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Arte

Rafael Ortiz y el colibrí en la esquina de la calle Mármoles

La exposición ‘Un silbido al viento’ celebra en el Cicus los 40 años de vida de la galería Rafael Ortiz y su orgullosa y fiel reivindicación de la periferia

En el centro de la imagen Rosalía Benítez y Rafael Ortiz, galeristas, acompañados de su hija Rosalía Ortiz, y de Luis Méndez, director del Cicus, durante la inauguración de la exposición.

En el centro de la imagen Rosalía Benítez y Rafael Ortiz, galeristas, acompañados de su hija Rosalía Ortiz, y de Luis Méndez, director del Cicus, durante la inauguración de la exposición. / Pepe Morán Antequera

Charo Ramos

Charo Ramos

Sevilla

Historia viva de la mejor cultura andaluza, que hunde sus raíces en la tradición y se proyecta en la vanguardia, la galería Rafael Ortiz celebra sus primeros 40 años de vida con una exposición colectiva en el Cicus (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla). Muy cerca de su sede de la calle Mármoles, Rosalía Benítez y Rafael Ortiz despliegan los tesoros de su colección personal, pero también obras que han vendido y que vuelven ahora, gracias a su red de fieles amigos y clientes, para evocar un trabajo sólido, concienzudo y amable por el arte contemporáneo, inédito en el panorama andaluz. Son la galería en activo más veterana en nuestra comunidad y probablemente, tras la galería Leandro Navarro [de Madrid], la que más años lleva ininterrumpidamente participando en ARCO.

Esta muestra celebratoria se titula Un silbido al viento. Podrá verse hasta el 21 de marzo en la sala EP1 del Cicus y pone el foco en las relaciones y alianzas, “en las pequeñas historias”, que a lo largo de cuatro décadas ha construido este matrimonio de galeristas con distintas generaciones de artistas españoles e internacionales. Una exposición irrepetible, que arranca con una gran escultura en acero inoxidable a cargo del Equipo 57 suspendida del techo y continúa con una obra firmada por Pablo Picasso, la primera que vendieron. “En 1984 hicimos nuestra primera exposición dedicada a los grabados de Picasso y solo vendimos este. Lo adquirió un artista y ahora pertenece a otro que generosamente nos lo ha cedido”, rememoran.

El título de la muestra insiste en la idea de lo sutil, precioso y frágil, aquello que sucede en un momento y al instante ha pasado dejando un poso especial en la memoria. Porque la historia de la galería Rafael Ortiz es también la historia de quienes han amado y apoyado el arte contemporáneo en una plaza a priori difícil como Sevilla. “José María Báez o Patricio Cabrera son algunos de los artistas que eran jovencitos cuando empezamos a trabajar con ellos y siguen con nosotros cuarenta años después. Cuando arrancas quieres, obviamente, apoyar a los artistas de tu generación, con quienes te entiendes muy fácilmente. Pero rápidamente sumamos a artistas esenciales de generaciones anteriores, como Jaime Burguillos, Gerardo Delgado y Carmen Laffón”. A estos tres nombres se dedica, en la primera sala de la exposición, una de las reuniones más inspiradoras y emotivas, una pared que incorpora también a Teresa Duclós (con un espléndido cuadro de la colección particular de la propia artista), Joaquín Sáenz o Juan Lacomba.

“Hay una sola obra por artista, algunas de hace 40 años y otras de hace 40 días, como quien dice. Todas tienen una historia y un vínculo con nosotros”, rememora Rosalía Benítez ante una escultura del recordado Juan Francisco Isidro. “Esta exposición es nuestro regalo de agradecimiento a todos los que nos habéis acompañado en estas cuatro décadas y un mensaje para que, quienes no habían nacido cuando la galería abrió sus puertas, sepan de dónde venimos y hacia dónde queremos ir”, añadió Rosalía Ortiz, encargada de recoger el testigo como galerista de sus padres.

