SALUD MENTAL
Jacqueline Mayoral, la psiquiatra que busca cambiar el abordaje de la anorexia en Sevilla: "Queremos atender en los domicilios para evitar hospitalizaciones en menores"
Las últimas cifras oficiales de ingresos por TCA abalan el auge de esta enfermedad: la comunidad atendió en 2023 a 17.597 personas con trastornos de la conducta alimentaria, el 82% mujeres

Carmen Bocanegra, enfermera especialista en Salud Mental, Jacqueline Mayoral, coordinadora en funciones del Hospital de Día y Ainhoa Búa, psicóloga clínica. / Rocío Soler Coll
Los trastornos de la conducta alimentaria ya no son los mismos que hace una década, ni afectan de la misma forma. Los pacientes llegan cada vez más jóvenes, las redes sociales son una bomba de relojería para su autoestima y su identidad y los especialistas empiezan a replantearse un modelo asistencial basado en largos ingresos hospitalarios. Andalucía, como consecuencia, también está inmersa en esta evolución. "Queremos introducir la atención en los domicilios para evitar hospitalizaciones y poder atender a las pacientes desde su casa", resume Jacqueline Mayoral, psiquiatra y coordinadora en funciones del Hospital de Día de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Doctor Muñoz Cariñanos de Sevilla.
La propuesta todavía es una aspiración. En comunidades como Madrid o Cataluña ya existen equipos que atienden a determinados pacientes en sus hogares para evitar ingresos cuando no son estrictamente necesarios. Andalucía aún no dispone de este recurso, aunque los profesionales lo consideran uno de los siguientes pasos en la atención a estos trastornos.

Dibujo de una de las pacientes ingresadas en el Hospital de Día del Muños Cariñanos. / Rocío Soler Coll
Las últimas cifras oficiales de ingresos por TCA abalan el auge de esta enfermedad. La comunidad atendió en 2023 a 17.597 personas con trastornos de la conducta alimentaria, el 82% mujeres, según los últimos datos públicos de la Consejería de Sanidad. La propia Junta calificó de "alarmante" el aumento de la demanda asistencial registrado en los últimos años.
Más allá de adelgazar, lo quieren cambiar todo: su forma de ser, de relacionarse, de estar en casa
A estas hospital de Sevilla llegan los casos más graves. Sin embargo, tal como explica Ainhoa Búa, psicóloga clínica del hospital, tras un comportamiento extremadamente tóxico con la comida se esconde un: "Me veo mal". Es la frase que más escuchan los profesionales en consulta, dice la psicóloga. ¿Quién no ha dicho alguna vez 'me veo mal'? En sus casos, sin embargo, no se esconde un mal día frente al espejo, sino enfermedades como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón. Es la consecuencia de una "insatisfacción" tan profunda que termina condicionando toda su vida.
"Muchas han tenido problemas en el instituto y quieren encajar. Son chicas especialmente vulnerables y el entorno, junto con las redes sociales, influye en ellas hasta el punto de perder el control. Más allá de adelgazar, lo quieren cambiar todo: su forma de ser, de relacionarse, de estar en casa", explica Mayoral.
"Los adolescentes se comunican a través del físico"
Las redes sociales ocupan hoy un espacio que hace unos años no existía en la consulta. "Tenemos que preguntar dónde se están metiendo, qué redes utilizan, a quién siguen o qué contenidos consumen. Su relación social ya no es solo presencial", explica la psiquiatra.
Búa añade en la importancia del contexto social, que es cíclico: "Vivimos un momento en el que los adolescentes se comunican a través del físico. Tras la pandemia lo notamos muchísimo. Ahora acceden antes a las redes sociales y vuelven tendencias de extrema delgadez que parecían superadas. Lo vemos incluso en personas famosas".
Tenemos que preguntar dónde se están metiendo, qué redes utilizan, a quién siguen o qué contenidos consumen. Su relación social ya no es solo presencial
En estos primeros ocho meses del año, han atendido a 27 pacientes. Diecisiete eran menores de 18 años y dos no habían cumplido los 14. Además, dos necesitaron ingreso completo en la Unidad de Hospitalización de Salud Mental del propio hospital. Ambas profesionales coinciden en que el perfil suele repetirse. "Son chicas muy inteligentes, con una capacidad cognitiva por encima de la media y muy autoexigentes", resume Búa. El miedo a no encajar o a no alcanzar los estándares que perciben en su entorno termina deteriorando su relación con la alimentación.
"Lo preocupante es que cada vez vemos niñas más pequeñas con problemas relacionados con la alimentación. Hay casos entre los seis y los doce años. No siempre se presentan como una anorexia o una bulimia, pero sí observamos relaciones cada vez más conflictivas con la comida", advierte la psicóloga.
Un circuito que hace cinco años no existía
Mayoral insiste en que Andalucía ha dado un salto importante en la atención a estos trastornos. "Hasta 2020 no existía un circuito específico para los TCA. Había recursos de salud mental, pero no dispositivos especializados", recuerda.
Desde entonces, la comunidad ha ido creando unidades específicas que permiten derivar a los casos más graves y coordinar la atención entre pediatras, psicólogos, psiquiatras y especialistas en nutrición.
Cuando una chica pasa mucho tiempo en un entorno hospitalario puede desarrollar una dependencia de ese espacio protegido.
Cuando un menor presenta signos compatibles con un trastorno alimentario, el primer paso suele darse en Atención Primaria. Si el pediatra detecta indicios de alarma, el paciente pasa a atención hospitalaria y posteriormente a Salud Mental y Digestivo Pediátrico. En función de la gravedad del caso puede ser derivado a una Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil y, cuando resulta necesario, a un hospital de día como el de Sevilla, el único en la provincia.
Recuperarse sin dejar de vivir
Durante los primeros meses de vida del hospital, las pacientes han permanecido una media de cuatro meses. Sin embargo, el objetivo ya no consiste en prolongar al máximo los ingresos.
"Hoy la evidencia científica nos dice que debemos hospitalizar lo menos posible", abunda Mayoral. "Cuando existe riesgo vital hay que ingresar, por supuesto. Pero siempre que podamos intentamos que la recuperación se produzca sin romper completamente el vínculo con la familia, el instituto o las amistades".
Se ha demostrado científicamente que las hospitalizaciones muy largas pueden aumentar el riesgo de cronificación
Búa pone nombre a uno de los riesgos de los ingresos prolongados: el hospitalismo. "Cuando una chica pasa mucho tiempo en un entorno hospitalario puede desarrollar una dependencia de ese espacio protegido. Después le resulta mucho más difícil volver a enfrentarse al exterior".
Por eso, a medida que la paciente mejora, el tratamiento incorpora progresivamente su vida cotidiana. "Se ha demostrado científicamente que las hospitalizaciones muy largas pueden aumentar el riesgo de cronificación", concluye la psicóloga.
Los especialistas coinciden en que los TCA están cambiando y que la respuesta sanitaria debe evolucionar al mismo ritmo. Las pacientes son cada vez más jóvenes, el impacto de las redes sociales forma parte del diagnóstico y la recuperación ya no pasa necesariamente por pasar meses en el hospital. El siguiente reto para Andalucía, sostienen Mayoral y Búa, será llevar esa atención especializada también fuera del centro y acompañar a las menores allí donde desarrollan su vida y empezaron a desarrollar el trastorno: en casa, en el instituto y con sus familias.
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