Fuera de Juego: La otra cara del fútbol sevillano
Edu, exjugador del Betis: "La corneta de Rivas traía de cabeza a Serra Ferrer"
Entre la gloria vivida y la distancia que deja el tiempo, el exjugador del Betis se descubre con algunos de los momentos más peculiares de su trayectoria

Edu, exfutbolista del Real Betis Balompié / El Correo

Habla sin ordenar del todo los recuerdos. No los coloca. Los deja salir. Aparecen como vienen, con la misma naturalidad con la que antes se presentaba en las áreas rivales. Edu tiene todavía ese gesto de llegar antes que la jugada. No porque calcule, sino porque siente, y se abre: "Trabajé, de niño, en una fábrica de zapatos. Veía a mi padre esforzarse tanto que sabía que tenía que ayudar. Él hacía viajes en un camión llevando caña de azúcar. Salía de casa el primero, y llegaba siempre tardísimo. Esas cosas no se pueden olvidar. Tampoco quiero. Ahora, que he sido padre de nuevo (Noah tiene cinco años), me acuerdo de que mi padre no podía ir a verme jugar… Era lo que nos tocaba entonces".
Pregunta: ¿Cuánto le debe al fútbol?
Respuesta: Le debo a la vida. Y claro, ahí aparece el fútbol. Fue curioso como comencé. Yo tenía 14 años. Mis amigos, es verdad, eran muy pesados y siempre me estaban diciendo que yo jugaba muy bien. Uno de ellos, un día me dijo que conocía al portero del XV de Jau y que le iba a decir que me llevara a hacer una prueba. Cuando fui me pusieron a jugar con hombres de hasta 19 años. ¿Sabe quién era uno de ellos? ¡Edmilson! El que luego estuvo en el Barcelona.
P: ¿Y cómo le fue la prueba?
R: Muy bien. Ganó el equipo en el que yo estaba. Quedamos 1-0, con un gol de penalti que me hicieron. Ahí dejé la fábrica de zapatos. Tuvimos algunas dificultades, sí; éramos una familia muy humilde. Cuando me fui a jugar a São Paulo, pasé un tiempo sin poder ir a casa porque no tenía dinero para volver, así que me quedaba en la concentración. De alguna manera, me acostumbré a estar lejos de los míos. Y esa distancia siguió con el tiempo: incluso cuando ya jugaba en el Celta y en el Betis, mi padre tampoco iba a verme jugar… ¿sabe por qué? Porque siempre le han dado miedo los aviones. Nunca fue a Vigo.El único partido en el que me vio jugar fue uno contra el Levante, en el estadio del Betis. Yo estaba muy ilusionado: lo tenía bien localizado en la grada, sabía exactamente dónde estaba. Quería marcar un gol… y lo conseguí. Aún hoy tengo en la memoria la expresión de su cara.
P: ¿Qué otros recuerdos tiene grabados?
R: Muchos, muchísimos. Lo mío con el Betis fue muy especial. Me acuerdo de mi último momento en el estadio, el día del partido contra el Valladolid (descenso a Segunda). Esto no lo sabe nadie. Nunca lo he contado porque me duele. Ese día me tocó hacer el examen de antidopaje. Tardé mucho en hacer la prueba, y, cuando salí, no sabía qué hacer. No quedaba nadie ya. Me fui directamente al centro del campo y no pude parar de llorar. Miraba las gradas, todo… Estaba solo, ahí. Yo sabía que ya no había más. Lopera no quería renovarme. El problema vino de mucho antes.
P: ¿De cuándo?
R: Hubo muchas cosas. Justo después de salvarnos en Santander -marcó los dos goles que le dieron la permanencia al Betis en Primera- me operaron de los anillos inguinales. Tuve molestias toda la temporada. Mientras que todos mis compañeros se iban de vacaciones, entendí que era lo mejor: quedarme en Sevilla dos semanas más para recuperarme. Unos días después decidí ir a casa de Lopera para decirle que, por favor, que mejorara las estructuras del club, que organizara todo mejor para no sufrir tanto. Es que… tenías que ver cómo estaba todo en la ciudad deportiva. El asfalto, el gimnasio… ¡Yo no le pedí dinero! Le pedí que hiciéramos un Betis grande. Es que no tenía sentido que llegara al vestuario y nos dijera: "Si ganamos hoy al Barcelona, os doy un dinero". Era otra cosa lo que yo le pedía.
