Debate electoral 17M
Juanma Moreno adopta un perfil bajo en el primer debate: choca con la ofensiva de la izquierda en sanidad y vivienda y evita a Vox
Las duras críticas de Montero, Maíllo y García dejan por momentos a un candidato del PP desdibujado y centrado en enfrentarse a los gobiernos socialistas de hace ocho años y al Ejecutivo de Pedro Sánchez

Montero frente a Juanma Moreno en el debate / EUROPA PRESS / Europa Press

El debate electoral de RTVE estaba llamado a ser el primer punto de inflexión de la campaña. Una gran oportunidad para desestabilizar los sondeos del 17M, estancados desde hace semanas, con Juanma Moreno a la cabeza. En este escenario, cada uno de los candidatos escogió su papel. Los líderes de la izquierda más tradicional (María Jesús Montero y Antonio Maíllo) fueron directamente a un choque centrado en la gestión de la sanidad y la vivienda hasta tensar más de lo normal a un candidato del PP, por momentos muy incómodo, que asumió el desafío intercalando la defensa de su gestión con una retahíla de reproches centrados en la gestión del Gobierno de España y la gestión de las anteriores etapas socialistas.
Fue lo más parecido al cara a cara que no se ha registrado en esta campaña, Juanma Moreno tenía más que perder que ganar en esta confrontación. Y por eso optó por mantener un perfil bajo. Afrontó con más dificultades de lo habitual su enfrentamiento con la izquierda, a la que respondió comparando su gestión con la del Gobierno socialista de hace ocho años y, sobre todo, con la del Ejecutivo de Pedro Sánchez al que responsabilizó de los problemas de vivienda, de la "ocupación ilegal" o de la subida de impuestos. Y al mismo tiempo planteó una estrategia sorprendente que no ha empleado en los últimos meses de legislatura: esquivar la confrontación con Vox a quien dejó hacer sin entrar a rebatirle ni un sólo argumento en todo el debate. Pese a que durante toda la campaña el esquema es una llamada al voto útil para evitar el "lío" de la entrada de la formación de Santiago Abascal por un pacto ese mensaje no estuvo presente en ningún momento del debate.
Juanma Moreno tenía argumentos preparados de todo tipo en la extensa documentación que manejaba y que por momentos parecía excesiva y desordenada (como se pudo ver en alguno de los planos televisivos con todos los papeles tirados por el suelo). Documentos que eran más una ofensiva que una defensa de la gestión o compromisos de futuro propios de quien lidera todas las encuestas y estaba llamado a ocupar un peso más institucional. Traía una respuesta a la advertencia del PSOE de que habrá un co-pago si sigue Moreno en su reforma de la sanidad. “Aquí hay un estudio que encargó usted sobre el co-pago cuando era consejera”, le mostró a Montero. O datos de los conciertos y contratos de personal sanitario de 2017 y 2018. "Hace ya ocho años de eso", le respondieron desde la izquierda. Como principal propuesta traía preparada la aprobación de una ley de garantía sanitaria que consolide un aumento de presupuesto y de personal cada año.
Fue la forma de defenderse de una dura ofensiva de las dos formaciones de izquierda que arremetieron contra la “incompetencia” en los fallos del cribado, contra las privatizaciones de la sanidad o contra la “imposibilidad de las familias de acceder a una vivienda” a un precio digno por el rechazo a aplicar en Andalucía la Ley de Vivienda del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Críticas habituales durante toda la legislatura pero a las que en algunas fases del debate no supo responder.
"Su modelo es el de la privatización de los servicios públicos por eso nos jugamos tanto el 17M", advirtió María Jesús Montero. La líder socialista sólo encontró por momentos su espacio en el debate al tener que combinar una estrategia a la defensiva (sus primeras palabras fueron para justificar su compromiso con Andalucía) con el ataque a Moreno.
En materia de vivienda todos los grupos pusieron ejemplos de lo que consideraron los efectos de las políticas de Juanma Moreno. "Su modelo son las VPO a 350.000 euros", advirtió Montero en referencia a la polémica promoción de Sevilla. "¿Cómo se puede permitir que haya alquileres de una habitación a 1.300 euros", completó Maíllo. "Desde que ustedes gobiernan en España la vivienda ha pasado a ser uno de los grandes problemas", les respondió Moreno.
Este choque entre modelos se evidenció en todos los bloques y específicamente en el ámbito de la financiación autonómica, un tema que inicialmente parecía que iba a ser clave en la campaña pero que se ha ido desdibujando ante el peso de la sanidad y la vivienda. "Es la única persona (María Jesús Montero) que puede creer que se puede firmar un acuerdo con el independentismo catalán que beneficie a Andalucía”, le apuntó Moreno. “Andalucía es la más beneficiada por la propuesta de financiación, ¿quiere recursos para mejorar la sanidad o la vivienda, pues porque lo rechaza?”, se defendió Montero respaldada en este bloque por Maíllo.
