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"No recordaba una regla sin molestias": así es el ensayo de Huelva con fresas para combatir el dolor menstrual

La investigación clínica realizada por Elia Fernández, matrona y profesora en la Universidad onubense, señala que el consumo de fresas disminuye la dismenorrea primaria

Elia Fernández durante la presentación en Congreso de Frutos Rojos

Elia Fernández durante la presentación en Congreso de Frutos Rojos / Freshuelva

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Elías Luis Grao

Elías Luis Grao

Huelva

A nuestro alrededor hay muchas mujeres que cada mes marcan el calendario, en silencio, sabiendo que durante varios días tendrán que convivir con un dolor que les impedirá hacer vida normal. Algunas de ellas recurren a los analgésicos antes incluso de que aparezcan los primeros síntomas. Otras se ven abocadas a cancelar planes, faltar a clase o al trabajo o simplemente aguantar porque siempre les han dicho que "la regla duele". Frente a esa realidad, un equipo de investigadores de la Universidad de Huelva ha encontrado en un alimento tan cotidiano como la fresa una posible aliada para aliviar la dismenorrea primaria, el dolor menstrual que aparece sin que exista una enfermedad que lo explique.

El estudio, liderado por la matrona e investigadora Elia Fernández, acaba de presentar los resultados de un primer ensayo clínico piloto cuyos datos apuntan en una dirección prometedora: el consumo diario de fresas frescas durante cuatro semanas logra reducir de forma significativa la intensidad del dolor menstrual.

Fresas

Fresas / Diputación de Huelva

Cuando el dolor se normaliza

Todo comenzó mucho antes de hablar de fresas o cualquier otro alimento. En 2017, Elia Fernández decidió centrar su línea de investigación en un problema que llevaba demasiado tiempo pasando desapercibido. "Primero identificamos cuántas mujeres lo padecen. Después vimos cómo gestionaban el dolor, si consultaban o no a los profesionales sanitarios, el absentismo que producía o cómo afectaba a su calidad de vida", explica.

Los resultados fueron reveladores. Sus investigaciones mostraban una prevalencia superior al 70% entre mujeres jóvenes, especialmente entre los 20 y los 35 años. Pero el dato que más llamó la atención no fue únicamente el número de afectadas, sino la forma en que convivían con ese dolor.

"La mayoría no consulta a profesionales sanitarios y se automedica", señala Fernández. Algunas incluso consideran que la medicación tampoco resulta eficaz y que acudir a una consulta "no les va a ayudar". Esa normalización provoca que muchas mujeres continúen con su rutina pese al dolor. Es lo que se conoce como presentismo: acudir al trabajo o a clase sin rendir igual debido al malestar. Una práctica que en profesiones sanitarias, advierte la investigadora, incluso puede aumentar el riesgo de cometer errores.

Tras años describiendo el problema, Elia decidió dar un paso más. "Llegó un momento en el que me planteé que no solo quería poner de manifiesto lo que ocurría. Quería intentar ayudar a que las mujeres disminuyeran su dolor menstrual".

Las investigadoras Cynthia del Rocío Márquez y Elia Fernández durante la presentación en Congreso de Frutos Rojos.

Las investigadoras Cynthia del Rocío Márquez y Elia Fernández durante la presentación en Congreso de Frutos Rojos. / El Correo

Una fruta como respuesta

Diversos estudios internacionales ya habían demostrado que consumir dos raciones de fruta al día se asociaba a una menor intensidad del dolor menstrual. Paralelamente, otras investigaciones habían comprobado que las fresas reducían el dolor en pacientes con artritis reumatoide, otra enfermedad de carácter inflamatorio debido a los polifenoles, unos compuestos antioxidantes presentes en abundancia en este fruto. "Lo atribuimos principalmente a los polifenoles", explica Fernández, aunque insiste en que todavía es necesario seguir investigando para confirmar el mecanismo exacto.

"Hemos tenido la suerte de contar aquí con producto fresco", explica. Mientras la mayoría de estudios internacionales utilizan fresa liofilizada, la colaboración de Freshuelva -Asociación de Productores y Exportadores de la Fresa de Huelva- permitió trabajar directamente con fruta recién recolectada y distribuirla entre las participantes durante todo el ensayo.

Un ensayo con resultados esperanzadores

La investigación se desarrolló con 64 estudiantes universitarias de entre 18 y 35 años que padecían dismenorrea primaria y no presentaban otras patologías que pudieran alterar los resultados.

Treinta y tres de ellas consumieron diariamente 250 gramos de fresas frescas durante cuatro semanas. Las otras 31 continuaron con su alimentación habitual. Ninguna podía modificar su dieta ni cambiar sus hábitos de ejercicio físico. El único elemento diferenciador era la incorporación de las fresas.

Los resultados sorprendieron incluso al propio equipo investigador. La intensidad del dolor, medida mediante una escala visual del cero al diez, descendió una media de 1,91 puntos entre las mujeres que consumieron fresas. "Nosotros habíamos determinado previamente que una disminución de un punto ya sería clínicamente relevante", explica Fernández. "Y hemos conseguido casi dos", destaca orgullosa.

También observaron una reducción del absentismo y una menor necesidad de medicación, aunque en estos casos los resultados todavía deberán confirmarse con estudios de mayor tamaño.

Fresas

Fresas / Freshuelva

"No recuerdo una menstruación con tan poco dolor"

Más allá de las cifras, hubo otro resultado que llamó especialmente la atención del equipo investigador. Durante el ensayo, las participantes fueron registrando cómo se sentían mediante entrevistas y diarios personales. Muchas confesaban que habían aceptado participar con escepticismo.

"La mayoría manifiesta que el resultado ha superado sus expectativas con creces", explica la investigadora. Algunas aseguraban que era la primera vez que podían hacer vida normal durante la menstruación. "He podido hacer mi vida", repetían varias de ellas. Otras confesaban que "no recordaban una menstruación con tan poco dolor" o que habían necesitado muchas menos pastillas de las habituales para controlar las molestias.

Para Fernández, estos testimonios tienen tanto valor como los propios datos estadísticos. "Llevaban muchos años padeciendo ese dolor y no esperaban que algo tan sencillo pudiera tener ese efecto".

La base de una investigación mucho mayor

Pese a los resultados, la investigadora insiste en la prudencia. Se trata de un ensayo piloto con una muestra reducida y todavía quedan muchas preguntas por responder.

Ahora el equipo trabaja en la publicación internacional de los resultados completos y prepara una nueva fase de la investigación con más participantes, un periodo de seguimiento más largo y distintas dosis de consumo para determinar cuál podría ser la cantidad mínima eficaz.

Con este estudio, cuyos resultados se han expuesto parcialmente durante la celebración del XI Congreso Internacional de Frutos Rojos realizado en Huelva, se abre la puerta al desarrollo de futuros complementos alimenticios ricos en polifenoles, similares a los preparados de arándano que ya se utilizan para prevenir determinadas infecciones urinarias.

"Tenemos muchas esperanzas", reconoce Fernández. No solo porque el consumo de fresas redujera el dolor en apenas cuatro semanas, sino porque demuestra que una intervención tan sencilla como incorporar un alimento a la dieta puede abrir nuevas vías de tratamiento para una dolencia que durante demasiado tiempo se ha considerado simplemente una parte inevitable de ser mujer.

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