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Arte y Patrimonio

De Velázquez a Zurbarán y Murillo: estas son las joyas del Barroco que Focus mudará a San Hermenegildo

El Ayuntamiento de Sevilla ultima los trabajos de rehabilitación de la antigua iglesia jesuita que será sede a partir de ahora de la Fundación Focus Loyola tras la inminente salida de esta institución del Hospital de Los Venerables

La directora general de la Fundación Focu, Anabel Morillo León, junto al lienzo 'Vista de Sevilla'.

La directora general de la Fundación Focu, Anabel Morillo León, junto al lienzo 'Vista de Sevilla'. / JULIO MUÑOZ / EFE

Patricia Godino

Patricia Godino

Sevilla

Cuenta atrás para la nueva etapa de la Fundación Focus. Creada en 1982 por Abengoa para promover la cultura en Sevilla, la fundación ha experimentado una transformación significativa en los últimos años al convertirse en la Fundación Focus-Loyola en 2022 tras la alianza con la Universidad Loyola Andalucía. La integración de Focus (Fondo de Cultura de Sevilla) en Loyola responde, fundamentalmente, a la crisis económica de Abengoa, que se llevó por delante no sólo esta marca sino la viabilidad de la pata cultural de la compañía fundada por Javier de Benjumea, que ha encontrado en Loyola una salvavidas y un nuevo motor.

En los próximos mese, Focus Loyola se asentará de manera definitiva en San Hermenegildo, que ya tiene prácticaremente lista la rehabilitación que ha acometidoel Ayuntamiento de Sevilla. Por la fórmula de la cesión demanial, el antiguo templo jesuita será cedido a Focus Loyola por 30 años, como ha adelantado El Correo de Andalucía.

Fundado en la segunda mitad del siglo XVI como colegio por los jesuitas, San Hermenegildo encaja perfectamente con el espíritu de la Fundación Focus Loyola y al legado de la Compañía de Jesús en Sevilla. Como gestora del Centro Velázquez, cuyo diseño y estudio corrió a cargo en su día del desaparecido Alfonso E. Pérez Sánchez, Focus Loyola debe acometer próximamente la mudanza de la valiosa colección de pinturas, auténticas joyas del Barroco, entre las que se encuentran obras depositadas por el propio Ayuntamiento, además de una importante serie de arte contemporáneo (con obras de Carmen Laffón o Guillermo Pérez Villalta), una biblioteca del barroco, una colección de estampas y el legado que allí depositó el añorado profesor. Entre los bienes muebles destaca el imponente órgano de estilo barroco, cuyo traslado, de hacerse, será uno de los movimientos más complejas de esta mudanza.

Estas son las grandes joyas de esta colección, según la descripción de la web de la Fundación, descritas en orden cronológico:

Vista de Sevilla. Hacia 1660. Anónimo.

Esta Vista de Sevilla puede considerarse, junto con la que conserva el Museo de América de Madrid, una de las más importantes y monumentales de la época. El lienzo describe un auténtico hervidero de gentes y trasiego de galeones y galeras, que era Sevilla en el siglo XVII. No se trata de una visión realizada con voluntad de exactitud topográfica, sino interesada en reflejar la variedad de actividades y ocupaciones sociales que mantenían a la ciudad en continúo movimiento, haciendo hincapié en los aspectos comerciales y la vocación marinera de su río, que singularizaron fuertemente la vida de los sevillanos durante el Siglo de Oro.

Vista de Sevilla (Anónimo, 1660)

Vista de Sevilla (Anónimo, 1660) / Fundación Focus Loyola

Inmaculada con san Joaquín y santa Ana, h. 1635. Herrera El Viejo

Herrera el Viejo, con quien Velázquez trabajó como aprendiz unos meses hacia 1610, es junto a Roelas, uno de los pintores clave del primer naturalismo sevillano. Formado en la retórica manierista de finales del siglo XVI, fue uno de los primeros artistas en dar el salto hacia la pintura por el natural. Esta obra retoma el tema de la Inmaculada a partir de las versiones de Martínez Montañés, consiguiendo trazar un discurso narrativo e iconográfico que reconstruye la estética más viva del momento, y que se complementa con la escultura del citado escultor y la pintura de Zurbarán sobre el mismo asunto.

Inmaculada con san Joaquín y santa Ana ( Francisco de Herrera el Viejo, 1635)

Inmaculada con san Joaquín y santa Ana ( Francisco de Herrera el Viejo, 1635) / Fundación Focus Loyola

Retrato de Juan Martínez Montañés, 1616. Francisco Varela.

