Entrevista | Adrián San Miguel Portero del Real Betis Balompié
Adrián San Miguel: "El portero ve el fútbol desde otra perspectiva, se viste distinto y celebra en soledad"
A sus 38 años, tras 296 partidos en la élite, Adrián desgrana que su carrera está llena de causalidades, repasa sus etapas en West Ham y Liverpool y explica por qué el 13, el amarillo y el Betis siguen marcando su camino

Adrián San Miguel, jugador del R. Betis, sobre su frase totem / Jorge Jiménez / Álex Mérida

Adrián San Miguel (3 de enero de 1987) habla con la serenidad y la madurez del que ha disfrutado de una dilatada trayectoria en el balompié. En El Correo de Andalucía se sienta ahora el sevillano para echar la vista atrás, recordar sus inicios desde aquel niño que empezó de delantero en el Altair y que terminó viendo el fútbol de cara. Sin un perfecto inglés dejó su Real Betis Balompié para irse al West Ham, defender la portería en Anfield bajo el mandato de Jürgen Klopp, y regresar la pasada campaña para vestir de nuevo la verdiblanca, o en su caso, la amarilla y con el 13, pero siempre con el escudo de las trece barras en el pecho.
Su filosofía vital y frase tótem es que "no existen las casualidades, existen las causalidades", basándolo todo en el trabajo, aunque deja caer que "quizás pueda existir el azar y la suerte en cierto modo, pero todo viene predeterminado por alguna causa".
"Tanto en el fútbol como en la vida en general, yo creo que esa frase me ha marcado mucho siempre porque hay que ir poniendo ese granito de arena para que las cosas pasen y no sólo sean casualidades, sino que sea una buena causalidad", reconoce el meta bético.
Adrián San Miguel, un portero criado en el Altair siempre con el 13
En el sevillano Centro Educativo Altair del distrito Cerro-Amate hizo sus primeras paradas Adrián, que empezó jugando en el colegio como extremo y delantero hasta que llegó un día en el que la causalidad lo llevó a meterse bajo palos. En el albero y aguantando el picor del Mikasa, pero de ahí nunca saldría: "Altair en aquel momento era una escuela bastante fuerte en Sevilla, tenía muy buenos jugadores y habían salido incluso algunos llegando a Primera División. Mi equipo se quedó sin portero y, como era valiente y no me importaba tirarme al suelo, opté por ponerme unos partidos y fíjate hasta dónde hemos llegado. De jugador nadie sabe si pudiera haber llegado. Los inicios como portero todos sabemos que son complicados cuando eres pequeño y eres el que concede los goles, pero poco a poco le vas cogiendo el cuchillo a la posición y yo creo que es una de las que tiene más repercusión actualmente en el mundo del fútbol y de las más bonitas".
Dicen que dentro de un portero siempre se halla una parte de locura. ¿Se va adquiriendo con el paso de los partidos y al ver que estás delimitado prácticamente a un área salvo en acciones puntuales?
"Todos los porteros tenemos nuestro punto de locura. Mira que a mí me dicen que no tengo gran punto de locura, pero sí que en el final he pasado mucho tiempo sólo, ves el fútbol desde otra perspectiva, te toca vestirte de otro color, te toca celebrar los goles en solitario, al fin y al cabo vas adquiriendo ese punto de locura que te hace estar en el partido concentrado al máximo, pero viéndolo desde lejos. Hay partidos que al final el portero solo entra en acción una vez y tiene que estar 100%. Y yo creo que es importante también que el portero tenga ese punto de locura, a la vez que es un punto de madurez diferente y mentalmente tiene que ser un poco más fuerte, diría yo, que el resto de los jugadores. Jugamos con la portería detrás, si el delantero falla no pasa nada, tiene otra, si el mediocentro falla tiene al defensa, si el defensa falla tiene al portero, pero si el portero comete un error es verdad que te puede costar un gol prácticamente. Entonces hay que convivir con esa parte también y por eso de ahí un poco esa madurez que tiene que ir adquiriendo al portero poco a poco en su carrera y de aceptar situaciones que van a suceder. Obviamente a todos nos gusta limitar los errores, pero los porteros cometemos errores como cualquier otro compañero del campo".

