Carmen Díez de Rivera, ni musa de la Transición ni secretaria: la estratega invisible de Suárez
Ni feminista ni de izquierdas, la jefa de gabinete del Gobierno fue esencial para legalizar el Partido Comunista, paso clave para la consolidación democrática en España

José Luis Roca / Edición: Marina Casanova

“Lo que más detestan las personas en la vida es que seas independiente, libre. Yo lo soy. Ser libre es peligrosísimo. En algunas cosas uno es de derechas, en otras de izquierdas y, en otras, simplemente, libertario”. Diario de Carmen, 18 de abril de 1977.
Durante décadas, el relato oficial de la Transición redujo a Carmen Díez de Rivera a una figura secundaria: la secretaria elegante que llevaba café al presidente y le susurraba consejos. La serie Anatomía de un instante, dirigida por Alberto Rodríguez y basada en el libro de Javier Cercas —que TVE emite ahora en abierto como antesala del 23F— vuelve a situarla en ese segundo plano. Pero Carmen fue mucho más.
En noviembre de 2025, el Gobierno de Pedro Sánchez le concedió, en el 26 aniversario de su muerte, la Encomienda de la Orden de Carlos III, reconociendo su papel en la consolidación democrática. Un gesto institucional que contrasta con la invisibilidad histórica de quien fue la primera jefa de gabinete de un presidente del Gobierno en España. Desde su nombramiento, el 13 de julio de 1976, hasta su salida el 14 de mayo de 1977, desempeñó un papel decisivo en uno de los momentos más delicados del país. Después de ella han ocupado el cargo doce personas. Ninguna volvió a ser mujer.

