Entrevista | José Antonio Pérez Simón Investigador, vicedirector del IBiS y jefe del Servicio de Hematología del Hospital Virgen del Rocío
José Antonio Pérez Simón, jefe del Servicio de Hematología del Hospital Virgen del Rocío: "En Andalucía deberíamos dar más visibilidad al médico investigador, nuestros avances también dependen de ellos"
En el Día Mundial del Ensayo Clínico, el doctor y vicedirector del IBiS, José Antonio Pérez Simón, analiza el ecosistema andaluz en materia de ensayos clínicos y llama a la puesta en valor del médico e investigador clínico en la comunidad

Doctor José Antonio Pérez Simón, vicedirector del IBiS y jefe del Servicio de Hematología del Hospital Universitario Virgen del Rocío (HUVR). / Cedida
En 2012, Emily Whitehead, una niña de seis años con leucemia linfoblástica aguda y sin opciones curativas tras dos recaídas, entró en un ensayo clínico en fase I con una terapia todavía experimental: la CAR-T. El tratamiento funcionó, Emily entró en remisión y su caso dio la vuelta al mundo como símbolo del poder de la investigación clínica. Más de una década después, esta terapia se ha consolidado como uno de los grandes avances frente a los cánceres de la sangre, y Sevilla ocupa hoy un lugar destacado en esa carrera científica gracias a equipos como el que lidera el doctor José Antonio Pérez Simón, vicedirector del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS) y jefe del Servicio de la UGC de Hematología del Hospital Virgen del Rocío.
En el Día Mundial de los Ensayos Clínicos, Andalucía tiene motivos para mirar a la investigación con orgullo. La comunidad arrastra problemas conocidos en materia sanitaria, como las listas de espera o la presión asistencial, pero ha construido una red investigadora con capacidad para competir en áreas de referencia. Uno de sus motores es el IBiS, un instituto todavía desconocido para buena parte de la sociedad, pero clave en la investigación clínica andaluza. Nació en 2006, dentro del campus del Hospital Virgen del Rocío, y hoy reúne a más de mil investigadores. Para el doctor Pérez Simón, Andalucía ha crecido en investigación de manera “exponencial”, aunque también advierte de que ese crecimiento ha sido "uniforme" y "desigual".
"Ahora mismo, tenemos un volumen altísimo de investigadores en el IBiS y eso permite que muchos de los hallazgos que se encuentran en el laboratorio seamos capaces de dárselos lo antes posible a los pacientes. Nosotros tenemos un valor añadido: todo se concentra en un mismo campus. Los investigadores pueden generar la idea de su ensayo clínico en nuestros laboratorios, después también pueden trasladarla a las fases iniciales y que finalmente llegue a los pasillos del Virgen del Rocío. Esto es posible en muy pocos sitios del mundo y eso también contribuye a que nuestra investigación sea de primer nivel mundial, en áreas de neurociencias, infecciones, oncohematología, digestivo, etcétera. Es un gran centro de captación de talento y un generador de recursos muy potente", explica el investigador en una conversación con El Correo de Andalucía.
Ensayos clínicos: el presente y el futuro de la medicina
Para el doctor Pérez Simón, los ensayos clínicos no son experimentos encerrados entre las paredes de un laboratorio, sino la única vía para demostrar que un fármaco es seguro, útil y eficaz antes de incorporarlo a la práctica clínica. "Cualquier tratamiento tiene que pasar por ensayos clínicos en los que se confirme la eficacia de un fármaco", señala.
Nuestra investigación es de primer nivel mundial
Pero el facultativo insiste en que el valor de estos estudios "va mucho más allá del futuro". En muchos casos, también pueden ser una oportunidad real para pacientes del presente. "Muchos ensayos clínicos pueden suponer la opción de recibir un tratamiento innovador en un paciente sin alternativas", relata. Es, precisamente, el escenario al que se enfrentó la pequeña Emily Whitehead. "Es importante tener en cuenta que no es solo un potencial beneficio para pacientes del futuro, sino para pacientes actuales que tienen enfermedades incurables", sostiene.