El protagonismo de Vox y Adelante Andalucía
Pero en este debate el reparto lo completaron dos formaciones que pueden ser clave en el resultado de estas elecciones. Adelante Andalucía, una formación en fase de crecimiento en todos los sondeos que está avanzando de forma transversal captando voto andalucista, de lzquierda e incluso del "cabreo" que puede recurrir a Vox. Y, por otro lado, Vox, la formación a la que las encuestas dan por frenada pero que está relanzando su campaña basándose en los acuerdos alcanzados en Extremadura y en la figura de Santiago Abascal. Ambos, de hecho, protagonizaron una de los grandes choques del debate con cruces de acusaciones, reproches e insultos.
A la izquierda, Adelante Andalucía, cuyo candidato reforzado por su ubicación justo al lado de Moreno trató de marcar un discurso propio intercambiando críticas a la gestión del PP, la mayoría, con reproches a la etapa socialista al frente de la Junta de Andalucía o al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Denunció la privatización de la sanidad durante la etapa de Susana Díaz “que abrió la puerta a la derecha” y censuró el plan de financiación estatal (“se puede ser de izquierda y rechazar esa propuesta”).
A la derecha (aunque en el centro del plató por sorteo) Vox que vino al debate a hablar de su libro, la “prioridad nacional” y el “fanatismo climático”. El discurso de Gavira fue el más simple, brusco y reiterativo de todo el debate. Si hay que mejorar la sanidad, el problema Gavira son los inmigrantes lo mismo que para la vivienda o para cualquier política social. Si hay un debate sobre la situación del campo andaluz, el problema son las políticas contra el cambio climático. "Las ayudas siempre se las llevan los de fuera", afirmó una y otra vez esbozando argumentos y afirmaciones sobre inseguridad, vivienda o medio ambiente más que cuestionables si se revisa cualquier informe o estadística real.
Sus palabras encontraron respuesta por parte de los grupos políticos de izquierda que le tacharon de “mala persona”, de “mentir” o de criminalizar a los inmigrantes. Ya no sirve la estrategia de hacer el vacío, la izquierda ya confronta abiertamente aunque a Vox, por momentos, le pueda venir bien para salir de su demasiado simple esquema de debate. Aprovechó estas respuestas para censurar a la “banda socialista”, denunció la salida de “los violadores de la cárcel”, criticó a los comunistas y arremetió contra Adelante Andalucía a quien acusó de “estar pagado por las subvenciones del PP”. “Parece que ha venido usted a hacerle el trabajo sucio a Moreno”, le reprochó García quien cuestionó que en toda la legislatura no haya cuestionado las privatizaciones sanitarias o la política de vivienda. “Mucha charlatanería pero ustedes luego van a pactar con Vox”, completó Maíllo.
Sin choque Vox-PP
Donde no hubo confrontación alguna fue en uno de los ejes que estaba llamado a ser uno de los puntos claves del debate: la relación entre PP y Vox. La formación de Santiago Abascal mantuvo en todo el debate el mismo esquema que en su campaña en Andalucía. “Esto es lo que nos dejan a Andalucía las políticas del PP y los del PSOE, y nosotros queremos apostar por el sentido común”.
Gavira criticó los fallos en los cribados, las políticas contra el cambio climático y con especial dureza la inmigración. La izquierda le respondió. Pero Juanma Moreno no lo hizo en ningún momento. Esquivó todos los puntos de confrontación, todas las acusaciones en contra de lo que ha hecho en el Parlamento durante toda la legislatura. Ni siquiera en el bloque de políticas de pactos entró a distanciarse cuando Gavira subrayó que su objetivo es un acuerdo como el de Extremadura o Aragón con “la prioridad nacional” como eje principal.
Sólo entró en el último momento y de forma sútil: “Hay cuatro formaciones que tienen una cosa en común, que es poner fin a la mayoría de estabilidad y meternos en un lío por eso os pido concentrar el voto para tener esa mayoría de estabilidad que lidero yo”. Ni distanciamiento con Vox
Pero la izquierda está ya preparada para contrarrestar la llamada al voto útil que sirvió a Moreno en 2022. “Las políticas de Moreno son las mismas de Vox, por eso no tiene un plan de igualdad o de lucha contra la violencia de género”, le respondió Montero. “Las políticas de derecha del PP son iguales que las de Vox”, completó Maíllo.
La crisis de los cribados
Juanma Moreno no se enfrentó a Vox, ni tampoco se adentró en la crisis de los cribados del cáncer de mama, el eje de la mayor parte de los discursos de los grupos políticos. Toda la izquierda llevaba en su vestimenta símbolos vinculados con los fallos del cribado de cáncer de mama como una pulsera o un lazo de Amama o la camiseta de José Ignacio García con el número de víctimas de los fallos.
"Han pasado muchos meses y sigue usted sin dar una explicación. Diganos, aquí y ahora, qué ha ocurrido", le reprocharon Montero, Maíllo o García, quienes le acusaron de "criminalizar" a las víctimas al obligarlas a ir al juzgado o de "eludir dar explicaciones". Moreno se limitó a pedir respeto al resto de adversarios políticos. Pero esquivó entrar en una crisis, que ha sido la mayor que ha tenido que afrontar en toda la legislatura, pero que da por superada desde hace meses.
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