Se trata de un cuadro depositado por el Ayuntamiento de Sevilla en el Centro Velázquez. El escultor Juan Martínez Montañés fue gran amigo de Francisco Pacheco, quién colaboró en la policromía de muchas de sus obras. El autor de esta pintura, Francisco Varela, también trabajó en la ciudad en la órbita del suegro y maestro de Velázquez, desarrollando un estilo de dibujo preciso y volúmenes contrastados que podemos considerar precedente del tipo de naturalismo experimentado por Francisco de Zurbarán. El lienzo, fechado en 1616, es además un testimonio perfecto del género del retrato en Sevilla evidenciando, sin duda, que el protagonista fue un personaje clave en el círculo de Pacheco.

Retrato de Juan Martínez Montañés (Francisco Varela, 1616)

Retrato de Juan Martínez Montañés (Francisco Varela, 1616) / Ayuntamiento de Sevilla

Inmaculada Concepción, h. 1617. Velázquez.

Desde el momento de su aparición en el mercado artístico internacional en 1990 suscitó un encendido debate en torno a su atribución, que oscilaba entre Alonso Cano y el joven Velázquez, cuando ambos compartían aprendizaje en el taller de Pacheco. No obstante, los estudios técnicos realizados en el Museo del Prado han evidenciado que la riqueza y densidad cromática de esta obra están en directa relación con las primeras obras seguras de Velázquez como la Inmaculada de la National Gallery de Londres, o la Adoración de los Magos del Prado, fechada en 1619.

Inmaculada Concepción (Diego Velázquez, h. 1617)

Inmaculada Concepción (Diego Velázquez, h. 1617) / Fundación Focus Loyola

Imposición de la casulla a san Ildefonso, 1622-1623. Velázquez.

Cuadro depositado por el Ayuntamiento de Sevilla. Este lienzo es una pieza clave para entender la importancia de Santa Rufina. Se pintó cuando Montañés esculpía el conjunto de Santa Clara, justo en el momento en que Velázquez se planteó marcharse definitivamente a la Corte. Representa el momento en el que la Virgen desciende del cielo para regalar a san Ildefonso una casulla como premio a sus desvelos en la difusión de su virginidad.

Se desconoce las circunstancias de su encargo, aunque probablemente fue pintada para el convento sevillano de San Antonio, en cuyo compás lo reconoció el conde del Águila a finales del siglo XVIII.

Imposición de la casulla a San Ildefonso (Diego Velázquez, 1622-1623)

Imposición de la casulla a San Ildefonso (Diego Velázquez, 1622-1623) / Ayuntamiento de Sevilla

Santa Rufina, 1629-1632. Velázquez.

Pintada ya en Madrid entre 1629 y 1632, el pintor sevillano recrea una de las iconografías más queridas en la ciudad, una de sus patronas. Santa Rufina tiene las facciones de una niña y se representa en solitario, sin su hermana Justa y sin la Giralda, habitualmente presente en las representaciones.

La obra ha tenido un recorrido de propietarios azaroso, integró en las colecciones de la Casa de Alba y salió de España y en 1868 se encontraba ya en poder de William Ward, primer Earl of Dudley, erróneamente atribuida a Murillo. A partir de ese momento ha pasado por diferentes coleccionistas y ventas internacionales, siendo recuperada definitivamente para Sevilla por la Fundación Focus en el año 2007.

Santa Rufina (Diego Velázquez, 1629-1632)

Santa Rufina (Diego Velázquez, 1629-1632) / Fundación Focus Loyola

Santa Catalina y Santa Inés. Francisco Pacheco, 1608

Estas obras de Francisco Pacheco proceden del retablo que poseía doña Francisca de León en la iglesia del Santo Ángel de Sevilla. Las dos tablas fueron adquiridas por el Deán López Cepero en 1804, cediéndolas en 1821 a la colección del rey Fernando VII. Constituyen un punto de partida para la pintura de Velázquez, que se formó en el obrador de Pacheco entre 1610 y 1616, consiguiendo dar el salto del manierismo reformado practicado por su maestro, a una pintura de raíz naturalista, que presta atención al modelo real.

