Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Elecciones andaluzas

"Obama Moreno" o el riesgo de vender un presidente perfecto

La hiperexposición del presidente andaluz durante la Semana Santa refuerza su relato de cercanía con una estrategia de liderazgo sentimental medida al milímetro para el 17M

El presidente andaluz, Juanma Moreno, abrazado a una mujer en uno de sus paseos esta Semana Santa por Andalucía.

El presidente andaluz, Juanma Moreno, abrazado a una mujer en uno de sus paseos esta Semana Santa por Andalucía. / Junta de Andalucía

Isabel Morillo

Isabel Morillo

Sevilla

La inteligencia artificial deja a veces hallazgos involuntarios. Hace unos meses, en la transcripción de una entrevista con el presidente de una diputación andaluza, cada vez que el político mencionaba al presidente de la Junta —algo que hizo más de diez veces en apenas un cuarto de hora—, la IA escribía: Obama Moreno. La exageración del elogio acabó convertida, por obra del algoritmo, en una especie de lapsus revelador.

Resulta difícil no recordar aquella anécdota al ver las apariciones de Juanma Moreno durante esta Semana Santa, con tanto incienso en torno a su figura que, por momentos, daba pudor. Arrancó el Domingo de Ramos, a la salida de La Borriquita en Sevilla, prometiendo que abría "un paréntesis" para vivir estos días "sin política". Pero no ha dejado de hacer precampaña.

La prueba más evidente llegó en la Madrugá del Jueves al Viernes Santo, una de las noches con mayor carga simbólica de Andalucía. El equipo de comunicación del Gobierno andaluz remitió desde Jaén tres audios de Moreno, enviados a las 2.51, a las 4.28 y a las 4.32. En las redacciones se revisaron con la lógica cautela que exige cualquier mensaje oficial de madrugada. No contenían, sin embargo, ninguna información urgente.

En una entrevista en Canal Sur Radio, Moreno confesaba que estaba "un poquito más cansado" que otros días porque el día anterior hizo estación de penitencia en Málaga. A partir de ahí, todo giraba en torno a las "emociones". "A mí me gusta ver cómo se emocionan las personas, cómo se sienten orgullosas, cómo tienen una devoción, cómo están nerviosas, cómo viven estos instantes previos a la salida. Eso es algo muy bonito. Nuestra Semana Santa andaluza es maravillosa". Dos horas después, la locución remitida era muy parecida. No había ninguna urgencia informativa.

Sin margen a la improvisación

Nada de esto ha sido improvisado. Al comienzo de la semana, la Oficina del Portavoz de la Junta envió una planificación con los lugares en los que se preveían fotos, vídeos y declaraciones del presidente. Formalmente era agenda institucional. Políticamente, también era otra cosa. Moreno ha recorrido varias provincias andaluzas acompañado por su equipo de prensa, por su fotógrafo oficial y por una narración constante en redes de cada desplazamiento, cada saludo y cada gesto. Sevilla, Cádiz, Granada, Córdoba, Málaga y Jaén han formado parte de ese itinerario de cercanía, sostenido sobre una estética muy reconocible y un mensaje reiterado: agradecimiento, emoción y vínculo personal.

"Eres lo mejor que tenemos en Andalucía. El año pasado salvaste la vida de mi hermano. Eres lo mejor de lo mejor. Te quiero", le dijo una mujer que se le abrazó al cuello entre lágrimas. Detrás había una historia: la de una vecina de Málaga que el año pasado le entregó una carta al presidente pidiéndole ayuda para su hermano, hombre de trono del Cristo de la Exaltación como él, y que, gracias a alguna gestión posterior, hoy está “en Proyecto Hombre, muy feliz”.

Una producción del Hola

Solo un incidente intolerable, el de un hombre detenido en Cabra tras increpar a Moreno, ha roto esa marea de afecto. Pero cuando se juega con los sentimientos y las emociones resulta fácil cruzar ciertas líneas. También caer en el exceso. Todo aparece tan almibarado, tan medido, tan perfecto, que por momentos parece una producción de ¡Hola!. Con esa idea ha jugado el PSOE en redes, señalando imágenes de Moreno con su esposa y sus hijos —protagonistas también de reportajes en revistas de moda y estilo de vida— para subrayar hasta qué punto esa escenografía se parece poco a la vida real de la mayoría de los andaluces a los que pide el voto.

Ahí está, quizá, la clave: el contraste entre el mundo ideal de Juanma Moreno, el que proyectan unas imágenes perfectamente editadas y distribuidas por un excelente equipo de marketing político, y el mundo real de Andalucía. Cabe incluso preguntarse si tanta perfección no puede acabar siendo contraproducente. Aunque, a juzgar por las miles de reproducciones de cada vídeo, es probable que en San Telmo tengan bien calculado su rendimiento político ante las próximas elecciones del 17 de mayo. Tan calculada parece también la distancia respecto de los líderes nacionales del PP. Isabel Díaz Ayuso vino a Andalucía y no hubo foto con Moreno. Probablemente le habría costado un disgusto, sobre todo después de la pifia de la presidenta madrileña al hablar de la Madrugá a plena luz del Jueves Santo y declinar quedarse a ver salir a la Virgen de la Macarena desde el balcón de la hermandad porque estaba cansada.

El resto de candidatos

Con mucha menos potencia escénica se ha movido María Jesús Montero, aunque también ha dejado constancia en sus redes de sus visitas a Sevilla, Huelva, Jaén, Cádiz y Málaga. Quiere evidenciar que está en la pelea y que no piensa dejar que el PP monopolice la Semana Santa, una expresión cultural y plural que trasciende lo religioso. La socialista necesita una estrategia de humanización con la que debe contrarrestar, en tiempo récord, una mala valoración entre muchos andaluces y una imagen poco favorable entre quienes no se sienten especialmente próximos al PSOE de Pedro Sánchez.

Más desordenado ha sido el panorama a la izquierda del PSOE andaluz. Mientras Moreno explotaba su centralidad institucional y Montero trataba de ganar visibilidad, ese espacio político seguía concentrado en resolver su enésima negociación electoral. El resultado será, finalmente, la concurrencia de dos candidaturas: Adelante Andalucía, de perfil andalucista y de izquierdas, y Por Andalucía, con IU, Sumar y Podemos. Cerrado ese capítulo, empieza ahora la campaña.

El problema para Moreno no es haber ocupado el centro de la escena. Al contrario: esa ha sido precisamente su ventaja. El riesgo está en que la construcción de un presidente impecable, sentimental y siempre disponible termine rozando la sobreactuación. En política, como en casi todo, la eficacia de una imagen depende también de que no se note demasiado el esfuerzo invertido en producirla.

Tracking Pixel Contents