«Para Camus, España es una segunda patria ‘mítica y carnal’»
El escritor argelino Yahia Belaskri rinde homenaje al premio Nobel en la Semana de Francia del Institut Français y Tres Culturas

Yahia Belaskri, en Tres Culturas. / El Correo / Alejandro Luque
Alejandro Luque
«Escribir era un honor que me obligaba a llevar, tal como yo era y según mis fuerzas, con todos los que vivían la misma historia, la desgracia y la esperanza que compartíamos». Con estas palabras de Albert Camus comenzó el escritor Yahia Belaskri su homenaje al Nobel franco-argelino en la Fundación Tres Culturas, en el marco de la Semana de Francia organizada en colaboración con el Institut Français.
Belaskri hizo un repaso por la elaboración del pensamiento de Camus, su temprana filiación comunista –y su no menos precoz desengaño– y muy especialmente su compromiso con España, a la que se hallaba unido por algo más que el origen menorquín de su madre. «Para Camus, España es una segunda patria mítica y carnal. Cuando en 1935 viaja por primera vez fuera de Argelia, ¿adónde va con su esposa Francine? A las Islas Baleares», dijo el conferenciante.
La presencia de España es también constante en sus escritos, desde la obra colectiva Rebelión de Asturias a la novela Amor de vivir, sin olvidar el montaje de El secreto de Ramón Sender cuando fundó el Teatro del Trabajo, o la ambientación en Cádiz de su obra Estado de sitio. «Desde la victoria de Franco en 1936, Camus nunca dejó de indignarse con el destino de la República, y aprovecha todas las oportunidades disponibles para expresarlo», agregó Belaskri, citando artículos en periódicos como Alger Républicain, Soir Républicain o Combat, donde se referiría a los republicanos españoles como «hermanos», «camaradas» o «amigos de Francia», y frases tan contundentes como la de aquella conferencia de 1937: «La verdad está siendo asesinada en España».
El conferenciante recordó que muchos republicanos huidos de las hordas franquistas se refugiaron en Orán –más de 8.000 según datos fiables–, y evocó la rabia que suscitó en Camus la adhesión de nuestro país a la Unesco en 1952, tachando el gesto de la institución internacional de «inaceptable ambigüedad», y el enfado aún mayor que vino cuando se admitió a España en la ONU tres años después.
«Amigos españoles, somos en parte de la misma sangre y tengo hacia su patria, su literatura y su gente y su tradición, una deuda que no se apagará», proclamó el Nobel. Precisamente a su regreso de Estocolmo, en 1958, se dirige así a los republicanos españoles: «¡Nunca os abandonaré y seguiré siendo fiel a vuestra causa!», exclamó. «No soy uno de esos amantes de la libertad que quieren adornarla con cadenas redobladas, ni de aquellos servidores de la justicia que piensan que la justicia solo se conquista al dedicar varias generaciones a la injusticia. Vivo como puedo, en un país infeliz (...) Sin auténtica libertad y sin un cierto honor, no puedo vivir».
Belaskri, que estuvo acompañado en el acto por la profesora Anne Aubry, aludió también a la oposición de Camus al terrorismo y el nazismo, plenamente vigente hoy, y a las palabras que le dedicó el polaco Czeslaw Milosz: «Tenía el coraje de decir cosas elementales».
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