Obituario
Enrique Valdivieso, una vida entregada a la pintura de Sevilla y a no dejar caer en el olvido el expolio artístico
Su nombre está ligado a obras fundamentales con las que se han formado generaciones enteras de historiadores del Arte y a la reivindicación del patrimonio expoliado

El catedrático Enrique Valdivieso posa en la biblioteca de su domicilio en Sevilla. / Manuel Gómez

No hay historiador del arte que haya estudiado la pintura sevillana sin los manuales del catedrático Enrique Valdivieso (Valladolid, 1943). No hay amante del arte y el patrimonio de Sevilla que no sepa la profunda dimensión de la obra de este hombre, de figura menuda, cabeza plateada y hablar raudo, acaso consciente de que no hay tiempo que perder para las cosas importantes. Por eso la noticia de su trágica muerte en su casa de Mateos Gago, junto a su mujer, la profesora de Latín Carmen Martínez, maestra que también despertó muchas vocaciones, ha conmocionado al mundo de las artes y el patrimonio de Sevilla y de toda España.
Su energía era infinita, proporcional al empeño que ponía en sus clases en la Universidad de Sevilla, donde llegó en 1976 (fue catedrático a partir de 1982) tras impartir en la La Laguna (Tenerife) y antes Valladolid, y en las múltiples conferencias y actividades en las que participó este vallisoletano que eligió, de muy joven, Sevilla y la historia de su pintura como forma de vida, una ciudad que lo reconoció nombrándolo Hijo Adoptivo. Escucharlo hablar con esa pasión era siempre una delicia. Inoculó ese nervio y esa sensibilidad a generaciones posteriores: Benito Navarrete, Pablo Hereza, Valme Muñoz, directora del Bellas Artes de Sevilla, y un sinfín de historiadores, conservadores, programadores, restauradores a los que enseñó, lloran su pérdida.
En un emotivo mensaje en la red X, Navarrete se despide de su maestro en la Universidad de Sevilla con el recuerdo "de sus clases abarrotadas" que eran "un acontecimiento". "Su pasión hacía vibrar por la forma de transmitir el conocimiento. Cuando llegó de las Palmas a la Universidad de Sevilla, revolucionó la historiografía de la pintura sevillana", rememora en un mensaje en el que también recuerda la admiración mutua que se profesaban Valdivieso y el añorado Alfonso E. Pérez Sánchez, dos figuras clave en su carrera.

Una imagen de Enrique Valdivieso junto al catedátrico Alfonso E. Pérez Sánchez (centro) y un joven Benito Navarrete. en los cursos de la Rábida, Fundación Duques de Soria y en Llerena en 1998. / Benito Navarrete / X
Incansable investigador, a su tierra natal le dedicó, junto a Jesús Urrea, el estudio de la pintura Barroca vallisoletana y los retablos vallisoletanos perdidos y hace apenas unos días, el martes, presentó en la Academia de Bellas Artes de Sevilla, de la que era miembro desde 1996, su último libro, Pedro de Campaña. Un pintor flamenco en la Sevilla del Renacimiento editado por Athenaica, en la que reivindicó a este autor como uno de los grandes creadores del Renacimiento hispánico.
Fue la recuperación del retablo de la trianera iglesia de Santa Ana, icono de la obra del maestro flamenco, donde el profesor hizo gala de su enorme poder de convocatoria. Se puso a la cabeza de la iniciativa para pedir fondos con los que poder restaurar el magnífico retablo. Consiguió adhesiones de todas partes y la Junta de Andalucía no tuvo más remedio que comprometerse y poner la otra mitad para la profunda restauración de las 15 tablas que llevó a cabo el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y que se expusieron en el Bellas Artes de Sevilla en 2010. En la presentación de este libro recordó este episodio y legó una nueva charla magistral seguida por el público con entusiasmo en la Casa de los Pinelo en el que, a la postre, fue su último acto público.
Colaborador del Museo de Bellas Artes de Sevilla en múltiples ocasiones, comisarió en 1998 la recordada exposición del cuarto centenario de Francisco de Zurbarán, una de sus grandes pasiones, y la dedicada a Juan de Roelas, en 2008. Fue uno de los grandes abanderados de la actividad investigadora en torno al IV Centenario de Murillo, para la que publicó La escuela de Murillo, coeditada por la Universidad de Sevilla y el ICAS y estudió en profundidad la iconografía de la Iglesia de la Caridad ideada por Miguel de Mañara. En su bibliografía figuran libros fundamentales que forman parte de la biblioteca particular de muchas casas, como la monumental Historia de la Pintura de Sevilla y Pintura Barroca Sevillana, de la desaparecida Ediciones Guadalquivir, además de un sinfín de monografías y catálogos razonados, como Bodegones, floreros y trampantojos en la pintura barroca sevillana en Renacimiento.
Entre sus últimas grandes aportaciones a la investigación destaca Recuperación visual del patrimonio perdido: Conjuntos desaparecidos de la pintura sevillana de los Siglos de Oro, publicado en 2012 por la Universidad de Sevilla. En este título, Valdivieso, junto con Gonzalo José Martínez del Valle, reconstruye un centenar de retablos con pinturas de la Sevilla del Siglo de Oro que se perdió a lo largo del tiempo, durante la Guerra de la Independencia, con el mariscal Soult como protagonista, la desamortización de Mendizábal o la Guerra Civil. Fue el trabajo concienzudo de años el que permitió reunir en un libro todo lo que ya no tiene Sevilla y está, hoy, repartido por el mundo.
Porque ese fue su gran afán: dimensionar el expolio de obras sevillanas, muy especialmente durante la invasión francesa a manos del mariscal Soult, y seguir trayendo hasta nuestros días un capítulo nefasto de nuestra historia. En la presentación del la reedición del libro Inventario de cuadros sustraídos por el Gobierno intruso en Sevilla en 1810, publicado por Renacimiento y el Centro de Estudios Andaluces en 2009 en el que firmó su prólogo, lanzó un mensaje: ese episodio de nuestra historia es "uno de los ejemplos de expolio artísticos más lamentables que vino a privar a Sevilla de gran parte de su parte de sus señas de identidad, su espléndido repertorio pictórico, para entonces muy superior al de Madrid y al de otras capitales europeas".
Y pidió a los medios durante aquella presentación, con los que siempre tuvo un trato cercano, "reivindicar y dar la lata" sobre este asunto, como está haciendo Grecia para pedir la vuelta de los mármoles del Partenón. Para emular el espíritu de los griegos, Valdivieso animó a iniciar "una campaña" no para recuperar lo perdido, "que a estas alturas es imposible", sino "para sacar los colores de quienes se han adueñado del patrimonio sevillano y todavía no se han disculpado".
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