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Patrimonio

El Greco que salió del Palacio de la Motilla ya se expone al público en Barcelona: historia del cuadro que perdió Sevilla

La obra, presentada en público este martes en la sede de la colección Casacuberta-Marsans, dialoga con el modernismo catalán y la relectura de El Greco en la pintura española contemporánea

Patricia Godino

Patricia Godino

Sevilla

El Cristo en la Cruz de El Greco que durante siglos ha estado vinculado al marquesado de la Motilla ya se expone al público en Barcelona. La obra, fechada hacia 1585-1590, ha sido incorporada a la colección Casacuberta Marsans y ocupa desde esta semana un lugar central en la renovada presentación del conjunto en el Hospital de St. Saver, en el corazón del barrio gótico de Barcelona. Con ese movimiento, una de las piezas más singulares y menos vistas del patrimonio artístico sevillano, sale de la órbita privada de una gran casa nobiliaria andaluza para integrarse en una colección catalana que ha decidido convertirla en uno de sus ejes expositivos.

La obra de El Greco pasó su particular calvario y fue un artista ignorado hasta que fue reivindicado en la Cataluña de fin de siglo, cuando modernistas como Rusiñol lo incorporaron a su imaginario artístico. También Zuloaga alimentó ese fervor coleccionista, pero fue en espacios como el Cau Ferrat de Sitges donde el cretense empezó a convertirse en un símbolo de modernidad.

El exdirector del Museo del Greco de Toledo Juan Antonio García Castro ha subrayado, en declaraciones recogidas por Europa Press, que se trata de un cuadro "excepcional dentro de esta bombonera" en el Hospital de Sant Sever, y que es una obra icónica dentro de la serie de crucifixiones que realizó el artista: todo en la composición, el alargamiento del cuerpo, la verticalidad, ese naturalismo y los colores, responden a ese lenguaje inconfundible de El Greco, uno de los grandes maestros universales de la Historia del Arte.

El dossier de la colección recuerda además que la primera referencia documentada a la existencia de esta pintura data de 1908, cuando Manuel B. Cossío la menciona en su conocida monografía sobre El Greco. La noticia le habría llegado a través del crítico alemán Julius Meier-Graefe, que años antes visitó el palacio sevillano junto a José Castillejo. De aquella visita quedó una observación muy expresiva sobre un cuadro guardado en "un rincón oscuro de la capilla", casi como si el destino del cuadro hubiese quedado fijado desde entonces: admirado por unos pocos, pero lejos de la vista pública. Meier lo calificó de "colosal".

La primera referencia publicada es la monografía de Manuel B. Cossío en 1909 que menciona la visita del crítico almenán Julius Meier-Graefe, que puso en valor al artista cretense, y que en una visita al palacio sevillano observó un cuadro "colosal" guardado en "un rincón oscuro de la capilla"

Ese destino semisecreto ha acompañado a la obra durante buena parte de su vida moderna. El Cristo en la Cruz apenas ha estado visible en público. Los registros sólo dan constancia de la exhibición de esta obra en 2014, en Toledo, con motivo del Año Greco. Las otras dos son fechas más recientes: a finales de 2022 viajó a Budapest como parte de la gran antológica sobre el artista cretense. Y tras este viaje se pudo ver en público en el Hospital de Los Venerables, la sede de Focus Loyola, fundación de la que es patrono el marqués de la Motilla, desde marzo hasta al menos finales de septiembre de 2023. Para entonces, ya se había vendido el Palacio de la Motilla. Y el cuadro buscaba casa.

El marqués ya vendió por 2,2 millones una serie de encochados al Ministerio

Las fuentes consultadas, que prefieren mantenerse en el anonimato, sitúan ahí el momento en que Miguel Solís, marqués de la Motilla, quiso deshacerse del cuadro. En 2022, Sevilla vivió con "estupor" -por recoger uno de los titulares de la época- la venta del Palacio de la Motilla, en la esquina de la calle Laraña con la calle Cuna a Mario López Magdaleno, el dueño de Magtel. Pero no era sólo el edificio lo que estaba en venta.

Sin declaración como Bien de Interés Cultural ni visos de que ninguna administración -ni Junta, Ayuntamiento- o particular diera el paso para blindar la salvaguarda patrimonial del cuadro, el marqués, como legítimo propietario, ha tenido manos libres para hacer lo que ha hecho: vender el cuadro sin más problemas que el precio que pidiera por él. Las fuentes hablan de que el aristócrata se habría asesorado para dejar ver el lienzo en distintos foros con el objetivo de llamar la atención de intermediarios y marchantes. Quien conoce el mundo del arte sabe cómo que en estos círculos se trabaja con dos herramientas: discreción y determinación. Sólo así se cierran operaciones de cifras escandalosas sin que trascienda.

Un enconchado procedente del palacio de Los Motilla, comprado por el Ministerio, que representa la Virgen de Guadalupe.

Un enconchado procedente del palacio de Los Motilla, comprado por el Ministerio, que representa la Virgen de Guadalupe. / Ministerio de Cultura

Cosa diferente es cuando las compra el Estado. A finales de 2025, el Ministerio hacía público la compra de nueve ‘enconchados’, óleos sobre tabla con incrustaciones de nácar, por un valor de 2,2 millones de euros, la compra de mayor importe de un conjunto de bienes culturales del pasado año. Las pinturas, de finales del siglo XVII y producidas en el virreinato de Nueva España, procedían de la colección de los marqueses de la Motilla y ocupaban la capilla del palacio de los Solís en Sevilla. El Ministerio ha decidido adscribirlas al Museo de América.

Los nuevos dueños no dan datos del coste de la operación

Salvo cuando se trata de subastas públicas, las operaciones entre particulares raras veces trascienden. Preguntados los detalles de esta operación, fuentes de la colección Casacuberta-Marsans rehúsan dar cifras ni el contexto en que los coleccionistas estuvieron frente a frente la obra por primera vez y se limitan a celebrar la incorporación de este lienzo que promete ser una de las estrellas centrales del recorrido para el visitante.

Fuentes de Casacuberta-Marsans rehúsan dar cifras ni el contexto en que los coleccionistas estuvieron frente a frente la obra por primera vez y se limitan a celebrar la incorporación de este lienzo como pieza estrella del recorrido

La colección del matrimonio Fernando Casacuberta-Coty Marsans ha querido subrayar precisamente ese valor. La incorporación del lienzo refuerza la presencia de El Greco en Barcelona, la ciudad que detrás de Toledo y Madrid más Greco tiene en España. Y lo sitúa en diálogo con obras y autores que testimonian la fascinación que el pintor despertó entre los modernistas catalanes y, más tarde, entre artistas como Zuloaga o Gutiérrez Solana. El cuadro entra a formar parte de una narración cultural ya construida, en la que El Greco aparece como antecedente espiritual y estético de una sensibilidad moderna.

Esta obra de El Greco articula la nueva selección de 46 obras en exposición, en la que la pintura dramática del artista con la tradición de la España negra y con el modernismo catalán, que reivindicó su revalorización ensalzando su expresión de las emociones sobre el realismo. El jefe de colecciones de los Museus de Sitges, Ignasi Domènech, según recoge Europa Press, ha afirmado que los modernistas catalanes veían a El Greco como "el futuro, no el pasado" y resaltaban su pintura desde la simbología y el alma.

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