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EDUCACIÓN

Sin catalán, euskera ni gallego en las Escuelas Oficiales de Idiomas de Andalucía: "Un irlandés puede aprenderlos, pero un sevillano no"

El ex director del Instituto cervantes en Dublín, José Antonio Sierra, le propuso a todos los partidos políticos que se presentaban a las elecciones del 17M que incluyeran en sus programas electorales la incorporación de la enseñanza de las lenguas cooficiales en la educación pública, per ninguna de las cinco principales formaciones le dio una respuesta

Profesores en una clase de inglés en una Escuela Oficial de Idiomas.

Profesores en una clase de inglés en una Escuela Oficial de Idiomas. / MARTA G. BREA

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Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Ni catalán, ni gallego, ni euskera. En las Escuelas Oficiales de Idiomas de Andalucía no se puede estudiar ninguna de las lenguas cooficiales españolas. Según la Junta de Andalucía, el motivo es la falta de demanda por parte de la sociedad. Como consecuencia, hace ya muchos años que la ciudadanía andaluza no tiene la posibilidad de formarse en las otras lenguas del país para trabajar, opositar o por pura curiosidad intelectual. Para uno de los fundadores del Instituto Cervantes en Dublín y actual vecino de Málaga, José Antonio Sierra, esta falta de enseñanza de las tres lenguas minoritarias es por una cuestión de "prejuicios" y por una "gran falta de voluntad política".

Sierra es una voz autorizada para hablar sobre la enseñanza de idiomas en las instituciones públicas. En 1974, este filólogo fundó en Dublín el Instituto Cultural Español, el antecesor del actual Instituto Cervantes, que después dirigió en Irlanda durante tres décadas. En aquella época, lejos de las redes sociales, las academias de idiomas a distancia o las aplicaciones para practicar nuevas lenguas, Sierra apostó por la enseñanza del catalán, el euskera y el gallego en la oferta académica, dando la oportunidad de que estos idiomas "tan españoles como el castellano" tuvieran continuidad. Tanto es así que se convirtió en la primera institución de España en el mundo en introducir la enseñanza de estas lenguas, algo que creó reticencias en ciertos sectores, pero que caló entre la ciudadanía.

Jamás llegó a dar clases de gallego ni de euskera, pero desde entonces no ha dejado de ofertar clases de catalán. Es decir, "un irlandés puede aprenderlos, pero un sevillano no". "Llevo 50 años en esta lucha y no voy a parar de reclamarlo. A veces me preguntan, ¿por qué querría un sevillano aprender gallego o catalán? Pues por muchos motivos. En primer lugar, porque cada vez nos mudamos más y conocer el idioma es la mejor manera de introducirse en un ambiente y en un ecosistema nuevo. Pero también porque muchas veces ese idioma es una necesidad en el currículum o una ventaja para opositar", sostiene el profesor.

Una oportunidad

Podría ser una cuestión geográfica, pero no lo es. A pesar de que Andalucía no es una comunidad limítrofe con ninguna de ellas, según los últimos datos del INE, viven 114.714 catalanes, 25.822 vascos y 20.724 gallegos en el sur de España. En caso de que las segundas generaciones quisieran aprender sus lenguas maternas o paternas, tendrían que hacerlo a través de una escuela privada.

"Podemos aprender chino, japonés, italiano, griego, ruso, árabe y alemán entre muchos otros, pero no podemos hablar los idiomas de nuestros vecinos

El dato también se puede analizar a la inversa: en Cataluña hay 468.338 andaluces, 29.603 vascos y 14.526 gallegos y todos ellos conviven con el idioma cooficial a diario. "¿Cuántas veces escuchamos aquello de que en Cataluña te piden el catalán para trabajar? Pues deberíamos dar la oportunidad en Andalucía para que se aprenda", insiste el filólogo.

Sierra tiene 86 años y lleva desde 2003 -año que llegó a Málaga tras jubilarse- peleando para que la administración le escuche y se abra a la posibilidad de introducir en su catálogo de idiomas el catálan, el euskera y el gallego. "Podemos aprender chino, japonés, italiano, griego, ruso, árabe y alemán entre muchos otros, pero no podemos hablar los idiomas de nuestros vecinos", lamenta. "Yo solo pido que se de la oportunidad de aprenderlos y si no se llega a un mínimo de alumnos para crear una clase, entonces nada", añade.

El 17M, una oportunidad fallida para los idiomas cooficiales

Para Sierra, el 17M era una oportunidad para intentar que su lucha llegara a los programas electorales y, en los próximos cuatro años, se conviritiera en un compromiso de quienes tienen la potestad de modificar la enseñanza pública. Contactó con todos los partidos, pero ninguno respondió a su solicitud, a excepción de PACMA, que le contestó y lo incluyó en su programa.

La Consejería de Educación defiende que no se ha impartido nunca porque "no existe una demanda del alumnado" y que de haberla se tendría que trabajar en el desarrollo del currículum

Desde la Consejería de Educación defienden que no se ha impartido nunca porque "no existe una demanda del alumnado". "La elección de idioma responde normalmente a la demanda del alumnado o necesidades de formación para el mercado laboral, si hubiera una demanda real se tendría que trabajar en el desarrollo del currículum", apuntan fuentes de la Consejería a preguntas de este medio.

Precisamente, el mercado de la oferta y la demanda es el gran debate. Tal como explica el precursor del Instituto Cervantes, "si no se da la posibilidad, dificilmente alguien querrá aprenderlo". Es, para Sierra, algo tan sencillo como la primera ley del marketing: para poder venderlo primero hay que darlo a conocer.

Madrid, Barcelona, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Baleares, País Vasco, Galicia, Aragón. En las escuelas oficiales de idiomas de estas comunidades se puede estudiar catalán, gallego o euskera. Es decir, solo siete no han introducido ninguna de estas lenguas en sus catálogos. "En el Departamento de Filología de la Universidad de Granada se puede estudiar catalán desde 1954 y en la Universidad de Liverpool hace 100 años que se imparten cursos sobre estudios catalanes, hay demanda dentro y fuera del país", sostiene el profesor.

Sierra insiste en la idea de que el aprendizaje de estos idiomas nada tiene que ver con ideas de nacionalismo y que su afán por expandirlos se basa, exclusivamente, en una labor de promoción cultural e intelectual, de defender el patrimonio cultural y hacer prevalecer la lengua. "La gente debería tener el derecho a aprender si así lo desean porque pueden tener un cliente gallego, una pareja o un jefe. Es más probable que se vea con la necesidad de aprenderlo alguien español que de otros países", abunda.

Lleva 23 años luchando en Málaga para que las lenguas minoritarias del país tengan hueco en las escuelas de idiomas públicas de toda la comunidad o, por lo menos "en las dos capitales". Pero todavía no ha conseguido que las instituciones y los partidos políticos tengan en cuenta una petición que, insiste, "solo beneficia". "Estoy dispuesto a llegar hasta el final".

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