28-F, Día de Andalucía | Carmen Calvo Presidenta del Consejo de Estado
"Andalucía no puede vivir del agravio, no necesita victimizarse"
Habla con convicción sobre el 28 de febrero, sobre el peligro del victimismo, sobre el auge del autoritarismo y sobre el feminismo como la democracia del siglo XXI. Y reivindica sin complejos su acento: "Nunca he consentido que ser andaluza no fuera un plus".

Entrevista a Carmen Calvo, Presidenta del Consejo de Estado / José Luis Roca

Carmen Calvo (Cabra, 1957) recuerda con precisión el 4 de diciembre de 1977. Era estudiante en Sevilla y acudió a la manifestación que reclamaba autonomía para Andalucía. "Había una energía muy clara: queríamos algo y sabíamos que podía ser", dice. Casi medio siglo después, aquella joven que vivió el proceso autonómico desde la calle es hoy presidenta del Consejo de Estado, tras haber sido diputada y ministra, vicepresidenta del Gobierno y consejera de la Junta con los presidentes socialistas Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero y Manuel Chaves.
"El 28-F fue una autoconciencia brillante"
Pregunta. ¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando piensa en el 28 de febrero?
Respuesta. La capacidad inteligente de reacción que tuvieron los andaluces al inicio de la democracia. Fue la respuesta histórica más impresionante que Andalucía ha tenido sobre sí misma y sobre lo que significa para España. Una autoconciencia brillante, incluso inesperada, pero rotunda. Eso solo puede ocurrir cuando hay libertad y democracia. Y todo eso lo llevamos a una urna.
Yo estaba en Sevilla, estudiando, y pude ir a la manifestación del 4 de diciembre. Tenía la sensación de que había un movimiento larvado que estaba esperando eclosionar. Andalucía venía de un siglo XIX muy duro y de una dictadura que la machacó especialmente: pobreza, hambre, falta de formación, exilio. Casi tres millones de andaluces tuvieron que marcharse.
Aquel momento fue como si la historia reventara. Por primera vez sopesa sus cartas y dice: podemos. No era la sensación impotente de querer algo imposible. Era lo contrario: queremos esto y va a poder ser. Esa energía permitió un magnífico Estatuto. Y me gustaría que Andalucía siguiera teniendo esa conciencia de sí misma. No me gusta la Andalucía que se autovictimiza. De ahí no sale nada bueno.
“No hemos explicado bien lo que fue la dictadura”
P. ¿Hemos sabido transmitir a los jóvenes lo que significó aquel proceso?
R. Me temo que solo lo superficial: himno, bandera, Parlamento. Pero no la esencia. No hemos explicado bien qué significó la dictadura franquista, hay que decirlo completo: dictadura franquista, no franquismo, ni en clave española ni en clave andaluza.
Blas Infante no fue solo un símbolo; fue fusilado por defender libertades y modernidad política. Lo hemos descapitalizado. Y eso tiene consecuencias. Cuando hoy vemos jóvenes que relativizan la dictadura, es que algo no se ha contado bien.
Además, ha habido un trabajo soterrado de blanqueamiento. Ahora parece que en el 28-F estuvimos todos. No es verdad. El pueblo andaluz sí; todas las estructuras políticas, no.