Santa Catalina (i)  y Santa Inés(d) ( Francisco Pacheco, 1608)

Santa Catalina (i) y Santa Inés(d) ( Francisco Pacheco, 1608) / Fundación Focus Loyola

Sagrada Familia. Bartolomé Cavarozzi, h.1620

La obra del italiano Bartolomeo Cavarozzi, seguidor de Caravaggio, es crucial para entender el realismo en la pintura de Velázquez, ya que viajó a España entre 1617 y 1619, y con bastante seguridad el joven sevillano tuvo que ver obras suyas en la ciudad. El intenso naturalismo de matriz caravaggiesca que se percibe en las figuras de san José, la Virgen y el Niño convive a la perfección con las primeras obras del joven Velázquez. De este modo, se puede explicar su importancia como uno de los principales catalizadores de la pintura realista en España.

Sagrada familia ( Bartolomeo Cavarozzi, 1620)

Sagrada familia ( Bartolomeo Cavarozzi, 1620) / Fundación Focus Loyola

Fray Pedro de Oña. Francisco de Zurbarán, h.1629

Procedente del convento de la Merced de Sevilla, este lienzo pasó al convento de hermanas Mercedarias en 1836, donde fue descubierto por el Marqués de Lozoya siendo adquirido por el Ayuntamiento de Sevilla un año después. El protagonista de la pintura es Fray Pedro de Oña (1560-1626) fraile y predicador mercedario que llegó a ser obispo de Gaeta. Al igual que el resto de la serie fue pintado en torno a 1629, y responde a la tipología clásica de los monjes de Zurbarán, de perfil escultural, sobre fondo oscuro, y con hábito blanco realizado con asombrosa simplicidad y al mismo tiempo con gran riqueza de matices. Se trata de una obra depositada por el Ayuntamiento en la Fundación Focus.

Fray Pedro de Oña ( Francisco de Zurbarán, 1629)

Fray Pedro de Oña ( Francisco de Zurbarán, 1629) / Ayuntamiento de Sevilla

Inmaculada. Francisco de Zurbarán, h.1620

Se trata de un lienzo depositado por el Ayuntamiento de Sevilla en el Centro Velázquez. Zurbarán puede ser considerado como Murillo, el pintor de las Inmaculadas, pues las pintó a lo largo de toda su carrera, desde sus primeros años sevillanos hasta sus últimos años madrileños. La obra ingresó en el Ayuntamiento en 1837 procedente del convento del Pópulo. La Virgen, estática y con mirada dirigida al cielo, gravita sobre una media luna y cuatro cabezas de querubines ante una masa luminosa de nubes doradas que resaltan su movida silueta, más alargada respecto a sus versiones anteriores. Esta tipología enlaza con otra pintura similar conservada en el Museo Cerralbo de Madrid, que presenta, no obstante, particularidades iconográficas diferentes.

Inmaculada ( Francisco Zurbarán, 1650)

Inmaculada ( Francisco Zurbarán, 1650) / Ayuntamiento de Sevilla

San Pedro penitente de los Venerables. Bartolomé Esteban Murillo, h. 1675

La pintura es sin duda una de las obras maestras del periodo de madurez de Murillo y fue realizada seguramente por encargo del canónigo de la Catedral de Sevilla Justino de Neve, amigo y protector del artista, que en su testamento (1685) decidió legarla al Hospital de los Venerables, hasta este julio sede de la Fundación Focus.

El tema de San Pedro penitente o en lágrimas fue ampliamente difundido en la pintura española del siglo de Oro, pues dentro del ambiente de la contrarreforma católica resultaba muy adecuado para transmitir la idea del arrepentimiento, la confesión y la penitencia que devuelven el alma caída al estado de gracia. Murillo lo había representado con anterioridad en otro lienzo conservado en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde evidencia el tono de intenso naturalismo característico de una etapa todavía relativamente temprana de su producción.

San Pedro penitente de los Venerables (Bartolomé E. Murillo, 1675)

San Pedro penitente de los Venerables (Bartolomé E. Murillo, 1675) / Fundación Focus Loyola

En 1810, durante la invasión napoleónica, el lienzo fue expoliado y trasladado a París, pasando algún tiempo en la colección del Mariscal Soult. Tras su muerte en 1851 fue vendido y enviado al Reino Unido donde ha permanecido durante más de ciento cincuenta años oculto a la vista pública, tan sólo conocido mediante una fotografía publicada por Diego Angulo en los años setenta del pasado siglo. Nuevamente localizado por Gabriele Finaldi en 2011 pudo verse en la exposición Murillo y Justino de Neve, el arte de la amistad, organizada por el Museo del Prado, la Fundación Focus y la Dulwich Picture Gallery; y en una acción de recuperación patrimonial fue adquirido en 2014 por Abengoa.

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