Fuera de Juego: La otra cara del fútbol sevillano
Jorge Molina, exjugador del Real Betis: "Rubén Castro me miraba y yo ya sabía lo que estaba pensando"
El exfutbolista del Betis recuerda su llegada a Sevilla, su particular encuentro con Lopera, las enseñanzas de sus padres y algunas de las historias que todavía le hacen reír cuando mira atrás

Roberto Arrocha

Jorge Molina echa la vista atrás y aparecen muchos años de fútbol. Equipos, compañeros, entrenadores y situaciones que todavía recuerda con claridad. Algunas le hacen reír. Con otras se queda pensando unos segundos. Hay de todo. Como en una carrera que empezó lejos de los grandes focos y acabó durando mucho más de lo que seguramente él mismo imaginaba. "Yo no sé cómo me podía comer un kilo de pasta en un día. También le echábamos carne picada. Vivía con mi compañero Fernando Martín y nos hacíamos unas comidas impresionantes. Estábamos en el Benidorm. Comíamos como animales. Si ahora lo pienso, ¿cómo podía correr después? (Silencio). La verdad es que en aquella época yo no pensaba en ser futbolista de élite. Además, mi padre, menos mal que se equivocó, siempre me había dicho: 'Estudia, estudia. Tú vas a vivir de lo que estudies; no vas a vivir del fútbol'. (Otro silencio más largo). Pero le estaré agradecido toda la vida. De verdad. Pude estudiar -hizo dos carreras universitarias, Magisterio y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte- y eso me ayudó a valorar muchas cosas".
Pregunta: ¿Qué cosas?
Respuesta: Es que mi padre trabajaba cada día doce horas en una empresa textil. Recuerdo que mi madre también me insistía con los estudios: "Tienes que formarte. ¿O prefieres estar como tu padre todo el día metido en una fábrica?". Todo aquello me hizo pensar. Llegué al fútbol de élite muy tarde y quizá por eso aprendí a valorar mucho más todo lo que conseguí, a tener en cuenta el esfuerzo que habían hecho mis padres por mí. Yo, cuando era pequeño, le decía a mi madre que no se preocupara, que algún día llegaría con el dinero que ganara jugando al fútbol y se lo pondría en el delantal. Pude cumplirlo cuando fiché por el Alcoyano, que entonces estaba en Tercera. No era mucho dinero, todavía estaban las pesetas, pero para mí aquel momento fue muy especial.
P: Para especial, supongo, el momento en que fichó por el Betis…
R: A mí el que me llamó fue Víctor Fernández, el entrenador. Eso lo sabe poca gente. Es verdad que mi representante había estado hablando con el director deportivo, Momparlet, pero el que me convenció totalmente fue Víctor Fernández.

Raúl Molina celebra un gol anotado ante el Athletic Club de Bilbao durante un partido de la Liga / Luis Tejido / EFE
P: ¿Qué le dijo?
R: Bueno, muchas cosas.
P: ¿Alguna que se pueda saber?
R: Es que él tenía muy claro lo que quería hacer.
P: ¿En qué sentido?
R: Me dijo que una de las condiciones que él había puesto era que quería a tres jugadores. Uno era yo; el otro, Salva Sevilla; y el otro, Momo. Los tres conocíamos bien la Segunda división. Lo vio clarísimo. Pero, a la semana siguiente de mi llegada, Lopera vendió las acciones, entró Luis Oliver, se fue Víctor Fernández, llegó Pepe Mel… No sé si sabía que yo fui el último fichaje de Lopera. Solo lo vi el día que firmé el contrato. Me acuerdo de cuando fui a las oficinas de la calle Jabugo y lo vi bajar las escaleras. Fue raro, un poco diferente de lo que yo había vivido. No sé. Lopera era distinto. Ni siquiera subimos. Igual estaba reunido arriba con lo de la venta de las acciones. Firmamos el contrato y me deseó suerte.

Jorge Molina junto a sus compañeros Antonio Amaya y José Alberto Cañas / PACO PUENTES / EFE
P: Pues le hizo efecto, ¿no?
R: No me fue mal, no (risas). Nada más llegar al Betis, y también con Rubén Castro, Pepe Mel tuvo una conversación conmigo para decirme que me veía jugando de mediapunta, que él estaba convencido de que yo tenía condiciones para recibir el balón y hacer daño a partir de ahí. ¡Me convenció! Se lo debo a él. Me hizo crecer muchísimo. Así empezamos Rubén y yo a entendernos. Yo le dejaba espacios, él me miraba… y yo ya sabía lo que estaba pensando. Lo que la gente podía percibir en un partido era de verdad. La buena relación que teníamos fuera del fútbol se reflejaba luego en los encuentros. Piense que fuimos compañeros de habitación durante seis años. Éramos como una familia. Todo muy tranquilo. Bueno, es verdad que Rubén se acostaba un poquito más tarde que yo, pero solo un poquito. Se ponía a ver la serie Aída con los cascos. Le encantaba (risas de nuevo).
P: ¿Y usted qué escuchaba en sus auriculares?
R: ¿Lo dice por lo de Hombres G? Es que es verdad. Es mi grupo preferido. Había un poquito de cachondeo con eso porque es un grupo más antiguo. Al final, bueno, yo es que tengo dos hermanas mayores. Una tiene nueve años más y la otra, diez. Me crié con sus gustos musicales, escuchando Hombres G. También es verdad que ya tengo una edad…