Los datos reflejan que la investigación clínica impulsada desde el sur de España goza de buena salud. En 2024, los datos más recientes, la sanidad pública andaluza tenía cerca de 4.300 estudios clínicos activos y ese mismo año inició 494 ensayos clínicos, según el Servicio Andaluz de Salud.
El desafío, según el vicedirector del IBiS, pasa ahora por "reforzar los hospitales líderes" y consolidar estructuras que permitan que los pacientes accedan a tratamientos innovadores sin tener que salir de su entorno. "En el Virgen del Rocío tenemos una enorme cantidad de ensayos activos. En España estamos muy bien posicionados y las farmacéuticas valoran muy bien los hospitales españoles y eso hace que los pacientes de aquí se beneficien de este tipo de ensayos", señala.
Es importante tener en cuenta que no es solo un potencial beneficio para pacientes del futuro, sino para pacientes actuales que tienen enfermedades incurables
El siguiente paso, añade, será avanzar hacia tratamientos cada vez más eficaces y menos agresivos. En otras palabras: más eficacia y menos toxicidad. Esa es una de las grandes líneas de desarrollo de la investigación biomédica actual, especialmente en el campo de la oncohematología, donde las terapias celulares han abierto una puerta que hace apenas unos años parecía imposible.
Las asignaturas pendientes
Pese a que Andalucía puede (y debe) sacar pecho de su red investigadora, todavía quedan asignaturas pendientes. El doctor Pérez Simón las resume en una figura clave: el investigador clínico. Se trata del médico que une la consulta y el laboratorio; el profesional que atiende a pacientes, los selecciona para un ensayo, controla posibles efectos secundarios y, al mismo tiempo, estudia nuevas formas de diagnosticar, tratar o mejorar una enfermedad.
“En Andalucía, para los médicos es más complicado que en otras comunidades poder dedicar tiempo a la investigación. Tenemos menos recursos de personal, y eso hace que el tiempo que pueden dedicar a la investigación sea menor”, remarca. Dicho de otro modo: la presión asistencial de los hospitales también reduce el margen de los médicos para investigar.
En febrero de 2026 Andalucía aprobó la creación de la categoría de investigador clínico en el SAS convirtiéndose en “la primera comunidad autónoma en integrar la investigación clínica en el corazón del sistema sanitario”
Ante este escenario, la Junta de Andalucía creó en febrero de este año la categoría estatutaria específica para clínicos investigadores, una medida que sitúa la investigación dentro de la estructura del sistema sanitario. La Administración defendió entonces que Andalucía se convertía en “la primera comunidad autónoma en integrar la investigación clínica en el corazón del sistema sanitario”.
Para el representante del IBiS, el avance es importante, pero todavía insuficiente. “En Andalucía deberíamos dar más visibilidad al médico investigador, nuestros avances dependen también de ellos y creo que no los estamos cuidando suficiente”, advierte. Según Pérez Simón, el médico investigador debe disponer de tiempo dentro de su jornada laboral para generar proyectos, impulsar ensayos y mantener viva la investigación.
“Si esto no se reconoce, a fecha de hoy puede haber escenarios más atractivos, como por ejemplo dedicarse a la medicina privada, que es muy lícito”, sostiene. Y añade: “Pero si consideramos que esto es importante, que yo así lo considero, habría que reconocerlo, no solo a nivel salarial, sino a nivel de prestigio en torno a la figura del investigador clínico”.
Casos como el de Emily Whitehead muestran que un ensayo clínico puede convertirse en una oportunidad real de vida. Sevilla, a través del IBiS y del Virgen del Rocío, participa ya en esa medicina de frontera. El reto ahora es sostener esa investigación con más recursos, tiempo y reconocimiento para quienes la hacen posible.
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