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28F en la calle

Cuando lo cotidiano se tiñe de verde y blanco: ¿qué es lo más andaluz de tu día a día?

Jóvenes sevillanos describen qué es lo más andaluz de su día a día, desde encarar cada día con humor a echar el día en casa de la abuela, gestos que pasan desapercibidos y que, sin embargo, ilustran una forman de estar en el mundo

VÍDEO |  ¿Qué es lo más andaluz en tu día a día?

Lucía León

Lucía León Guerrero

Lucía León Guerrero

Sevilla

Más allá de los actos oficiales y los discursos institucionales, el 28 de febrero se cuela en las casas, en los barrios y en los gestos del día a día. El Día de Andalucía no solo se conmemora sino que también se desayuna, se habla y se siente. Se vive en verde y blanco, pero también en el olor a café recién hecho y en el sonido inconfundible del acento que no se pierde "diga lo que diga el mundo", como defienden muchos de los jóvenes estudiantes con los que ha hablado El Correo de Andalucía. Ellos son el presente y el futuro de esta tierra.

En muchos hogares, la mañana empieza como otra cualquiera con el "¡niño, ven pacá y cómete el mollete antes de que se enfríe!". Pan con aceite de oliva -del bueno, del de aquí- es la estampa que se repite día a día, sólo que a veces sólo reparamos en esos detalles que nos hacen especiales una vez al año.

Pablo Sánchez, de 22 años, lo tiene claro: "La más típica y la más clásica es levantarte por la mañana y desayunar una tostada de tomate y aceite". Una escena que también se reproduce en institutos y colegios, donde el tradicional pan con aceite y azúcar marca el inicio del día. "Me gustaba mucho el desayuno del instituto con su pan con azúcar. Siempre en el Día de Andalucía hay que escuchar el himno”, cuenta Rafael Gil, de 19 años. Porque si algo no falta el 28F es el himno. Suena en las aulas, en las plazas y en los salones familiares, cantado con ese orgullo que se aprende desde pequeño.

Parada obligatoria "ancá la abuela"

El Día de Andalucía también se celebra en familia, en casa de la abuela para los que todavía tienen la suerte de disfrutarla. Allí donde siempre hay café caliente, dulces sobre la mesa y una historia que contar. "Celebro el 28F siempre yendo ancá mi abuela todos juntos, desayunamos churros y la tosta con aceite”, cuenta Cecilia González, de 23 años.

David Ponce, de 24 años, repite lo mismo: "Me gusta levantarme tempranito y tomarme mi desayuno andaluz". Y añade otro elemento fundamental como es la música, que también se celebra en familia. "A mi padre le gustan las marchas de Semana Santa y yo pongo Triana o Jarcha”, un cruce de gustos con los que se describe la Andalucía musical desde las históricas marchas del 4 de diciembre a hoy.

Orgullo en lo sencillo

Ser andaluz no es solo una cuestión administrativa sino que también es una forma de estar en el mundo. Está en el "¿qué pasa?" al cruzarte con un vecino o "cuando los ves sentados tomando el fresquito”, como relata Cecilia González. Ser andaluz está en el humor que relativiza los problemas y en el carácter cercano que convierte cualquier encuentro en una conversación.

Marina del Pino, de 19 años, lo defiende sin titubeos: "Yo no pierdo mi acento, yo soy de Sevilla Este y no me callo nunca. Da igual donde esté, que siempre hablo andaluz". Para Andrés Hernández, también de 19, la clave está en la actitud: "Lo más andaluz de mi día a día es cuando me levanto por la mañana y me tomo el día con buen humor. Veo a mi gente y le saludo, y yo creo que eso es lo más andaluz que hay".

Y luego está el barrio, el sol y la cerveza que sienta mejor si es con alguien. Paula Toro y Marisa Díaz coinciden en que "lo más andaluz de su barrio es salir a tomar una cervecita al sol". Gonzalo Criado, de 18 años, lo resume así: "Lo celebro sobre todo con la familia, y el sol, que cambia el caracter y se nota mucho". Adriana Sánchez, de 18, apuesta por el campo "en familia".

No todos lo viven igual. Marta Pérez, de 19 años, reconoce que "no lo celebra mucho y realmente celebra más el Día de la Bandera". Pero incluso en esas diferencias hay algo común como es el sentimiento de pertenecer a Andalucía.

El 28F trasciende las instituciones. Es mirar a los abuelos y darles las gracias por no rendirse. Es explicarles a los hijos por qué suena el himno y qué significan esos colores.

Es, en definitiva, levantarse un 28 de febrero y hacer lo de siempre, pero sabiendo que en cada gesto hay historia. Que en cada tostada con aceite, en cada acento que no se esconde y en cada reunión familiar está una Andalucía que se celebra todos los días del año.

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