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Fuera de Juego: La otra cara del fútbol sevillano

Capi, exjugador del Real Betis: "Fernando Vázquez leyó en los periódicos cuál era mi sueño y me llamó a su despacho"

El exjugador del Betis desvela historias inéditas de su etapa en el club y recuerda a algunas de las personas que más influyeron en su carrera

Vídeo | Capi: "Fernando Vázquez leyó en los periódicos cuál era mi sueño y me llamó a su despacho”

Roberto Arrocha

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Roberto Arrocha

Roberto Arrocha

Sevilla

Hablar con Capi es ir enlazando historias. Una lleva a otra casi sin darse cuenta. Algunas hacen reír. Otras ayudan a entender muchas de las decisiones que marcaron su carrera. Hasta que, de repente, aparece un recuerdo que lo cambia todo:

“Yo ya tenía los billetes de avión para viajar a Rumanía. Apenas llevaba unos días fuera del Betis (año 2010). López Caro, que era el entrenador del Vaslui, me habló del proyecto y le dije que sí, que me gustaba, que me iba con él. El equipo estaba clasificado para jugar la UEFA. Pero, unos días antes de marcharme, me pasó algo que todavía hoy me es difícil explicar…Me sucedió estando en Costa Ballena, con mi familia. Fuimos a la playa para desconectar un poquito. Fue muy raro. Ya con todo organizado, los horarios de los billetes, todo… y me entró algo que me decía que no fuera. Estuve un día entero dándole vueltas a eso. Y me la jugué. Llamé a mi representante, también a López Caro… Imagínese la situación. ¡Un lío! Pero acerté”.

-¿A qué se refiere?

-Mi padre enfermó justo al final de aquel verano. Nos dijeron que era grave y que no se sabía cuánto tiempo podía quedarle. He pensado muchas veces qué habría ocurrido si me hubiese marchado tan lejos. Al final firmé por el Xerez, un club al que siempre le estaré agradecido. Menos mal que pude pasar con mi padre sus últimos meses de vida. Murió solo cuatro meses después, en enero de 2011.

-Lo vio triunfar en el Betis.

-Eso sí. Me vio cumplir mi sueño de jugar toda una vida en el Betis.

-No es sencillo encontrar a un jugador que cumpla prácticamente toda su carrera en un mismo equipo…

-Eso es verdad. Lopera y yo firmamos un contrato de siete años. Hoy eso es impensable. Salvando las distancias, quizá el caso más parecido sea el de Julen Guerrero en el Athletic. Yo estaba feliz en el Betis. Era mi casa.

-¿Recibió ofertas para poder marcharse?

-El Chelsea, el antiguo, no este tan poderoso, ¿eh?, preguntó por mí. Y el SuperDépor también, durante varios veranos. Allí tenía a un compañero y muy buen amigo, Diego Tristán, y se habló de esa posibilidad. Sé que Irureta, que era entonces el entrenador, tenía interés en mí. No se dio porque yo no quería dar el paso, sinceramente. Y tampoco creo que Lopera lo hubiera permitido. Mi caso es muy particular. Mi sueño siempre fue debutar con el Betis. Lo conseguí y quise estirar aquel sueño todo lo posible.

-Hábleme de su debut.

-Fue increíble, tanto por lo que significó para mí como por la manera en que se produjo. Yo estaba en el filial, aunque entrenaba algunas veces con el primer equipo. El Betis estaba preparando la final de la Copa del Rey y, justo antes, tenía que disputar un partido en Valencia. En el último entrenamiento se vio que iban a viajar varios compañeros míos, como Varela, Pinto y Redondo. Yo me había quedado fuera. Estaba entrenando sabiendo que no iba a viajar. Pero, a última hora, Juan Merino sufrió una lesión en el tobillo, y Lorenzo decidió que yo también viajara. Fue el 26 de mayo de 1997 contra el Valencia, en Mestalla, y jugué unos veinte minutos. La verdad es que, con el míster, me han pasado cosas muy curiosas. Si tenemos tiempo, le cuento…

-Claro que sí.

-Cuando volvió al Betis, en la temporada 2004-05, vivimos un año maravilloso. Ganamos la Copa del Rey y nos clasificamos para la Liga de Campeones. Pero yo, a nivel personal, pasé momentos muy malos por culpa de las lesiones. Me operaron hasta tres veces del tendón de Aquiles. No terminaba de recuperarme bien del gemelo. Con la llegada del verano ya se empezó a hablar mucho de las altas y las bajas de la siguiente temporada. Y me tocó a mí. Lorenzo me llamó a su despacho. Recuerdo perfectamente aquel día. Me dijo que, en mi estado, no iba a poder contar conmigo y que, muy a su pesar, yo sería una de las bajas.

-¿Cómo reaccionó?

