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Obituario

Teresa Torres, adiós a la gran mecenas de la calle Rosario

Impulsora de proyectos culturales desde el Café de Levante, la modista sevillana e Hija Adoptiva de Cádiz deja huérfana a la comunidad de artistas e intelectuales que siempre encontró en ella complicidad, apoyo, inspiración y afecto

Teresa Torres (Sevilla, 1950-Cádiz, 2026), en una imagen de su facebook personal tomada durante la Feria del Libro de Cádiz.

Teresa Torres (Sevilla, 1950-Cádiz, 2026), en una imagen de su facebook personal tomada durante la Feria del Libro de Cádiz. / El Correo

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Charo Ramos

Charo Ramos

Llegó a Cádiz con 25 años y, en medio siglo, logró convertir su ciudad de adopción en una suerte de pequeño París. Con esa vocación de templo cultural y de vanguardia abrió en 1992 sus puertas el Café de Levante y, de todos los proyectos que emprendió la modista y empresaria Teresa Torres (Sevilla,1951-Cádiz, 2026), es el que mejor representa su legado.

En un país polarizado, Tere Torres era capaz de unir a todas las Españas. Cuando su marido, Rafael Román, optaba a la alcaldía de Cádiz por el PSOE tras haber sido presidente de la Diputación, ella seguía diseñando trajes para una de sus mejores clientas, la regidora del PP Teófila Martínez, cuyas medidas, elegancia y tallaje siempre alabó. En su taller de la calle Isabel la Católica, con el diseñador Javier Cosano, se vestían por igual marquesas que estudiantes, amas de casa que empresarias. Con respeto y valentía, Torres siempre defendió sus ideas y sus lealtades personales desde una exquisita amabilidad.

La diseñadora Tere Torres

La diseñadora Tere Torres / El Correo

Sus vestidos vaporosos de flamenca, con tejidos que ella misma estampaba, anticiparon muchos de los rasgos que las pasarelas de la capital andaluza han popularizado años después. Le gustaba tanto el flamenco que no se perdía un recital pero soñaba con darse una pataíta por bulerías y lo logró tras años de estudio y convivencia en peñas como la de Juanito Villar. En las zambombas que cada 24 de diciembre organizaba en el Café de Levante, su baile era el momento más cotizado.

Ese amor por la danza flamenca la llevó a vestir durante años a la compañía de Sara Baras y, más recientemente, a inspirarse con la soleá de María Moreno, en la que supo ver la gran estrella que es hoy. El interés desembocó en su proyecto expositivo junto con la fotógrafa Beatriz Hidalgo, Poderío, que colocó en el mapa su trabajo como estilista, que iba mucho más allá del diseño y confección de un traje. La de Tere Torres era una apuesta integral con horas de investigación en los tejidos, la Historia de la moda y el legado de los grandes maestros, como Balenciaga. Pero sin descuidar nunca algo esencial: su clientela, el mercado en el que trabajaba, las carácterísticas singulares de Cádiz, adaptando a presupuestos y cuerpos diversos sus patrones.

Tere Torres

Tere Torres / El Correo

Una de las facetas donde ella destacó también fue la literaria. Tere Torres no pudo estudiar en la Universidad porque, al quedar huérfana con 14 años, empezó pronto a trabajar. Pero leía y sabía más de poesía que muchos catedráticos, como reconocerían sus grandes amigos escritores, entre ellos Felipe Benítez Reyes y Juanjo Téllez. El premio literario que patrocinó y al que da nombre su café es otro de sus legados. Cuando participé como jurado en la edición en la que la escritora Almudena Grandes iniciaba el relato que debían completar los concursantes, recuerdo que Tere se leía todos los originales y participaba, con voz pero sin voto, en las diversas votaciones que un generoso Javier Osuna lideraba y moderaba. Torres deja huérfana también a la comunidad de amigos escritores a los que siempre dio un lugar para presentar sus novelas, para compartir sus cuentos o procesos creativos, en ciclos, tertulias y actividades que convirtieron el Café de Levante en un aula magna.

La conocimos, cómo no, gracias a Fernando Quiñones, referente literario y revulsivo cultural de Cádiz cuyo modelo de mecenazgo encontraría en ella a la mejor continuadora. Fue musa de todos cuantos querían ser artistas, de cualquier disciplina, en esta ciudad atlántica de casas entonces desvencijadas en la que pocos turistas se adentraban. Construyó un Cádiz más luminoso y bello, culto, acogedor y mestizo, en un café donde todo el mundo encontraba su sitio. Y, aunque siempre quiso tener una habitación propia en Sevilla, ya fuera en su última casa en el Tardón o en el estudio que alquiló en la calle Gamazo, encarnó, a la manera de Fernando Villalón, que el mundo se divide en dos grandes partes, Sevilla y Cádiz. Y aquí, a este lado del mar, nos ha dejado solos.

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