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La zona cero del peor incendio de Andalucía: "¿De qué va a vivir la gente? Si no tienes nada, está todo quemado"

Los vecinos de Berrocal, Álamo y El Madroño vivieron 15 días de incertidumbre marcados por el miedo al fuego, un recuerdo que aún tenían fresco en la memoria

Los vecinos de Berrocal, El Álamo y El Madroño cuentan cómo han vivido el incendio de Niebla

Los vecinos de Berrocal, El Álamo y El Madroño cuentan cómo han vivido el incendio de Niebla / Marina Casanova

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Huelva

La Plaza de Andalucía de Berrocal (Huelva) comienza a vaciarse tras la asamblea de vecinos de este martes al mediodía. El fuego más grande de la historia de Andalucía arrasó esta zona hace 20 años, pero solo afectó al 60% del término municipal. Este verano, el segundo peor, el que nació en Niebla y calcinó 33.000 hectáreas, se ha llevado por delante el 90% del pueblo. Solo han quedado en pie las casas y un pequeño cinturón verde en una localidad de menos de 300 habitantes y los vecinos debaten sobre el futuro.

Rosario solo puede lamentarse: "Por lo menos que la gente se entere de lo que nos ha pasado. Hemos sido los más perjudicados, los más quemados, los más negros y los más dañados físicamente y psicológicamente. Tu vida ha estado aquí, tus recuerdos están aquí, tu historia está aquí y la pena que te da es de Berrocal, de que no tenga vida. La vida aquí ahora mismo está negra, está muerta. ¿De qué va a vivir la gente? ¿De qué? Si cuando salgas, a tres metros, lo que tienes es negro. Ahí qué trabajo, ni qué puestos de trabajo vas a crear. Si no tienes nada. Está todo quemado".

A su lado, también conversan sus vecinos Carlos Delgado y Carmen. Han estado fuera de sus casas con el fuego descontrolado durante 9 días. "Lo hemos pasado francamente mal. Hemos revivido unas sensaciones y unas experiencias nefastas por vernos desalojados", dice él. Los montes de Berrocal y las localidades colindantes están completamente calcinados. El 90% de las 12.500 hectáreas han sido quemadas. Las montañas que rodean la zona muestran un paisaje desolador. Lo que antes era un bosque de eucaliptos y alcornoques en la zona del valle del Río Tinto, ahora es un cuadro negro reducido a cenizas. Solo el toque marrón de las vías forestales y los cortafuegos desentonan. Alguna casa queda en pie en el monte, pero en la naturaleza ya no hay vida.

"La última vez el pueblo se quedó subsistiendo, pero esta ya es la puntilla", dice Delgado. "La preocupación es muchísima porque la principal industria aquí es la cooperativa del corcho y la vida del pueblo, evidentemente, dependía en gran parte de estos recursos económicos y también de la apicultura, pequeña ganadería, pequeños huertos. Todo ha desaparecido".

"Fuegos aquí había, pero estos son demasiado virulentos"

Uno de los bares del pueblo congrega también a muchos paisanos. Unos han ido con periodistas a enseñar las zonas quemadas. Otros charlan sobre lo ocurrido e intentan armar ideas para salir adelante mientras comen los tomates de las huertas. Luis Carlos rememora las sensaciones de lo vivido: "Muchísima pena, mucha rabia porque me llevó al incendio de 2004", cuenta. "Hasta el punto de tener casi que coger el móvil y meterlo en un cajón porque me iba a volver loco de estar mirándolo. Un temor muy grande por mi casa".

El fuego afortunadamente no entró en el pueblo. Solo respiró cuando supo que las viviendas se habían salvado. Aquí estaban acostumbrados a los fuegos, pero estos han sido "demasiado virulentos", dice. "Aquí está noqueado todo el mundo. El fuego ha quemado los campos, pero estamos quemados todos". Tratan de sacar fuerzas de flaqueza. "Hay mucha fortaleza y unión. Nuestro reto es no caer en el olvido, seguir adelante y con mucha fuerza y mucha ganas", dice tratando de animar a quienes le escuchan.

