Arte y arquitectura | Juan Cuenca Artista, arquitecto y fundador de Equipo 57
“Me gusta pensar que mi obra es atemporal, que podría hacerse hoy, mañana, o hace tres años”
El artista, arquitecto y fundador de Equipo 57 presenta su primera exposición individual en Sevilla, 'Esencial', un conjunto de pinturas y esculturas que confirma la potencia de su lenguaje artístico y la herencia de la expresión abstracta

Jorge Jiménez
Esculturas en madera o acero inoxidable, pinturas de un cromatismo vivo, volúmenes puros… Las obras de Juan Cuenca (Puente Genil, Córdoba, 90 años) que integran su primera exposición individual en Sevilla son fascinantes. También son esenciales porque aquí está la síntesis de una manera personal y rigurosa de encarar la vida y el arte. La muestra puede verse cada jueves por la tarde hasta el 13 de marzo en la sede de la Fundación Komun, en el número 8 de la calle Madre de Dios. La comisaria es la arquitecta y docente María Aguilar, que establece conexiones llenas de armonía y hondura entre las piezas y las estancias de la casa señorial que las acoge.
La fidelidad de Juan Cuenca a la expresión abstracta no se ha detenido desde aquel verano de 1957 en el que fundó con Agustín Ibarrola, Ángel Duarte, José Duarte y Juan Serrano el Equipo 57, colectivo pionero en modernizar e internacionalizar el arte español, del que es el único miembro que permanece. Para muchos andaluces Cuenca es también el arquitecto que intervino el Puente Romano de Córdoba y su entorno, la obra más examinada públicamente de cuantas realizó desde que en 1964 culminó sus estudios de Arquitectura en la Escuela de Madrid (el mismo año en que acabó la actividad del Equipo 57) y hasta su jubilación.
Esta entrevista en la sede de la Fundación Komun, que preside el arquitecto José Luis Jiménez, sucedió a la conversación que este viernes mantuvieron Juan Cuenca, el arquitecto Víctor Pérez Escolano y el pintor Luis Gordillo. Tres figuras esenciales en la relación entre Andalucía y la modernidad.
PREGUNTA. ¿Qué nos dicen estas obras reunidas de Juan Cuenca?
RESPUESTA. Me gustar pensar que mi obra es atemporal, que podría hacerse hoy, mañana o hace tres años. Picasso decía que, al pintar, quería mostrar lo que iba encontrando y no lo que buscaba, y también me apela esa idea machadiana de hacer camino al andar. Esta es la obra que me sale hacer. Tengo una serie de líneas de trabajo (tensión, inflexión, torsión, incisión, plegado, curvado, etcétera) y lo que hago es indagar y profundizar en ellas. Mañana pueden ser otros los temas que desarrolle pero ahora son estos. Expuse por primera vez en solitario en Madrid en 2014 y he querido, en mi primera individual en Sevilla, que haya mucha obra reciente: casi un tercio de las 35 obras expuestas son nuevas.

Obra de la exposición de Juan Cuenca / El Correo
P. Ha regresado al mundo del arte tras dejar su huella como arquitecto en numerosos proyectos, incluidas las estaciones de Plaza de Armas de Sevilla y la de autobuses de Córdoba, la ciudad donde reside y tiene el taller artístico al que acude cada día.
R. Los artistas mueren con las botas puestas, producen siempre. Yo lo he practicado en distintas vertientes del arte incluida la arquitectura. Pero mi primera decisión fue ser artista. Ya con doce años, en aquel mundo sin recursos de la posguerra, hacía figuras con el barro que cogía de una cantera arcillosa y que luego vaciaba en escayola. Me decanté por estudiar Arquitectura porque aún no existía la carrera de Bellas Artes y tuve que irme a Madrid, donde tuve la suerte de compartir aquellos años formativos con extraordinarios arquitectos con intereses artísticos, como Rafael Moneo.
P. En Sevilla expone esculturas en latón, madera, zinc o acero inoxidable, materiales que remiten también a su trabajo con el Equipo 57. ¿Qué permanece intacto de aquel tiempo en sus inquietudes?
R. El sentido de la racionalidad, el rigor en el trabajo y la necesidad de explicar por qué se hacen las cosas la heredamos todos los miembros del Equipo 57, y está en la siguiente obra que hicimos a continuación. Aquí es clave la relación que se da entre el material, la acción que se hace sobre el material y la forma final. Por ejemplo, la madera o el acero inoxidable son materiales que tienen la facultad de ser doblados y sujetos con un cable tensor lo que me permite hacerlos pasar del plano, que era su forma primitiva, al espacio. En todas mis obras, aunque se trate de pinturas, hay un reducto escultórico, tienen volumen. Pero no es nada nuevo, siempre he admirado las puertas del Baptisterio de Florencia con los relieves de bronce de Ghiberti.

