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Música

Lucas Macías, director titular de la ROSS: "Sevilla y la Sinfónica piden a gritos un auditorio propio"

Tomó las riendas de la dirección artística de la Orquesta en septiembre y, desde entonces, este oboísta de Valverde del Camino ha dejado su sello en el programa y en el espíritu entusiasta que, junto al gerente Jordi Tort, imprime a esta nueva etapa en la que reclama abiertamente un auditorio para que la orquesta crezca

VÍDEO | Lucas Macías, Director Titular de la ROSS: "Sevilla y la Sinfónica piden a gritos un auditorio propio"

Lucas Macías, Director Titular de la ROSS / Marina Casanova

Patricia Godino

Patricia Godino

SEVILLA

El primer recuerdo que tiene de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla es el de esos días en que su padre cogía el coche desde su Valverde natal y le llevaba a Sevilla para los conciertos que se sucedían en esa primera etapa luminosa e ilusionante de la ROSS, la orquesta pública fundada en 1990 de la mano del Ayuntamiento y la Junta de Andalucía. El adolescente que se empapó desde niño de todas las expresiones artísticas, como extensión de esa pasión de sus padres, aprendió a amar la música en directo viendo a los grandes maestros coger la batuta desde el atril del Maestranza y ya luego vino una carrera internacional marcada por la excelencia.

Desde septiembre de 2025, Lucas Macías (Valverde del Camino Huelva, 1978) tiene el honor de dirigir esta orquesta a la que aporta todo su bagaje como oboísta de élite en algunas de las mejores orquestas del mundo, pero también el convencimiento de que la música ha sido y es, en su caso, "el mayor asidero" en los momentos más duros de su vida, como el fallecimiento en 2022 de su mujer, la terapeuta y artista multidisciplinar Annette Haeberling, con la que tuvo dos hijos, que aparecen de forma constante en la conversación que mantiene con El Correo de Andalucía en el Teatro de la Maestranza, sede de la orquesta.

Tras años de incertidumbre y muchos cambios en la dirección artística, la ilusión y la calma han regresado a la ROSS y eso se refleja en el fervor con el que los abonados responden a cada nuevo concierto. Reinvindica una idea de orquesta unida al arraigo, a la educación y a la vida de la ciudad. Este jueves y viernes, coge la batuta de nuevo en un nuevo concierto del ciclo de abono para adentrarse en el universo de los Mendelssohn con una lectura que amplía el foco más allá del repertorio más conocido. Se le nota contento.

PREGUNTA. ¿Cómo un niño de Valverde del Camino se convierte en un gran director de orquesta y en un oboísta de carrera internacional?, ¿en qué momento nace la vocación musical?

RESPUESTA. Detrás hay unos padres que proponen, que apoyan y que sacrifican mucho tiempo con los amigos y con la familia para llevarte a estudiar. Yo, por ejemplo, estuve dos o tres años en Granada con el primer oboe de la Orquesta Ciudad de Granada; después, en Córdoba, donde hice el grado medio y el superior. He tenido siempre a mis padres detrás, apoyando y, sobre todo, teniendo mucha mano izquierda en los momentos difíciles.

Recuerdo que, con once, doce o trece años, sinceramente, no tenía tantas ganas de estudiar música. Me apetecía más estar en los campeonatos entre colegios y en otras cosas propias de esa edad. Ahora, que soy padre, me doy cuenta de que mis padres lo hicieron muy bien: tuvieron disciplina y paciencia. Luego sí fue naciendo en mí, poco a poco, una pasión por la música, que es la que después te da toda la energía y te hace entender que tienes que dedicarte a esto.

P. ¿Recuerda cuáles fueron los primeros compositores que le conmovieron?, ¿se escuchaba música clásica en casa?

R. Muchísima. Yo empecé escuchando desde grabaciones con oboem conciertos de Albinoni o Vivaldi, hasta Richard Strauss o Mozart. Muy pronto escuché música de muchos estilos, porque en mi casa se oía música sin pausa.

P. ¿Viene de familia de músicos?

R. No, mis padres no son músicos, pero sí han sido siempre grandes melómanos. Tenían muchos vinilos y también mucha enciclopedia musical. En mi casa se ha respirado un ambiente muy musical y por eso fue posible convencerme de que esto era algo apasionante y de que merecía la pena.

