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Patrimonio

El Ayuntamiento de Sevilla inaugura este viernes la exposición de Focus con Velázquez y Murillo como protagonistas

La Sala Capitular Baja acoge hasta el próximo 30 de mayo una selección, comisariada por Juan Suárez, de cuatro obras de la colección de la Fundación, que trabaja en estos momentos en la adaptación museográfica de la Sala San Hermenegildo

El cuadro Santa Rufina de Velázquez, en una imagen de archivo.

El cuadro Santa Rufina de Velázquez, en una imagen de archivo. / EFE

Patricia Godino

Patricia Godino

Sevilla

Cuatro joyas del Barroco sevillano, cuatro cuadros que resumen una época irrepetible y un traslado cargado de simbolismo. La Fundación Focus Loyola vuelve a escena, aunque sea de forma provisional, con una exposición gratuita en la Sala Capitular Baja del Ayuntamiento de Sevilla que se inaugurará este viernes y permanecerá abierta hasta el próximo 30 de mayo, según fuentes municipales, que con esta fecha dan por fin cumplimiento a un compromiso adquirido (y anunciado) desde hace casi un año. Una parada intermedia antes de su instalación definitiva en la iglesia de San Hermenegildo, llamada a convertirse en su nueva casa y que está en obras desde la cesión del edificio a esta fundación por 30 años.

La muestra, comisariada por el artista Juan Suárez, reúne algunas de las piezas más valiosas de la colección Focus, un conjunto fundamental para entender los primeros pasos de Diego Velázquez en su ciudad natal y el esplendor de la pintura barroca sevillana. Sobre las paredes, cuatro obras que concentran buena parte del debate académico de las últimas décadas: San Pedro penitente de Murillo, Santa Rufina y La imposición de la casulla a San Ildefonso, ambas de Velázquez, y la enigmática Vista de Sevilla, de autor anónimo.

No es una selección casual. Se trata de las piezas más cotizadas de la colección, auténticos iconos que, por sí solos, justifican la visita. Especialmente el San Pedro penitente, pintado por Murillo hace ahora 350 años por encargo de Justino de Neve, figura clave en la Sevilla del siglo XVII. La obra, que formó parte del Hospital de los Venerables hasta la invasión napoleónica, arrastra tras de sí una biografía tan intensa como su carga emocional. Expoliada por las tropas de Soult y llevada a París, su historia sigue hoy abierta en un complejo escenario judicial ligado a la quiebra de Abengoa. La Junta de Andalucía ha pedido al Gobierno de España que esta pieza se quede en Sevilla y, en concreto, en la colección del Museo de Bellas Artes.

La exhibición pública de estas piezas supone, en este contexto, algo más que una simple muestra temporal. Durante décadas, estas obras han formado parte del relato cultural de la ciudad desde el Hospital de los Venerables, sede de la Fundación Focus durante los últimos 40 años y ahora en un proceso de adaptación para convertirlo en el Museo Catedralicio. Su salida de este espacio, propiedad del Arzobispado, marca el final de una etapa y el inicio de otra aún por definir.

El Ayuntamiento ha asumido el papel de custodio provisional y ha ido retrasando y postponiendo esta inauguración en varias ocasiones y por múltiples razones que operan en la siempre compleja burocracia municipal. Desde el pasado junio, los cuadros permanecen bajo tutela municipal, primero embalados y ahora expuestos tras la adecuación de la Sala Capitular Baja como espacio expositivo. Una solución de urgencia ante el retraso en la puesta a punto de San Hermenegildo, cuya adaptación museográfica ya ha comenzado y se prolongará durante varios meses. La previsión es que el nuevo espacio abra a lo largo de 2026, aunque no hay una fecha concreta.

Reclamo en la Plaza Nueva para la primavera

Mientras tanto, la ciudad tiene la oportunidad de contemplar de cerca cuatro obras maestras en una exposición que aunque muy modesta en el número de obras, según fuentes municipales, tiene el objetivo de convertirse en uno de los reclamos de la primavera en la Plaza Nueva, en la que, en términos de exposiciones, cuenta con la de las obras del Hospital de la Caridad en el Museo de Bellas Artes y la muestra sobre la trayectoria y legado de la duquesa de Albaen el Palacio de Dueñas, entre otros hitos de la oferta cultural.

La Santa Rufina, adquirida en Sotheby’s en 2007 por más de 12 millones de euros, es uno de los ejemplos más tempranos del genio de Velázquez. A su lado, La imposición de la casulla a San Ildefonso, una obra de titularidad municipal depositada en la colección Velázquez de Focus, aporta esa lectura sobre los inicios del pintor sevillano, en diálogo con la producción de sus contemporáneos.

Y, por su parte, La Vista de Sevilla añade una dimensión distinta: la del paisaje urbano como testimonio de una ciudad en plena efervescencia artística y económica. Un contrapunto que completa el discurso de la muestra.

No faltan, sin embargo, las voces críticas. Parte del mundo académico considera que estas obras deberían depositarse en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde su conservación y contextualización resultarían más adecuadas. Entre debates, traslados y proyectos futuros, lo cierto es que estas cuatro pinturas vuelven a estar, al fin, al alcance del público.

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