Al bar del pueblo llega Ángel Romero. Un vecino más, de los que apostó por volver a su pueblo con su mujer y sus niñas. También es el alcalde. "El incendio te mata", reconoce. Extasiado tras otra reunión, necesita un descanso. "De aquí en adelante pues vivimos en la catástrofe, en algo catastrófico".

Las certezas de Berrocal: "Sin ayuda de la administración no vamos a ningún lado"

Romero habla de las certezas. Como ejemplo, "la situación es catastrófica". ¿La siguiente? "Sin una ayuda real y decidida de todas las administraciones, desde el Gobierno Central, la Junta y la Diputación, no vamos a ningún lado. Eso son certezas", dice el alcalde.

El de 2004 "ya nos destruyó bastante. Este ha venido a ponernos la puntilla", insiste Romero, que pide no repetir los errores del pasado. Al igual que muchos de sus vecinos quiere que el dinero que se invierta para la recuperación del entorno no se quede en contratas y subcontratas de fuera, sino que vaya destinado a los locales para que puedan reconstruir lo suyo. "Otra certeza es que esto viene a hacer más evidentes los problemas que tenía, problemas que tenemos desde el fuego anterior", dice. "Hay que invertir en proyectos que generen empleo y riqueza en Berrocal". La preocupación es a 2 años vista, porque "un berrocaleño no va a descorchar un alcornoque hasta dentro de 50 a 60 años. Y aquí lo que tiene que haber sobre todo es eso".

"¿Ahora qué hacemos con la cooperativa del corcho? El fuego la ha aniquilado"

Juan Romero, vecino de Berrocal

Juan Romero Romero pertenece a la plataforma Fuego Nunca Más desde lo ocurrido en 2004. Advierte que no se van a conformar con la declaración de Zona Catastrófica y una inversión para restaurar el monte. "El monte se va a restaurar solo. Va a necesitar ayuda para hacer después una gestión, selección de brotes y demás, pero esto tiene que venir acompañado y un plan piloto con inversiones que se impliquen desde varios ministerios y consejerías".

Recuerda que antes del incendio de 2004, aquí la Cooperativa Corchera San José, la única de Andalucía, cogía hasta 12.000 quintales. "Este año, que es el último año, hasta que no pasen 40 años, nos hemos quedado con unos 500 o 600 quintales y ya se acabó. Pero ahora que hacemos con la cooperativa, ¿la cerramos?". Juan Ramón García Bermejo, expresidente de la sociedad mencionada, habla de una transformación. "La ha aniquilado. Si antes se llevó el 70%, ahora es un 100%. Tendremos que reinventarla".

El Madroño y Álamo, volcados con Berrocal

El Madroño fue otra de las localidades desalojadas por el incendio que arrancó en Niebla. También hubo que dejar atrás la aldea de Álamo. Sara Esteban, vecina de la primera localidad mencionada, rememora aquellas horas de incertidumbre: "No sabíamos lo que estaba pasando. Nos decían que estaba muy mal, que el fuego venía al pueblo y si una tarde era mala, la siguiente era todavía más crítica porque los vientos cambiaban. Las mañanas muy bien, pero luego por la tarde se volvía todo en contra. Lo vivimos con mucho miedo".

Sara explica que, a todo eso, hay que sumarle la pérdida de Berrocal. "Se ha quemado algo que sentimos como nuestro, porque somos pueblos vecinos, hermanos, tenemos amigos. Una gran pena, la verdad". Antonio Cháves explica junto a su paisana que al siguiente día de estar aquí "todos los chavales, porque aquí hay una vinculación muy grande con Berrocal, se fueron allí a ayudar con escobas y cepillo, porque dijeron que hacían falta voluntarios. El ayuntamiento también ha colaborado con camiones de agua. Ha sido muy bonito, nosotros también estamos con ellos".