Adrián San Miguel, jugador del R. Betis, sobre el partido que más ha disfrutado / Jorge Jiménez / Álex Mérida
296 partidos oficiales: 61 Betis B, 59 Betis, 26 Liverpool y 150 West Ham. Estás a 4 de los 300, 296 partidos oficiales en los que has visto el fútbol de cara. ¿Qué partido es el que más has disfrutado?
"Es cierto que ese Adrián el que debutó aquí en el Betis B, el que estuvo en el West Ham United, que pasó por el Liverpool y que vuelve al Betis, ha ido modificándose, ha ido mejorando en ciertos aspectos, ha ido cambiando de rol en otros. Y eso es lo bonito también, yo creo que aunque contemos esa cantidad de partidos, ni mucho menos soy el mismo portero que antes. Por supuesto, es verdad que al fin y al cabo tú piensas en muchos partidos que te puedes recordar de buenas paradas, de buenas actuaciones, algunas de no tan buenas, pero hay momentos en mi carrera que quizás hacen un clic", comenta el portero sobre su extenso bagaje.
El único límite quizás sea que esa locura que te llevó a ser portero haga que hoy vengas de rosa y nunca hayas vestido la verde y blanca..
"Es cierto que la verde y blanca nos queda muy bonita a todos, pero yo soy también un obseso con el amarillo, debuté con el amarillo y con el número 13 y así volví a casa. El 13 siempre me ha acompañado, no sé si yo lo busqué a él o él me buscó a mí. Cuando debuté en el Betis con el 13 de amarillo, llegué al West Ham United y el 13 estaba libre. Y cuando fui al Liverpool, Alisson cambió esa temporada al 1, especialmente porque le gustaba, y me dejó el 13. Y cuando llegué el año pasado, Rui casualmente cogió el 1 y se quedó el 13 libre. Al final, las trece barras y el color amarillo también dicen mucho de mi carrera. Y bueno, a pesar de que no he podido vestir nunca la verde y blanca, pero el amarillo no me disgusta”.
"El 13 siempre me ha acompañado, no sé si yo lo busqué a él o él me buscó a mí"
Llegó a la Premier League y no era nadie
Entiendo que con Alisson aprendiste mucho allí en el Liverpool, pero me parece raro o sorprendente la relación con Jussi Jääskeläinen. ¿Cómo era adaptarse para niño de barrio a un idioma diferente en la cultura inglesa y a una Premier League todavía que no estaba tan abierta quizás al extranjero? Y sobre todo, esa relación con un meta finés, ¿qué pudiste aprender de él?
"Jussi me enseñó a que te puedes creer que vienes de jugar una temporada completa en tu equipo, de tus amores, conseguir entrar en competición europea, como quedamos esa temporada aquí en el Betis con Pepe Mel y llegar a la Premier League y no ser nadie. Me ayudó a volver a poner los pies en el suelo, a labrarme mi camino poco a poco y aprender en esa etapa que tenía a Jääskeläinen delante, un portero histórico de la Premier League. Me gustaba mucho esa serenidad y esa tranquilidad que tenía jugando. Al fin y al cabo, el portero tiene que transmitir esa tranquilidad también para que el equipo se sienta seguro y consistente. Mi nivel de inglés no era el adecuado tampoco. Pensamos muchas veces que sabemos inglés, pero cuando afrontas la realidad allí, te das cuenta de que no. El comienzo fue extraño, esperaba ser titular, no lo fui, y tuve que aguantar mis oportunidades en la FA Cup. Conseguí ganarme la confianza de Sam Allardyce. El West Ham United no era un equipo muy internacionalizado. Había muchos británicos, escoceses, galeses, pero poca gente que hablaba español. Y yo creo que eso me ayudó más a mimetizarme dentro del grupo, adaptarme rápido y a sobrevivir".