-Le dije que lo entendía, que yo era bético y quería lo mejor para el Betis. Le dije la verdad, lo que sentía: que, si era lo mejor para el equipo, no habría ningún problema. Acepté su decisión (silencio). Con el paso del tiempo he pensado muchas veces que aquella respuesta le llegó muy adentro. Estoy convencido de que no se la esperaba. Después de aquella conversación jamás volvió a decirme que tendría que marcharme; todo lo contrario. Me quedé, conseguí recuperarme y pude ayudar al equipo a partir de Navidad. Siempre me han ocurrido cosas así, un poco raras.

-¿También con otros entrenadores?

-Sí, sí. Esta también es buena. Yo acababa de regresar de mi cesión en el Granada, donde habíamos tenido un año espectacular con Paco Chaparro… Recuérdeme después que le cuente otra con Paco (risas). Bueno, sigo, sigo. Aquel verano, el de Segunda (año 2000) empezamos la pretemporada con Fernando Vázquez muchos jugadores de la cantera. Él no me conocía de nada. Jugué algunos partidos y la gente empezó a hablar bien de mí. También los periodistas. En el último encuentro de la pretemporada, creo que fue contra el Valladolid en nuestro estadio, me salió un buen partido. Ya me iba para casa, cuando, de repente, los periodistas me empezaron a preguntar cuál era mi objetivo. Yo les respondí lo que pensaba, que mi sueño era quedarme en la plantilla del Betis.

-¿Y qué sucedió?

-Al día siguiente, el entrenador me llamó a su despacho y me preguntó si yo no tenía claro que iba a ser jugador del primer equipo. ¡Había leído en los periódicos lo que yo había dicho!

-¿Qué le dijo?

-La verdad, que nadie me había dicho nada. En ese momento, casi no me estaba dejando hablar, y me cortó para decirme: “Vas a ser jugador del primer equipo y vas a ser un futbolista muy importante para mí”.

-Dicho y hecho.

-Sí. Fue un año espectacular.

-¿Y lo de Chaparro?

-¡Eso! Es verdad que los aficionados, los periodistas… supieron que antes del partido ante el Racing de Santander, donde nos jugábamos la vida, habíamos escuchado para motivarnos la canción de Resistiré, del Dúo Dinámico. Pero aquello fue mucho más curioso de lo que se ha contado. Yo ya conocía a Paco de mi etapa en el Granada y sabía cómo era. Pero mis compañeros, nada, nada. Cuando nos dijeron que Luis Fernández había sido destituido, y que, en su lugar, vendría Paco para dirigirnos en la última jornada, pues yo ya me esperaba cualquier cosa de cara a que nos motivara. Y así fue. Al llegar a la ciudad deportiva, desde el aparcamiento en el que dejábamos los coches, empezamos a escuchar una música altísima. A todo volumen. Nosotros no poníamos nunca ninguna canción; quizás, alguna vez si ganábamos algún partido, o en algún momento puntual. Recuerdo que yo llegué, miré a los compañeros y estaban todos como diciendo: “pero esto qué es…”. Al entrar al vestuario vimos un altavoz enorme conectado con un cable a un pequeño DVD. La canción Resistiré, del Dúo Dinámico, seguía sonando. ¿Sabe cuántas veces escuchamos la canción? No una, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco… Muchas más. Estuvo sonando durante media hora, por lo menos. Una y otra vez. En bucle.

-¿Y que hacía Chaparro mientras tanto?

Paco salía y entraba del vestuario. De repente desaparecía y, al rato, volvía gritando: «¡Vamos a resistir!». También había pegado carteles con frases que decían que podíamos salvarnos. Ojalá hubiera visto la cara de muchos de mis compañeros. Había varios internacionales, gente que no sabía que estaba pasando. Algunos miraban como diciendo: “Este tío está loco de la cabeza. ¿Pero este quién es? ¿Este es el que nos va a salvar?” (risas y posterior silencio de varios segundos). ¡Y nos salvó! Vaya si lo hizo. Fue en 2007 y, aunque han pasado casi veinte años, parece que ocurrió ayer.

Un avión que nunca llegó a despegar. Operaciones que pudieron apartarlo del fútbol. Un entrenador que cambió de opinión después de una conversación. La carrera de Capi está llena de episodios difíciles de explicar. Él habla de casualidades. Otros hablarán de destino. Lo único indiscutible es que, cada vez que tuvo que elegir, siempre acabó volviendo al mismo lugar, el Betis de su alma.

LO QUE ME MUEVE

La familia aparece una y otra vez durante la conversación. Su madre, su hermano mayor —al que considera un ejemplo por su esfuerzo—, su pareja, Noelia, y sus hijos ocupan un lugar especial en su vida. Habla de Alba, Nerea, Ángel y la pequeña Candela con un cariño que se percibe en cada respuesta. Al mencionarlos, resulta evidente que son el eje de su vida. De Camas al mundo. Y, por encima de todo, siempre de vuelta a los suyos.

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