P. Después se marchó fuera a estudiar y a empezar un largo recorrido internacional.

R. Sí. Cuando termino en Córdoba y Granada me voy al extranjero. Primero a Zúrich, en Suiza; luego a Friburgo; después, a la Academia Karajan de la Filarmónica de Berlín; más tarde, a Ginebra. Han sido muchos años estudiando en muchas ciudades.

P. Hasta convertirte en un oboísta casi imprescindible en muchas orquestas del mundo.

R. Empiezo en la Orquesta de Cámara de Lausana, en Suiza, y a los dos años gano la plaza de primer oboe en Ámsterdam, en el Concertgebouw, una de las orquestas más famosas del mundo. Allí estuve ocho años trabajando como primer oboe. Y fue ahí cuando decidí parar, volver un poco atrás y empezar a estudiar dirección. Me fui a Viena a estudiar.

P. ¿Qué le movió para querer cambiar de rol?

R. Muchos años tocando en la orquesta con prácticamente los mejores directores. He pasado años tocando con Claudio Abbado, con Bernard Haitink, con Mariss Jansons, con Nikolaus Harnoncourt... Los tenía delante de mí semana tras semana. Eso me inspiró muchísimo.

Además, el oboe no es un instrumento con un repertorio como el piano o el violín. No tiene conciertos de Beethoven o Brahms; es un instrumento con un repertorio más limitado. Pensé que no quería pasarme toda la vida estudiando un repertorio pequeño. Y tampoco quería hacer música siempre a través de mi instrumento. Lo que más me gusta del mundo de la música es el estudio de la partitura.

P. ¿Qué aprendió de esos grandes maestros a los que miraba de frente durante tantas horas de ensayo y concierto?

R. Sobre todo, una actitud: que lo principal es la música y no el intérprete. Hoy eso a veces se malinterpreta. Yo creo, y eso lo he aprendido de los grandes, que lo principal es la música y el compositor, y que el intérprete está ahí para servir a la música, no al revés; no para servirse de ella y sacarse brillo a sí mismo. Esa era una constante en todos esos directores.

Lo principal es la música y el compositor, y que el intérprete está ahí para servir a la música, no al revés; no para servirse de ella y sacarse brillo a sí mismo.

P. Ese pensamiento de músico, ¿cómo enriquece su labor como director?

R. Creo que al músico hay que darle, ante todo, confianza. En general, a las personas. Cuando uno tiene confianza puede dar lo máximo. Esa era también la tónica general en ellos: confiar en el músico para que dé lo mejor de sí mismo. Y luego, concentración y dedicación total y exclusiva a lo que estamos haciendo, que es interpretar la música lo mejor posible, en un ambiente de tranquilidad y cordialidad, sin presionar.

P. Ha llegado hace poco a la Sinfónica de Sevilla.

R. He empezado como titular en septiembre. La presentación fue en mayo de 2025, pero realmente he empezado ahora.

P. ¿Qué esperana de la Sinfónica de Sevilla antes de aterrizar aquí? ¿Y en qué momento está ahora?

R. Han sido meses muy interesantes. La orquesta se está regenerando muy bien. Hay un núcleo de jóvenes miembros que son maravillosos. En realidad, es un grupo estupendo en general. Hemos hecho repertorio muy difícil: Mahler, Strauss -Una vida de héroe-, la Segunda y la Quinta de Mahler, repertorio impresionista, Debussy, Ravel... Es una orquesta muy versátil y con mucho nivel. Creo que puede brillar mucho.

Es importantísimo que los políticos sepan que una orquesta es una joya, no solo a nivel cultural, también educativo

El reto ahora es darle tranquilidad. Que haya un compromiso político y social total. Es importantísimo que los políticos sepan que una orquesta es una joya, no solo a nivel cultural, también educativo. Mis hijos están viniendo a los conciertos educativos y son una maravilla. Hace poco hicieron un programa con Abraham Cupeiro y llegaron a casa entusiasmados. Eso dice mucho de lo que puede hacer una orquesta en una ciudad.

P. Entonces a su juicio, la orquesta, a nivel nacional, es una de las mejores.

R. Sin duda. Mi deseo es que haya una conciencia política, que a veces es difícil, de que hay que atender las necesidades de la orquesta: cubrir vacantes, garantizar estabilidad, todo lo que conlleva eso. Si se logra ese clima de tranquilidad, la orquesta puede demostrar y alcanzar límites altísimos, porque individualmente hay músicos de muchísima calidad. Algunos los conozco desde hace años y son maravillosos.