La historia de la galería Rafael Ortiz es también la historia de quienes han amado y apoyado el arte contemporáneo en una plaza a priori difícil como Sevilla

Dorothea Von Elbe, la pintora que actualmente expone en la galería Rafael Ortiz sus delicados árboles y naturalezas de trazos frescos, los conoció cuando acababan de comprar la casa de la calle Mármoles: “estaba hecha una ruina, pero ellos querían vivir y trabajar en el mismo sitio. Ese fue el principio”. Han sido sus galeristas desde que dejó los Estados Unidos para establecerse en España, “y también son ya parte de mi familia. Su honestidad me gusta, su actitud me inspira, siempre quise trabajar con ellos”.

José Miguel Pereñíguez agradece a Rafael Ortiz el apoyo y el impulso que han dado a su carrera, que hoy resuena nacional e internacionalmente. “Me pusieron en la ruta”, recalca el artista que también ha comisariado la deslumbrante exposición de Juan Suárez que acaba de inaugurarse en la sala Atín Aya. En el Cicus Pereñíguez está representado por una pintura que Rafael y Rosalía le compraron antes incluso de trabajar con ellos. Juan Suárez, por su parte, admira de sus galeristas “que no les arredra el concepto de periferia. Han apostado con generosidad por Sevilla, por lo que se cuece y produce aquí, creyendo que los activos que tenemos son importantes”. Y es que, aunque en 2013 la galería Rafael Ortiz abrió en Madrid su segunda sala, R.O. Proyectos, su plaza principal sigue siendo Sevilla.

La Nueva Figuración madrileña, con hitos de Guillermo Pérez Villalta y Chema Cobo, el arte conceptual con Elena Asins o Eugenio Ampudia, la abstracción de José María Bermejo e Ignacio Tovar, el cromatismo de José María Baez y Daniel Verbis, las miradas a la tradición pictórica de Pedro G. Romero y Javier Buzón, la renovación de la escena sevillana con Jesús Palomino, Rubén Guerrero, Ramón David Morales o Fernando Clemente… Son tantas las bellezas en esta muestra que hay que recorrerla despacio “y volver varias veces”, como sugiere la directora del Museo de Bellas Artes de Sevilla, Valme Muñoz, también presente en la inauguración.

“No todos los artistas han tenido el mismo discurrir, algunos dejaron el mundo del arte, y se han dedicado al diseño o a otra actividad como la enseñanza, otros ya han fallecido. Pero todos han escrito nuestra historia y por eso están aquí”, defiende Rosalía Benítez.

La presencia de las mujeres artistas en el catálogo de la galería Rafael Ortiz ha sido siempre natural, “cuando veíamos algo que nos gustaba, y hemos creído que podíamos defender su trabajo, lo hemos incorporado”. Por eso en la muestra se reúnen sensibilidades muy diferentes como la Premio Nacional Carmen Calvo, “de quien mostramos la primera obra que le compramos”, Inmaculada Salinas, Monika Buch, Sonia Espigares, Rosa Brun o los collages de Sara Huete, entre muchas otras.

Manolo Bautista, José Manuel Ballester y Aitor Lara son algunos de los fotógrafos representados en la muestra. De Claudio del Campo vemos un entrañable retrato de cuatro miembros del Equipo 57 en una vitrina donde se repasan también algunas de las postales y publicaciones que ha lanzado la galería en su trayectoria.

Los galeristas y el director del Cicus con el público presente en la inauguración, celebrada este martes en Sevilla.

Los galeristas y el director del Cicus con el público presente en la inauguración, celebrada este martes en Sevilla. / Pepe Morán Antequera

Y en dos paredes que hacen ángulo dialogan los pájaros de la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide con las aves gamberras pintadas por Curro González sobre un fondo amarillo, y con los colibríes y las ranas de Patricio Cabrera que atraen las miradas por su intenso cromatismo.

“Aquí está nuestra vida, nuestra ilusión, nuestro trabajo”, glosan estos galeristas que un buen día, cuando pensaban “que era inalcanzable porque estaba en Madrid, en otra esfera física y mental”, recibieron la visita de Luis Gordillo, quien les dijo que le encantaría exponer con ellos. “Ponerle muchas ganas y no desanimarse” es su receta para cuantos vengan detrás. El catedrático Luis Méndez, director del Cicus, añade otra cualidad que les agradece desde sus tiempos como estudiante de Historia del Arte: la generosidad y afabilidad.

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