Adrián San Miguel, jugador del R. Betis, sobre su compañero Héctor Bellerín / Jorge Jiménez / Álex Mérida
El día que Bellerín le pidió la camiseta a Adrián en un Arsenal-West Ham
"Sí, eso fue otro de los momentos de nuestra relación. Es cierto que Héctor y yo siempre hemos tenido buena relación y en aquel momento éramos españoles que estábamos en Londres disfrutando de la Premier League, el Arsenal y yo en el West Ham United. Hubo uno de los encuentros en el que terminó el partido, se acercó a mí y me dijo, oye ¿podemos cambiar la camiseta tío? Y en ese momento es verdad que Héctor ya estaba con la selección, ya era un tío con bastante potencial y es que mi padre es muy del Betis y le gusta tú como portero y a partir de ahí nos cambiamos las camisetas, empezamos a tener un poco más de contacto y imagínate cuando llegué al Betis, el primero que le escribió fui yo, el primero que quedó con él para almorzar y enseñarle la ciudad y ponerle los pies en Sevilla fui yo también y yo creo que ahora quizás él sabe un poco más de Sevilla que yo porque está mucho tiempo fuera pero nuestra relación es la parte bonita del fútbol que hace amistades quizás y esas casualidades o causalidades. En aquel momento no sabía que nuestra relación iba a seguir duradera en el futuro y fíjate ahora defendiendo nuestro equipo"
En cuanto a las acciones en los partidos, ¿qué diferencia hay entre ser portero en la Premier y en Laliga?
"El cambio más radical y lo que hay que adaptarse rápido como portero es el juego que es muy físico. Es mucho más físico que aquí, mucho más rápido, más de ataque-defensa. Entonces el portero no puede estar en ningún momento despistado ni desconcentrado. Piensa que el balón está en la otra área y a los 40 segundos está de nuevo en el tuyo. Y a nivel físico, pues sí, tuve que ganar potencia, musculatura, porque yo llegaba recién debutado aquí en España. Nosotros hacíamos un fútbol totalmente diferente, más de posesión, con Pepe Mel, un fútbol más de mantener la pelota y allí, bueno, hacíamos un fútbol muy inglés, muy directo, de jugar rápido a la espalda. Desde mí hasta Andy Carroll en aquella época, yo creo que en la primera temporada, los datos decían que el mayor número de pases era entre Adrián y Andy Carroll. O sea, era juego directo, rapidísimo. Vas adquiriendo otra forma de jugar y como portero conociendo el juego de allí y adaptándome rápido tenía que adaptarme rápido si quería ganarme esa confianza plena de Allardyce".
En el West Ham marcaste el único de tu carrera. También esa locura te lleva a quitarte los guantes en un 8 a 8 en una tanda de penaltis. Lo celebraste por todo lo alto, no era para menos, claro…
"La verdad es que uno está acostumbrado quizás a celebrar más una parada, a celebrar un blocaje, a celebrar un despeje de puños, pero un gol y de penaltis, pues no como cualquier portero pueda soñar en una tanda de penaltis. Así fue, ese aquel día fue un replay, un partido de huerta en nuestro campo contra el Everton, casualmente a Joel Robles, de portero rival, y los penaltis fueron sucediendo. Le tocó tirar a Joel antes que a mí, él le pegó fuerte y duro, pegó el larguero, salió y me tocaba a mí. En ese momento fue un momento también clave e icónico para la afición del West Ham porque, instintivamente y lo digo de corazón, me quité los guantes. Yo tenía tal confianza en que lo iba a meter, me quité los guantes durante la carrera e hice el lanzamiento. Imagínate si lo hubiera fallado, hubiera tenido que ir a por los guantes de nuevo y si hubiéramos seguido tirando la tanda de penaltis. Fue un momento muy bonito, un momento que al final quedó solo en la anécdota, pero para un portero hacer un gol y darle la victoria a tu equipo es algo fenomenal".
En el Liverpool tenías mucha ascendencia sobre el grupo. Me cuentan que tuviste mucha influencia en los goles que metió Darwin Núñez cuando llegó...
"Con Darwin siempre había la broma en el vestuario de que yo tengo tres niños, Enzo, Eric y Evan y cuando llegó Darwin se unió uno más, tenía un cuarto. Como yo trato a la gente es como me gustaría que me trataran a mí siempre donde he llegado. Darwin llega a un club muy exigente con una presión social a nivel externa también porque el club hace un gran desembolso en él y yo sé que los comienzos no son fáciles, él tampoco hablaba el idioma y lo ayudé y le eché el brazo por encima y en todo lo que pudiera estar cerca de él y en las decisiones que pudiera tomar desde dónde poder vivir, dónde alquilar su coche o dónde podría cenar con su mujer pues ahí estaba Adrián y se hizo una relación muy fuerte. Es cierto que su etapa en Liverpool ya acabó, pero en esos momentos le intenté ayudar, él cada vez se sentía más cómodo en el club y yo siento que ese granito de arena que le aporté como compañero lo agradeció".

Adrián San Miguel, jugador del R. Betis, sobre esta temporada y su renovación / Jorge Jiménez / Álex Mérida
¿Qué espera Adrián San Miguel en esta la temporada bajo palos? Parece que Pellegrini te ha dado el hueco de la Copa, pero ¿tienes la ambición de jugar en Liga y en Europa y tener ese mismo papel que el año pasado? Respecto al futuro, ¿para seguir más allá de 2026?
"Para mí lo más importante es exigirme en el día a día y estar disponible, luego la decisión de jugar o no la tiene el míster y ahí tendrá que tomar la iniciativa de poner a uno u otro en una competición u otra. Hasta ahora he tenido la Copa, ojalá podamos llegar muy lejos en la Copa y por qué no llegar a una final de nuevo y poder vivir eso de nuevo como ya se vivió unos años atrás. Estando disponible, para mí lo más importante es sentirse bien con uno mismo y yo me siento bien entrenando a día a día al cien por cien, no aflojando personalmente para mí porque al final me ayuda también mentalmente a estar preparado, uno no puede estar pensando si va a jugar o no va a jugar, eso no depende de ti, al final lo que sí depende de ti es dar el 100% en el día a día, ya sea adentro o fuera del campo y esa es mi ambición, seguir apretando, exigiendo, estando y disfrutando de una temporada más aquí. Vamos cumpliendo una edad, yo tengo ahora 38, me siento físicamente como un toro, pero es cierto que hay que seguir disfrutando cada momento. Estoy para seguir más allá de 2026 y de 2027 si hiciera falta, pero no me apetece hablar mucho más allá de lo próximo. Tenemos que disfrutar de estos momentos tan bonitos en el club y hacer disfrutar a los béticos, que yo siendo bético también he pasado por una etapa quizás, no placentera. Ahora todo el mundo viene al estadio con la ambición de ganar y de que no nos vale un empate, porque el equipo quiere ganar y ganar y conseguir cosas. Ha cambiado ese clic y esa ambición de seguir a por más y a por más. Como suelo decir, no tenemos que frenarla y ni mucho menos ponernos ningún límite".
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