Carmen Díez de Rivera y Santiago Carrillo se saludan en el hotel Ritz. / Archivo de Ana Romero
La mujer que abrió la puerta al PCE
La periodista Ana Romero (Cádiz, 1966) llegó a Carmen Díez de Rivera con una entrevista para su serie dominical Los Europeos en El Mundo. Tras meses de negociaciones logró ese encuentro con una mujer huidiza y fría, de la que ella no había oído hablar y que escondía una historia increíble. A partir de ahí nació un proyecto conjunto en el que ambas se reunían para escribir sus memorias. Díez de Rivera tenía sus diarios, cuadernos de anillas manuscritos, que recogían de primera mano y en primera persona momentos increíbles de la Transición española, que le iba leyendo a la periodista. Cuando ya estaba al final de sus días, Carmen llamó a Ana para que fuera a Menorca a recoger esos cuadernos pero Romero iba de camino a una cumbre iberoamericana en Cuba con José María Aznar. Era noviembre de 1999. A finales de ese mes, murió Díez de Rivera. Nunca volvieron a encontrarse. Su familia destruyó aquellos cuadernos. Solo quedan frases textuales recogidas en el material que atesora la periodista: un auténtico Diario de la Transición.
"Según como llegues a Carmen te la presentan como la víctima, la amante, la musa o la heroína. Ella es mucho más que todo eso. Era tan versátil, tan compleja y tan especial en todos los sentidos”, recuerda Romero. Con esta figura política, que acabó siendo eurodiputada con el PSOE de Felipe González aunque en el bar de Bruselas sus compañeros eran los del PP, no caben ideas preconcebidas.
Díez de Rivera no era en puridad ni feminista, ni de izquierdas, ni mucho menos comunista. Era aristócrata, aunque ella detestaba que la llamaran así, monárquica, algo clasista, tenía una estrecha relación con el rey emérito, Juan Carlos, y fue amiga de la reina Sofía, a la que siempre atribuyó un papel destacado en la Transición. A veces, se comportaba "de forma ligeramente antipática y altiva". Fue clave para que se legalizara el Partido Comunista de Santiago Carrillo. Un paso que nadie duda ya que fue clave para que se consolidara la democracia en España.
La responsable del relato
Su papel fue muy importante, recuerda Romero, porque ella era el enlace con los corresponsales extranjeros. Sabía inglés, francés y alemán. Recibía a los jefes de Gobierno extranjeros, desde Helmut Schmidt a Willy Brandt, y convencía a los periodistas de que España caminaba hacia la democracia y la modernidad. Desde la invisibilidad que da el papel de jefe de gabinete, Díez de Rivera abonó el terreno a este relato y no lo tuvo fácil.
"Ella jamás se hubiera acostado con Adolfo Suárez porque era un hombre casado", avisa Romero. "Sabía que el momento solapa iba a estar y no fallé", cuenta sobre la serie Anatomía de Instante, refiriéndose a un momento en el que Carmen, cómplice, sacude la chaqueta del presidente del Gobierno. Pactó con Suárez que pilotarían a España hasta unas elecciones democráticas donde concurrieran los partidos políticos pero él cambió el guion y decidió concurrir con ese experimento que fue la UCD. Díez de Rivera deja claro en sus diarios su independencia del poder: "Me da en la nariz que el señorito va a seguir tras las elecciones, yo por supuesto, no lo haré. Ya volveré algún día".
Una agenda de gestos
El 23 de diciembre de 1976, la jefa de gabinete del Gobierno de España recibió motu proprio a los líderes comunistas del país. Los subió a Castellana 3 y al día siguiente los titulares fueron inmisericordes: "Los comunistas en Presidencia". "Sus gestos fueron poniendo en la cabeza de los españoles la legalización del Partido Comunista", narra Romero. No era fácil, para una parte muy importante del país Carrillo era el asesino de Paracuellos y habían matado a más de 5.000 personas en uno de los episodios oscuros de la Guerra Civil española. Tenía a media España en contra.
Luego vino el encuentro de Carmen Díez de Rivera con Carrillo. Ocurrió en el hotel Ritz, en el transcurso de unos premios de la revista Mundo, que había elegido a Suárez español del año. El 20 de enero de 1977, esta mujer de 34 años, elegantemente vestida con un traje de gasa negro y la cara pública del Gobierno, se encontraba con el líder comunista, de 59 años, "héroe para la mitad de España, asesino para la otra". Ese saludo público fue "el primer gesto abierto que se hacía entre vencedores y vencidos desde la guerra civil española", narra Romero en su libro. "Tengo mucha admiración por usted y estoy deseando poder hablar con Suárez", fueron las palabras del líder del PCE. "Carrillo y Carmen Díez de Rivera se piropearon", tituló Diario 16. La BBC abrió sus informativos con aquella impactante imagen.
Cuando Carmen volvió a Moncloa, los guardias civiles no se le cuadraban. Una semana después, España vivió la semana más trágica de la Transición cuando los pistoleros de extrema derecha asesinaron a cinco personas en un despacho de abogados de Atocha. En Moncloa nadie cogía el teléfono al decano del Colegio de Abogados, Pedrol Rius, que pedía un entierro público. Díez de Rivera se plantó ante Suárez: O autorizaba ese funeral por las calles de Madrid o ella misma se pondría la primera por delante de los féretros. Logró su objetivo. José Bono contó en sus memorias que aquel día el Rey sobrevoló en helicóptero Madrid para ver qué pasaba en uno de los momentos más tensos de aquellos años. Las memorias publicadas por Juan Carlos I han desvelado que ese helicóptero, con el corazón en un puño, iba también Adolfo Suárez.
Mucho más que una musa
Los pasos previos que dio Díez de Rivera fueron decisivos para allanar el camino al encuentro secreto de Carrillo y Suárez en la casa del empresario José Mario Armero en Pozuelo, un capítulo clave de la Transición. "A Carmen la llamó el rey Juan Carlos para comunicarle que habían legalizado el Partido Comunista porque sabía lo que significaba para ella", cuenta Romero. No había pasado ni un año desde que, una noche de noviembre de 1976, en casa de doña Pilar, hermana del rey, éste le pidió a Díez de Rivera que dijera en voz alta que había que legalizar a los comunistas, blindando la monarquía. "Lo pasó fatal hasta que lo soltó", a la periodista Ana Romero le contó las barbaridades que don Juan, padre del monarca, soltó por la boca.
"Carmen fue una persona traumatizada y por eso su sobrecompensación, para tratar de tapar y superar algo que le acompañó toda la vida. Ella era una hija extramarital en un ambiente donde eso no se perdonaba", cuenta su biógrafa. Su padre, Serrano Suñer, exministro de Franco, hacedor del régimen franquista y casado con Zita Polo, era cuñado del dictador. "Ella siempre presumía de que había heredado sus ojos y su olfato político". Años más tarde, sin saberlo, Carmen se enamoraría de su hermano en lo que fue, lógicamente, una historia imposible y dolorosa. Ella quiso también mucho a su padre, Díez de Rivera, "un hombre de una elevada bondad".
Tras salir del gobierno de Suárez desapareció del mapa durante diez años. Aquella estudiante brillante, que cursó Filosofía y Ciencias Políticas, pasó por Oxford y por La Sorbona, es mucho más que esa morbosa historia telenovelesca. Muchísimo más que la rubia estilosísima que le llevaba el café a Suárez. Se fue del gabinete de Moncloa con rumores que la señalaban como una espía de la Stasi, el servicio de inteligencia del gobierno alemán. Sufrió mucho en un ambiente machista que la maltrató y la silenció. En una columna en El País, Paco Umbral la retrató como "la musa de la Transición". Fue mucho más que eso. Es hora de que se le haga justicia. Aunque fuera demasiado lista, demasiado libre, demasiado rubia, y demasiado liberal. Incluso para esta época.
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