Obra de la exposición de Juan Cuenca / El Correo
P. Coincidió con Luis Gordillo en una acción artística que él realizó mientras usted ejecutaba las obras del Puente Romano de Córdoba, por la que su estudio ganaría el Premio Europa Nostra 2014. ¿Qué destaca de aquella colaboración?
R. La obra del Puente Romano de Córdoba era muy compleja: por su extensión y por el lugar histórico que ocupaba. Mi estudio ganó el concurso para la intervención y la Junta de Andalucía organizó muchas actividades y conferencias para explicar lo que se estaba haciendo en aquel entorno tan específico al lado de la Mezquita-Catedral. Luis Gordillo fue encargado de diseñar y tratar los grandes telones que ocultarían las obras y para la primera fase pintó uno inmenso que cubría toda la Puerta del Puente. Se sustituía así una obra esencial del arquitecto Hernán Ruiz III, hecha con motivo de una visita de Felipe II a Córdoba, con otra de Luis Gordillo. Luego se acometió el otro extremo con la Torre de la Calahorra, que primero fue romana y luego árabe. A Gordillo lo conocía de la época del Equipo 57 pero nuestro contacto más directo se remonta a esos años de su intervención en el Puente Romano, a las idas y venidas a Madrid para supervisar la fabricación de las telas, y a las múltiples conversaciones que mantuvimos entonces.
P. Fue un reto y un privilegio que a Gordillo le dio muchas satisfacciones. Su estudio, sin embargo, tuvo que enfrentar sonoras e injustas críticas al principio. ¿Qué aprendió de aquella experiencia?
R. Ser arquitecto es muy comprometido. Yo siempre he pretendido hacer arte con la arquitectura o arquitectura artística. He hecho también urbanismo, he redactado el PGOU de Córdoba y he colaborado con el Plan General que se hizo en Sevilla en los años 80. Hacemos cosas muy grandes que todo el mundo ve porque son obra pública y la gente piensa que tiene la capacidad de opinar sobre ellas.
Siempre he pretendido hacer arte con la arquitectura o arquitectura artística. He hecho también urbanismo, he redactado el PGOU de Córdoba y he colaborado con el PGOU en Sevilla en los años 80
Las obras conviene que se entiendan y que los usuarios las aprecien o las critiquen, siempre que las críticas no sean destructivas. Sufrimos muchas de ese tipo en el caso del Puente Romano, que fue un trabajo muy cuestionado; ahora, en cambio, la gente lo disfruta, pasea por allí y está muy conforme. Pero ese trago primero, que hay que pasarlo, fue durísimo. Y exige que el arquitecto sea muy resistente y firme para que, cuando de algo que no ha nacido del todo se hacen críticas tan destructivas, sea capaz de aguantar el tirón, como se suele decir. Eso exige estar muy seguro de lo que se está haciendo y que la obra sea racional, que se pueda explicar y decir por qué se ha hecho eso. Ese rigor explica toda mi obra arquitectónica y también las piezas de esta exposición, es casi un eslogan. La ignorancia a veces da malas pasadas por parte del público. Hoy la obra que yo he hecho es muy celebrada y admirada, incluida la del Puente Romano.
P. ¿Cuál es su visión de este mundo de hoy en el que el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas de los españoles y del fenómeno desatado por los pisos turísticos, la falta de obra pública, los centros históricos tensionados?
R. Estamos en Europa donde el tema de la vivienda siempre lo ha resuelto el Estado. Los ingleses han sido pioneros pero también los austríacos y los italianos han ofrecido magníficos ejemplos de arquitectura pública de viviendas. Pero se nos ha puesto encima el mercado y se ha apoderado de la ciudad gente que no vivía allí. Se han vaciado los centros históricos expulsando a los vecinos a la periferia. La especulación ha sido terrorífica y la única salida que veo es que el Estado se vuelque de una manera masiva en la construcción de vivienda, que es, además, la tradición europea. Soy muy crítico también con esa parte de la sociedad que sueña con la vivienda como una inversión. Eso habría que denunciarlo. La gente tiene que ser realista y colaborar. Si la vivienda es una inversión se rompe la acción de los gobiernos de hacer viviendas para el uso y se deja sin el acceso a ella a muchísima gente.
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