P: ¿Por qué no se fue?
R: Yo no quería irme. Me llamó Juande Ramos para que fichara por el Tottenham; me llamó el Villarreal y presentó una oferta de 8 millones. Lopera me dijo que no me movía. Yo lo entendía. Vale… Pero vamos a crecer. Todo lo que le estoy contando, se lo dije a él (silencio). Y lo del Sevilla es verdad. ¿Sabe quién fue a buscarme al aeropuerto cuando llegué de operarme en Finlandia (segunda operación de Edu, en noviembre de 2008)? ¡Luis Fabiano! Eso la gente no lo sabe. Y tampoco que el Sevilla me ofreció el doble de lo que ganaba en el Betis. Podía haber firmado porque un mes y poco después quedaba libre (desde el 1 de enero de 2009).
Son cosas que pasaron; ya está. Pero sí es verdad que, a veces, esos momentos vuelven a mi cabeza; el otro día, sin ir más lejos, me acordé porque Chaparro suele mandarme mensajes de vez en cuando. Es muy paternal. Yo siempre lo saludaba cuando lo veía con los chicos del Betis B. Luego, cuando cogió al equipo, tuvimos una conversación muy bonita, justo antes del partido ante el Racing. Me dijo: "Edu, tú, ¿qué?". Él sabía los problemas que yo tenía de pubis. Le respondí que, si él creía conveniente, ahí estaría. Y me dijo: "Tú vas a jugar, segurísimo". Me animó mucho.
P: ¿De qué son los mensajes que le envía, si se puede saber?
R: Son frases muy bonitas en cuanto al crecimiento como persona, mensajes emocionales, también cosas de fútbol… Me da mucha alegría cuando veo el móvil y tengo un mensaje de Chaparro.
P: Hábleme de más alegría.
R: La afición, el vestuario, el momento en el que empezaba la corneta…
P: ¿A qué se refiere?
R: Pues al principio, ni Lorenzo (por Serra Ferrer) sabía lo que era. Al principio, lo traía de cabeza.
P: ¿Y qué era?
R: Rivas cogió la manía de hacer el sonido de la corneta. Empezó un día, y ya no acabó. Siempre lo hacía cuando salíamos a entrenar. Era gracioso ver al míster mirando por un lado y por otro a ver qué había sido eso. También me acuerdo de los bailes de Joaquín, pero, sobre todo, cuando se ponía a imitar voces. Yo creo que él creía que lo hacía bien. Hacía voces de la gente que salía en la tele en ese momento. Todo eso era buenísimo porque hacíamos piña. Había grandes personajes. Varela, Melli… Coincidí con varios en las habitaciones. En el primer partido me tocó con Arzu; luego Cañas… hasta que Ricardo (Olivera) cogió un día a Serra y le dijo: "Míster, a mí me gustaría tener de compañero de habitación a Edu".
Dicho y hecho. La memoria no ordena: salta. Va del barro de la fábrica al ruido del estadio, del padre que no llega a tiempo al hijo que ahora sí está. Y en medio, el fútbol como excusa, y la palabra como reflejo. De Luis Eduardo Schmidt.
LO QUE ME MUEVE
Con el particular acento de un brasileño con raíces alemanas, italianas y un corazón sevillano, Edu marca lo que de verdad le define. Su mujer y él han ido construyendo una familia entre ciudades y etapas: Camila, que nació en Vigo; Gabriela, en Sevilla. Y, desde 2020, Noah, el niño de sus ojos. "Estamos disfrutando mucho; es volver a empezar. Ahora tenemos más experiencia y lo vivimos de una manera muy bonita. Estoy muy orgulloso de mi familia".
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