia que, literalmente, se hizo real sobre el escenario. Manu cerró el pregón con un golpe de ternura que desarmó a la plaza: desde el "balcón" del Ayuntamiento recreado en el escenario, con el alcalde Bruno García como cómplice y la pregonera infantil de testigo de lujo, se casó delante de todos a Lorena Sánchez, su pareja, de San Fernando, que ha estado a su lado siempre.

Un espectáculo en mayúsculas con la libertad por bandera

El pregón fue, además, un espectáculo en mayúsculas. Manu se presentó como un Hércules carnavalesco y usó la mitología como hilo para ir cosiendo risas, memoria y pellizcos de emoción: un viaje por la historia del Carnaval, por sus nombres y sus coplas, y por esa libertad que en Cádiz se canta cuando hace falta. "La libertad es un derecho y como todos los derechos se conquista por la izquierda", dejó dicho en uno de los pasajes más gloriosos de su texto. "La libertad se conquista en siglos y se pierde en una tarde", advirtió.

Hubo espacio para el Manu más afilado -con pullas al tópico de la superioridad "de Despeñaperros para arriba", bromas sobre el acento y dardos de actualidad. Hubo humor del suyo, con colmillo y acento, pero también, como es su marca, pausas de verdad, de las que silencian una plaza entera.

"La libertad es un derecho y como todos los derechos se conquista por la izquierda"

Ahí llegó uno de los momentos más destacados: su defensa de la sanidad pública. No fue un recurso ni una frase bonita. Lo dijo desde un lugar íntimo, recordando que hace un año le salvó la vida, y lo convirtió en agradecimiento colectivo. No era la primera vez que levantaba esa bandera: ya lo había hecho públicamente en otros escenarios, como en el acto del 28F donde recibió la Medalla a los Valores Sociales.

La música sostuvo la noche como una columna vertebral. María Terremoto puso el duende con unas alegrías acompañada a la guitarra por Riki Rivera, director musical del espectáculo, y Pastora Soler sumó brillo a un gran espectáculo. Y, cuando tocaba repartir complicidad con el respetable, apareció José Luis García Cossio Selu: no ha concursado en el COAC (dice que ya no vuelve), pero Cádiz sabe que hay autores que no necesitan salir para estar.

Selu apareció sobre el escenario y con su grupo, actualizó la mítica letra de Los borrachos, de 1992, misma tajá pero con Aquarius

Con su grupo, actualizó la mítica letra de Los borrachos -los de siempre, pero en 2026-: la misma tajá en lo alto aunque dicen que se han pasado al Aquarius. Y Cádiz volcada con uno de sus héroes.

Andalucismo y memoria antifranquista

El tramo final se volvió más solemne al invocar los tiempos oscuros del franquismo -"en Carnaval nadie puede decir con Franco se vivía mejor"- y defender la memoria. Con andalucismo explícito, referencias a Blas Infante y un cierre cargado de símbolos y guiños personales, Manu Sánchez firmó un pregón que retrata un Carnaval como alegría y como trinchera, como carcajada y como memoria. Y Cádiz, rendida, supo que lo que acababa de ver no era solo un pregón: era una declaración de amor de las que hacen historia, de las que se recuerdan siempre.

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