Carmen Calvo, Presidenta del Consejo de Estado / José Luis Roca
P. Resulta especialmente chocante, doloroso, que haya jóvenes andaluces que reivindiquen la dictadura, con lo que supuso de castigo para Andalucía.
R. Para Andalucía el coste fue brutal. El exilio económico fue del hambre. Yo he visitado a andaluces en Holanda, Bélgica, Argentina, Chile o Estados Unidos. Ese desarraigo marcó generaciones. Por eso resulta doblemente doloroso que se relativice lo que fue la dictadura.
Creo que estamos viviendo un tiempo en el que el mercado se ha enseñoreado de todo. Todo se compra y se vende. Los valores del mercado son competitividad y éxito individual. Si a los jóvenes los dejamos 18 horas al día en esos valores, en las redes, en los algoritmos, es difícil que luego interioricen valores democráticos que son contrarios: igualdad, solidaridad, fraternidad. Umberto Eco advertía de que el fascismo volvería en nombre de la libertad. No deberíamos olvidarlo.
Contra el agravio permanente
P. Sin embargo, el discurso del agravio sigue siendo muy rentable políticamente, en Andalucía funciona ahora mucho respecto a Cataluña.
R. Es un eslogan pobre. Colocas el agravio y te vas a casa. Es emocionalmente eficaz, pero intelectualmente débil. Y vivimos en una sociedad donde el victimismo cotiza.
A nivel colectivo ocurre como en la salud mental individual: compararse todo el tiempo genera ansiedad. Andalucía tiene mimbres demográficos, históricos y culturales suficientes para no compararse constantemente.
Si uno piensa dónde estaba Andalucía hace 48 años, se da cuenta del esfuerzo gigantesco que se ha hecho. Cuando dices "qué mal está todo", te inhibes. Cuando dices “cuánto se ha avanzado”, te preguntas: ¿dónde coloco yo mi pieza?
La cultura española es, en gran medida, cultura andaluza. Se acaba de inaugurar el festival flamenco de Nueva York, ahí lo dejo, es nuestra cultura la que identifica a España sin que hayamos hecho estrategia alguna para imponerlo. Tenemos autoestima suficiente sin necesidad de agraviarnos. Hay que hablar de la energía del pueblo andaluz y empezar a decir cosas originales en política.
"Soy andaluza y hablo en andaluz"
P. ¿Ser andaluza le ha sumado o restado en su carrera?
R. Me ha sumado porque yo he decidido que me sume. Nunca he consentido que mi condición de andaluza no fuera una aportación. Las primeras frases que digo en cualquier foro son que soy andaluza y que hablo en andaluz.
He representado a España por todo el mundo. Y siempre lo he dicho. Vengo de una tierra de nueve millones de personas. Creo que sé lo que es España desde ahí. Esto es una actitud. Recomiendo la defensa del andaluz que hizo Juan Valera en el Congreso (fue diputado entre 1850 y 1878) en defensa del prestigio del habla andaluza, fue un repaso magistral, o Manuel Machado, que dejó claro que los andaluces hablamos en español sin los problemas propios del idioma, que los tienen otros, porque los andaluces no los tenemos. No he consentido nunca que ser andaluza no sea un plus. Vengo de Córdoba, que cuando en Londres no existía las alcantarillas tenía ya conductos de cobre para el agua caliente, es que Andalucía es impresionante.
"Vengo de Córdoba, que cuando en Londres no existía las alcantarillas tenía ya conductos de cobre para el agua caliente, es que Andalucía es impresionante"
P. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI tenga usted que poner un tuit para reivindicar la dignidad y la grandeza del acento andaluz? (Lo hizo esa misma mañana contra un diputado de Vox por Córdoba que no es andaluz y que mandó al logopeda a María Jesús Montero)
R. Sobre el acento, estamos en un tiempo de ignorancia y mentira. La ignorancia se ha hecho dueña del espacio. Mi nieto mayor es bilingüe, su padre es francés, y un día se lo expliqué para que no se le olvide. "Mira de los 600 millones que hablan español en el mundo, la inmensa mayoría, 570 o 560 millones lo hablan como yo, como tu abuela. Como los extremeños, los canarios, los venezolanos, los cubanos, los argentinos, los mexicanos, como los 50 millones que lo hablan en Estados Unidos y luego hay 40 millones que lo hablan como tú, que tienes acento de Madrid". Así que menos complejos.