Jorge Molina sobre el terreno de juego / PACO PUENTES / EFE
P: Hablando de edad, el que cada vez parece que tiene menos años es Bordalás.
R: Le gusta cuidarse, ¿eh? Se nota, la verdad. Es un tío presumido. Tengo una foto con él del año 2010, cuando estábamos en el Elche, y lo ves ahora… Parece más joven, sí.
P: ¿Es verdad que usted lo imitaba cuando coincidieron en el Getafe?
R: Es que creo que es un entrenador que incita un poco a imitarlo (risas). Es un tío espectacular. Hay que conocerlo. Parece serio, pero no lo es. Para nada. Sí que es exigente en cuanto al trabajo. Pero luego es un cachondo. Tiene un humor un poco negro, diferente. Tú te vas a comer con Bordalás y te aseguro que te lo pasas genial. No paras de reír.
P: Risas es igual a Joaquín, ¿no?
R: El mayor personaje que he visto. Yo lo conocí en mi último año en el Betis. Nos enteramos de que existía la posibilidad de que volviera al club. Levantó, como es lógico, mucha expectación. Y el tío apareció con un brazo un poco escayolado. Es una gran persona, súper humilde y un currante. Se le veía tan contento por volver al Betis.

El delantero del Betis, Jorge Molina, es manteado por sus compañeros a la finalización del último encuentro del jugador bético con el equipo verdiblanco / Jose Manuel Vidal / EFE
P: ¿Qué es para usted el Betis?
R: Mi hija, cuando era pequeña, en el colegio empezó a aprender a decir los colores. Veía el azul y decía “azul”; veía el naranja y decía “naranja”; veía el verde y decía “Betis”. De hecho, lo tengo hasta grabado en un vídeo. Mi mujer la grabó con el móvil diciendo: “Betis, que es Betis”. En Sevilla pasamos momentos muy buenos. Y algunos también graciosos, como el que me tocó vivir en la Feria, el día que un niño vomitó encima mía. Fui a la caseta de unos amigos y un padre me dijo que si me podía hacer una foto con su bebé. De repente, empecé a notar un calorcito por la espalda. Al poco, lo vi vomitando. Menos mal que estaba al lado el baño y me pude limpiar. Unos años más tarde volvimos a la misma caseta y mi amigo, con tela de guasa, me dijo: “¿Te acuerdas del niño que te vomitó? Pues es ese”. Y sí, allí estaba el niño, más mayorcito ya (silencio). En Sevilla lo pasé genial. Conocimos a una pareja de amigos, Mónica y Fernando, que también tenían a un niño pequeño, y quedábamos bastante. Fernando es lo más bético que te puedes echar a la cara. Tremendo. Una vez me comentó algo que me llamó la atención…
P: Cuente, cuente.
R: Me dijo: "Mira, te voy a decir una cosa. Yo, antes de conocerte, pensaba que los futbolistas eran distintos".
P: ¿A qué se refería?
R: Yo creo que él pensaba que éramos como robots. Luego se dio cuenta de que somos personas antes que nada. Es un tío genial. Hablábamos de muchas cosas, de los problemas que pueden aparecer, de que no puedes tenerlo todo controlado… Y eso no es fútbol. Es la vida.
Jorge Molina llegó tarde a casi todo en el fútbol y terminó quedándose mucho tiempo. Quizá porque nunca tuvo demasiada prisa. Ni para llegar, ni para marcharse, ni ahora para recordar
LO QUE ME MUEVE
Jorge Molina habla de su familia y empieza por los que están con él cada día: su mujer, Aitana, y sus tres hijos, Mía, Chloe y Dídac. Son quienes comparten con él el día a día y también todas esas locuras que todavía le provoca el fútbol. Pero enseguida aparecen también sus padres, Bruno y Juani. Siempre estuvieron cerca y lo acompañaron allá donde fue. Ahora tiene su propia familia, pero no olvida la que estuvo detrás desde el principio. Cuando habla de lo que realmente lo mueve, están todos. Los que lo vieron empezar y los que hoy comparten su día a día.
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