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Manzanilla de Alborán, fresa o vid: Andalucía reúne sus semillas más señeras en un 'arca de Noé' de la flora

El Banco de Germoplasma Vegetal Andaluz busca ser un laboratorio para la investigación de la vegetación andaluza, pero también para su repoblación

Fotografia de archivo de la laguna de Santa Olalla, ubicadas en el corazón de Doñana.

Fotografia de archivo de la laguna de Santa Olalla, ubicadas en el corazón de Doñana. / EDUARDO ABAD / EFE

Victoria Flores

Victoria Flores

Sevilla

Fresa, vid, olivo o manzanilla de Alborán. Si por algo se conoce a Andalucía en el mundo, además de por sus momentos, es por su flora. Desde las playas de Cádiz hasta el desierto de Almería pasando por los campos de fresa de Huelva que llevan frutos rojos a toda Europa. Protegerlo es fundamental, por eso la Junta de Andalucía creó una especie de arca de Noé de semillas para asegurar la posibilidad de recuperar cualquier paisaje.

Proteger la flora andaluza. Ese es el objetivo del Banco de Germoplasma Vegetal Andaluz (BGVA). Este depositario de material genético de la flora autonómica nació en 1987 y se ha configurado como uno de los más relevantes de todo el país. Se trata de un proyecto en el que colaboran la Junta de Andalucía, el Jardín Botánico de Córdoba y el Ayuntamiento de la localidad y se ha convertido en un referente internacional.

El banco está compuesto por una multitud de cámaras frigoríficas que atesoran más de 12.500 grupos de semillas y materia vegetal de 3.300 taxones de flora andaluza e ibérica. Este almacenamiento se produce de forma controlada, con neveras que alcanzan temperaturas de hasta -20 grados, lo que permite que el material vegetal atesorado pueda sobrevivir durante décadas e incluso siglos.

Reúne el 60% de la fauna de la Península Ibérica

En realidad, recogen semillas, explantos, polen o esporas, según lo que mejor convenga para cada una de las especies que almacenan.Solo en 2024, los profesionales del centro recopilaron 487 accesiones en el medio natural. Muchas de las que atesoran como Linaria polygalifolia subsp. lamarckii, que desapareció en 2003, o Rorippa valdes-bermejoi, de la que en 2002 solo resistía una población.

Los recursos genéticos que, durante cuatro décadas, han reunido los científicos andaluces se corresponden con más del 60% de la flora de la Península Ibérica y Baleares. Su salvaguarda durante casi 40 años ha servido de base para múltiples estudios en ámbitos como la farmacología, la mejora agronómica o el análisis de la adaptación de las especies a diferentes condiciones climáticas.

Para asegurar su funcionamiento y que se produzca una mejora continua de los trabajos, la Junta se ha establecido un presupuesto total de 840.000 euros hasta 2027. Estas inversiones se suman a las realizadas en los últimos años, en cofinanciación con fondos europeos Feader, que superan los 280.000 euros. Este presupuesto permitió incorporar nuevas cámaras de conservación, equipos de germinación y tecnología de laboratorio.

Repoblación de especies

Los investigadores de este centro recolectan las semillas en el hábitat natural de cada una de estas especies. Las recolecciones se producen mediante criterios científicos y siempre respetando el equilibrio ecológico. En los laboratorios, las limpian, deshidratan y analizan su viabilidad para poder conservarlas por tiempo indefinido. Estos tratamientos científicos permiten que las semillas mantengan su capacidad de germinación.

Estos procesos permiten que las semillas sean viables para que las futuras generaciones de andaluces puedan recurrir a ellas si fuera necesario. Cada conjunto de semillas de la misma especie cuenta con una ficha de información para asegurar su trazabilidad y valor científico. El objetivo, además del estudio de las mismas, es tener muestras para la regeneración de espacios naturales de la comunidad autónoma.

Sierra Nevada, Cabo de Gata o Doñana son algunas de las zonas en las que los científicos del BGVA han estado para poder recopilar ejemplares. Esta recolección de semillas ha permitido, por ejemplo, la reintroducción del Diplotaxis siettiana, conocido como jaramago de Alborán, que había desaparecido en su estado silvestre. Las semillas conservadas en este centro durante décadas han permitido su vuelta al ecosistema.

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