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Empresas sostenibles

La bodega de La Palma del Condado donde el vino ecológico tiene denominación de amor y llegan a China y Estados Unidos

Ana González y Mario Garay se conocieron durante un viaje de enoturismo por Francia. Hoy elaboran algunos de los vinos ecológicos más singulares del Condado de Huelva en una bodega nacida de la pasión compartida por el vino

Ana González y Mario Garay, propietarios de Bodegas y Viñedos Garay

Ana González y Mario Garay, propietarios de Bodegas y Viñedos Garay / Ecovalia

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Elías Luis Grao

Elías Luis Grao

Sevilla

Hay historias de amor que empiezan con una simple mirada. La de Ana González y Mario Garay comenzó entre copas de vino, visitando bodegas en Francia. Ella, palmerina. Él, berciano. Ambos compartían la misma pasión por la viticultura y el enoturismo, aunque ninguno imaginaba entonces que aquel viaje acabaría llevando a uno de ellos a dejar su tierra para empezar una nueva vida en La Palma del Condado.

Aquel encuentro cambió el rumbo de sus vidas. También acabaría dando origen, años después, a una pequeña bodega familiar donde el vino sigue siendo mucho más que un oficio. Porque antes de tener denominación de origen, aquella aventura ya tenía otra mucho más importante: denominación de amor.

El vino que unió dos vidas

Cuando Ana y Mario compraron su primera viña no pensaban montar una bodega. Aquella pequeña parcela era, simplemente, la forma de seguir compartiendo el denominador común que había unido sus vidas. "Como nos habíamos conocido por culpa del vino, era un poco nuestro denominador común", recuerda Mario Garay.

La idea inicial era mucho más sencilla. "Vamos a hacer un poco de vino para casa, para los amigos y demás", se dijeron. Las primeras botellas, todavía sin etiqueta, son hoy el mejor testimonio de aquellos comienzos. Después llegó el lacre, las primeras peticiones de familiares y conocidos y una pregunta que acabaría cambiándolo todo: "Oye, ¿por qué no hacéis más vino?".

Fue entonces cuando aquel proyecto doméstico empezó a quedarse pequeño. La vendimia ya no cabía en el patio de casa y el antiguo almacén de materiales de construcción del padre de Ana se convirtió en el lugar donde, en 2013, nació oficialmente Bodegas y Viñedos Garay.

Mario Garay durante la visita a Bodegas y Viñedos Garay

Mario Garay durante la visita a Bodegas y Viñedos Garay / Ecovalia

De un patio de casa a una bodega con seis hectáreas

La pregunta obligó a dar un paso adelante. Hasta entonces, la vendimia se desarrollaba en aquel atrio, entre cubos, depósitos improvisados y el inevitable trasiego de mosto. "Cuando llegaba la vendimia formábamos un chapapote que no veas", recuerda mientras ríe.

Los comienzos fueron humildes. "La gente entraba, miraba alrededor y preguntaba: '¿Y la bodega dónde está?'. Y yo les decía: 'Esta es la bodega'". Para Mario, la explicación era mucho más sencilla. "Entran uvas y salen botellas de vino. Yo otra forma de llamarlo no sé".

Trece años después, aquella pequeña nave se ha transformado en una bodega con seis hectáreas de viñedo ecológico y una producción anual que oscila entre las 10.000 y las 16.000 botellas. Un crecimiento que también ha contribuido a revitalizar el panorama vitivinícola de La Palma del Condado donde hoy sobresalen también otras grandes bodegas. "Cuando empezamos quedaban solo dos bodegas de brandy. Hoy somos el pueblo con más lagares abiertos de todo el Condado", afirma con orgullo.

Mario Garay en la bodega

Mario Garay en la bodega / Ecovalia

Ecológico por convicción

Mucho antes de que el sello ecológico se convirtiera en un argumento de venta, Ana y Mario ya tenían claro cuál debía ser su manera de trabajar. "No queríamos echarle nada al campo que no fuera natural", resume Mario.

Ese convencimiento les llevó a certificar como ecológica la primera viña con la que comenzó el proyecto y a trasladar esa filosofía también al interior de la bodega. Porque, como explica, un vino ecológico no depende únicamente del viñedo. También exige intervenir lo menos posible durante la elaboración.