Palmelia Rodríguez, vecina de Álamo, reseña cómo lo vivieron ellos. "Nos cogió en plenas fiestas. Aquí el problema fue el humo. Tenemos la experiencia de haberlo vivido en 2004. Por eso ahora vemos un helicóptero y ya nos ponemos en guardia, nos asustamos porque fue aquello tan tremendo...". Palmelia apunta que ellos han vivido unos días "superamargos y superdifíciles", pero en Berrocal "se han encontrado una catástrofe". "Es para llorar de pena, porque es tremendo".

"Investigarlo, por favor"

En Berrocal, hay quien aún le da vueltas a lo ocurrido. Miguel Calero es uno de ellos. "Todavía no he llegado a explicarme, ni sé cómo, ni nadie me ha dado una razón cierta de cómo el fuego que se inició en Raboconejo, en Niebla, un jueves a las 6 de la tarde, se tardó 4 horas en mandar allí a los equipos de extinción. Investigarlo, por favor. Porque allí en Niebla, desde Niebla a Valverde, en el kilómetro 6, hay un centro que está destinado para el plan Infoca. Las arenas. Hay dos naves. Cada una tiene una capacidad de 3100 litros para extinguir los incendios. No se pusieron en marcha. Pero es que en Valverde estaban los equipos forestales y tampoco se pusieron en marcha", dice.

Sus preguntas continúan: "¿Quién dio o quién no dio la orden? ¿Cuándo se recibió en el 112 el conato de incendio? Es decir, el anuncio de conato de incendio. Y a partir del anuncio del conato de incendio, ¿quién no dio la orden para que se apagara? Antié, es decir, hace 2 días (el pasado domingo) en Navarmosa de Bea se produjo un conato de incendio y en un cuarto de hora pasaron dos aviones, echaron el líquido que tenían que echar y se apagó el incendio. Qué cosa más curiosa".

Zonas afectadas por el incendio de Niebla en las inmediaciones de Berrocal (Huelva), donde el fuego ha dejado un paisaje completamente calcinado

Zonas afectadas por el incendio de Niebla en las inmediaciones de Berrocal (Huelva), donde el fuego ha dejado un paisaje completamente calcinado / Marina Casanova / ECA

Calero habla ante la expectación de sus vecinos, que se mantienen atentos: "Pero os voy a decir cosas curiosas. El fuego de 2004 nació en Los Cantos, aquí en Río Tinto. Viento del Norte. Todo el viento del norte nos echó el fuego a Berrocal, al término, y nos quemó casi 7.000 hectáreas. 2026, Niebla, viento del suroeste, nos echa todo el fuego al término de Berrocal. Yo digo: ¿Es una coincidencia o qué es? Algo será ¿Por qué queman este término tanto? Es decir, ¿por qué se quema tanto y otros términos no? ¿Aquí qué es lo que está pasando? ¿Aquí no le interesa que esté esto, que esté lo otro o por qué es? Si nosotros somos un pueblo donde vivimos de la naturaleza, del turismo, de lo que nos da, de la agricultura y demás. Es decir, de la forestación y del corcho y de la apicultura y todo eso".

Sigue insistiendo Calero: "En el año 2004, en la cooperativa, como decía Juan, había 11.000 quintales de corcha. Eso significa para el pueblo 110 millones de pesetas en aquellos tiempos. Para tener una idea. Hoy 22 años después, solamente como decía Juan, quedan 600. Cuando pasen 20 años, ¿qué hay? Nada. Cero. ¿Qué nos queda? Y resulta que sí, es decir, de que se nos ha quemado. Vendrán los políticos, nos dirán esto, nos dirán lo otro, pero al final, como decía ayer unaunacina ¿y de lo mío qué? Se le habían quemado 300 hectáreas. Pues así estamos todos, ¿yo lo mío qué? Es la puntilla y no queremos la puntilla, queremos sacarnos la puntilla de Berrocal y salir. ¿Con qué? Pues ya lo hablaremos, aunque lo tengamos muy difícil y muy mal".

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