Carmen Calvo en su despacho del Consejo de Estado en Madrid. / José Luis Roca
P. ¿Cree que Andalucía tiene el peso que le corresponde en el debate nacional?
R. En términos institucionales, sí. Tenemos el peso demográfico que tenemos. Pero en la conversación pública quizá podríamos estar más presentes. También es verdad que Andalucía ha sido moderna políticamente. No hemos sido nacionalistas excluyentes. Hemos entendido nuestra identidad dentro de España de manera abierta. Eso también nos ha hecho menos estridentes. Lo nuestro lo hemos compartido y repartido, decía Ortega que Andalucía es un lugar de España puesto en el mundo.
La estructura territorial actual del Estado tiene mucho que ver con la posición andaluza en la Transición. Rompimos el esquema territorial que tenía la derecha de entonces. La estructura territorial actual proviene en gran medida de la posición andaluza.
P. Ha defendido que España ya está preparada hoy para evolucionar hacia un modelo federal
R. Creo que hoy sí lo está. El Estado autonómico ha sido un éxito, pero necesita perfeccionarse. Un modelo federal supone mecanismos más claros de coordinación y lealtad constitucional. No hay dos modelos federales iguales. Cada país tiene el suyo. Nosotros tenemos experiencia suficiente para abordar esa evolución con serenidad.
P. ¿Le preocupa el clima político actual y la tensión institucional?
R. Me preocupa que se confunda lo legal con lo político. En un Estado de derecho lo fundamental es si algo es legal. Puede gustarte o no gustarte, pero si es legal, la democracia funciona. Generar ruido permanente sobre la supuesta ilegalidad de todo crea desconfianza en los ciudadanos. Y eso es peligroso.
Evita pronunciarse a fondo sobre la financiación autonómica, convencida de que se aprobará en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y en el Congreso y eso será legal, o la amnistía: "Eso está en el Constitucional".
La mayoría del PP andaluz
P. ¿Cómo ve el momento político en Andalucía, con mayoría absoluta del PP tras años de hegemonía socialista?
R. Las democracias necesitan grandes espacios que vertebren la política. La fragmentación extrema no ayuda. Las grandes líneas de izquierda y derecha democráticas han sido útiles para España. Cuando se debilitan, crecen los particularismos o el autoritarismo. Pero, más allá de partidos concretos, lo importante es que Andalucía siga identificándose con la igualdad. Igualdad entre provincias, entre hombres y mujeres, entre clases sociales. Las instituciones existen para achicar desigualdades y construir igualdad. Ese es el eje.
P. Diría que el PP de Juanma Moreno ha ocupado el centro político que durante años ocupó el PSOE de Manuel Chaves.
R. Ocupa un espacio donde hasta ahora el pueblo andaluz no identificaba a la derecha que le acompañó en la autonomía. Vendrán otros momentos de la historia de Andalucía en los que el pueblo andaluz se identificara con quien quiera, como le parezca oportuno, faltaría más, pero desde luego tendrá que seguir reivindicando que todo lo que se haga en Andalucía tenga clave de igualdad. El autoritarismo, el fascismo cuestiona la igualdad. Por eso es tan importante que la política democrática no pierda ese horizonte. Y las instituciones existen para achicar desigualdades. La clave de esa igualdad para mí está en los servicios públicos.
P. Este inicio de año ha sido especialmente duro en violencia machista, con diez asesinatos en mes y medio. ¿Qué está fallando?
R. Estamos fallando en la prevención, que es educación. Decir que el feminismo se ha pasado de frenada el mismo día que asesinan a una mujer es una disonancia cognitiva. El patriarcado es la estructura más profunda del comportamiento humano. Su desmontaje será largo, pero no tiene punto de retorno.
El feminismo es la democracia del siglo XXI. Si un Estado no se toma en serio la igualdad entre hombres y mujeres, está fallando como democracia. Las mujeres se han levantado en todo el mundo. Con etiqueta feminista o sin ella. Esto no se va a revertir.

Carmen Calvo, presidenta del Consejo de Estado. / José Luis Roca
P. ¿Se considera antes feminista que andaluza?
R. No establezco esa jerarquía. Soy andaluza y soy feminista. Y creo que ambas cosas tienen que ver con la dignidad. Cuando hablo de mujeres, hablo de tu madre, de tu hija, de tu compañera. No es una abstracción. Es la mitad de la humanidad reclamando ciudadanía plena.
"Soy andaluza y soy feminista. Y creo que ambas cosas tienen que ver con la dignidad"
P. ¿Está cómoda en la presidencia del Consejo de Estado?
R. Es una dignidad impresionante y una responsabilidad inmensa. Somos los primeros en pronunciarnos sobre muchos proyectos normativos importantes. Nuestro dictamen no es vinculante, pero es muy influyente. En la inmensa mayoría de los casos, cuando un asunto llega al Tribunal Supremo, ya lo habíamos advertido nosotros.
Es un trabajo de madurez institucional. Aquí importa tanto lo que se dice como cómo se dice. Hay que ser rigurosos, prudentes y respetuosos con otros poderes del Estado. Esa calma también forma parte de la democracia.
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