Aquella apuesta les convirtió también en pioneros. Bodegas y Viñedos Garay fue la primera empresa en obtener la certificación ecológica para viñedos de las variedades autóctonas Zalema y Listán del Condado en esta zona vitivinícola onubense. Hoy forma parte de Ecovalia y mantiene intacta esa filosofía con la que empezó el proyecto.

En sus seis hectáreas de cultivo utilizan exclusivamente abonos orgánicos, mantienen cubierta vegetal para conservar la humedad del suelo y prevenir la erosión y prescinden de herbicidas y tratamientos sistémicos. La poda, la vendimia y buena parte de las labores del campo siguen realizándose de forma manual, igual que la elaboración de unos vinos naturales en los que apenas intervienen más allá de lo imprescindible.

"El primer convencido tienes que ser tú. Luego ya el mercado te ayudará", sostiene Mario. Una idea que resume toda su manera de entender el vino. Para él, la clave está en hacer bien el trabajo en el campo y respetar después el producto. "Si tienes una uva sana y la recoges sana, aquí simplemente hay que ser cuidadoso". El resto, dice recurriendo a una conocida canción de los Beatles, consiste en una filosofía muy sencilla: "Let it be. Déjalo ser".

Variedad de vinos de Bodegas y Viñedos Garay

Variedad de vinos de Bodegas y Viñedos Garay / Ecovalia

La Zalema, una uva con mucho que decir

Si hay una protagonista indiscutible en Bodegas y Viñedos Garay, esa es la Zalema. Una variedad autóctona del Condado de Huelva que Mario reivindica con entusiasmo frente a quienes la consideran una uva menor.

"La Zalema tiene tan mala prensa y yo estoy tan enamorado de ella...", reconoce. Precisamente por eso decidió demostrar hasta dónde podía llegar. Con una misma variedad elaboran vinos de crianza en roble francés y americano, un orange wine, un espumoso mediante método ancestral e incluso crianzas más largas. "Como la gente se queja de la Zalema, dije: 'Pues voy a darle dos tazas'", bromea.

La Zalema, explica Mario, es una variedad de uva perfectamente adaptada al clima del Condado de Huelva, capaz de ofrecer perfiles completamente distintos según la elaboración. "Es superversátil", destaca. Esta característica les ha permitido construir toda la personalidad de la bodega alrededor de una variedad que apenas se cultiva fuera de Huelva y una pequeña parte de Sevilla.

Por ello, no es casual que muchas de las cepas con las que trabajan superen los 60 años de antigüedad. Cultivadas en vaso y perfectamente adaptadas al entorno del Parque Nacional de Doñana, representan una forma de entender la viticultura que Mario y Ana consideran parte del patrimonio agrícola del Condado y que buscan conservar a través de sus vinos.

Ana González y Mario Garay, propietarios de Bodegas y Viñedos Garay

Ana González y Mario Garay, propietarios de Bodegas y Viñedos Garay / Ecovalia

Una pequeña bodega con vocación internacional

Aunque el proyecto nació pensando en la familia y los amigos, sus vinos han terminado cruzando fronteras. Hoy viajan a mercados tan diversos como China o Estados Unidos, donde el sello ecológico abre muchas puertas.

"Fuera nos los cogen con los brazos abiertos", explica Mario. En muchos casos, asegura, el hecho de presentar un vino español, andaluz y ecológico despierta el interés inmediato de importadores y distribuidores. La apuesta por los vinos naturales ha convertido a la pequeña bodega palmerina en uno de los referentes andaluces de este tipo de elaboraciones, sin que eso haya cambiado su manera de trabajar.

Aquel viaje por Francia terminó hace muchos años, pero sigue presente en cada botella que sale de la bodega. Ana y Mario, hoy con la ayuda de sus hijos, continúan podando, vendimiando, embotellando y recibiendo a quienes cruzan la puerta para conocer su historia. Una historia que comenzó entre viñas francesas y que demuestra que, a veces, el mejor vino no nace solo de la tierra, sino también del amor con el que se cultiva.

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