Y, por supuesto, hace falta mantener con el Teatro de la Maestranza una coordinación impecable, para que la orquesta pueda tener su sitio aquí sin problemas.

P. ¿Cree que la Sinfónica de Sevilla merece ya ese un espacio propio, un auditorio?

R. Totalmente. Una ciudad tan importante no puede seguir sin un auditorio sinfónico de referencia. Hay ciudades mucho más pequeñas en España que tienen auditorios maravillosos.

Una ciudad tan importante no puede seguir sin un auditorio sinfónico de referencia. Hay ciudades mucho más pequeñas en España que tienen auditorios maravillosos

No puede ser que la ROSS tenga que compartir escenario con el Teatro de la Maestranza, que es una maravilla, pero que tiene además una actividad escénica completísima, prácticamente diaria. Eso hace que coordinar agendas sea dificilísimo. Yo creo que en Sevilla habrá lugares donde se pueda construir un auditorio magnífico, donde los abonados y el público puedan escuchar a su orquesta en las mejores condiciones y con una acústica de referencia. Creo que Sevilla y la ROSS lo piden a gritos.

P. ¿Y qué quiere potenciar artísticamente en la orquesta? ¿Cuál es su reto como director?

R. A mí me encantaría sacar un poco a la ROSS de Sevilla. No solo por los grandes escenarios y festivales españoles, sino también a nivel internacional. La orquesta ya ha salido de gira en otras etapas y eso es muy importante. Llevar el nombre de Sevilla fuera es fundamental. Oxigena al músico, lo motiva muchísimo, y creo que es imprescindible.

Llevar el nombre de Sevilla fuera es fundamental. Oxigena al músico, lo motiva muchísimo, y creo que es imprescindible

P. Recuerdo años de mucha tensión e incertidumbre en la Sinfónica. ¿Eso ya ha quedado atrás?

R. Han sido años muy difíciles, muy oscuros, en los que se ha tenido que batallar muchísimo. Pero ahora estamos en un momento muy tranquilo, muy bueno. Hay una relación maravillosa con José Vélez, secretario general de Cultura, y con Patricia del Pozo, consejera. Es importante que exista ese vínculo.

Yo ahora vivo en Sevilla y estoy encantado de poder cuidar también esa relación, porque forma parte de mi trabajo. La orquesta, a lo largo de su historia, ha tenido prácticamente siempre directores titulares extranjeros -exceptuando a Pedro Halffter- y, a veces, por una cuestión de idioma o de distancia, es más difícil tratar con los políticos. Yo estoy encantado de estar ahí, de mimar ese vínculo y de cuidar que las necesidades de la orquesta estén cubiertas.

P. Para eso también es importante que la ciudad la entienda como algo suyo.

R. Ese es, para mí, el gran reto. Mi mayor reto es meter a la ROSS en la vida social de esta ciudad. Que el sevillano se sienta identificado con su orquesta.

Mi mayor reto es meter a la ROSS en la vida social de esta ciudad. Que el sevillano se sienta identificado con su orquesta.

En eso estamos trabajando junto con Jordi, intentando que la orquesta no tenga solo una temporada sinfónica en la que puedas escuchar Mahler, Strauss o Mozart, sino que también esté presente en una proyección de cine, en la Bienal de Flamenco, en conciertos educativos, en actividades vinculadas a la Semana Santa... Se trata de estar realmente presente en muchos sectores de la sociedad. Para mí eso es lo más importante.

P. Y esa tarea la está compartiendo estrechamente con la gerencia. ¿Cómo es la relación con Jordi Tort?

R. Sí, con Jordi hay muy buena relación. Nos conocimos hace menos de un año y él está muy concentrado en eso. Es muy consciente de que la ROSS necesita que el sevillano se sienta identificado con ella, que sepa que tiene una orquesta sinfónica de gran nivel y que la sienta suya.

P. También es importante la educación musical. ¿Cómo ve la enseñanza de la música hoy? Mi impresión es que en España se ha estudiado música muy mal durante décadas.

R. Eso ha cambiado mucho. En el colegio sigue habiendo una asignatura de música y eso ya es importante, porque abre una puerta a muchos niños. Al principio parece una obligación, pero es una manera de acercarlos.

Y luego se ha avanzado muchísimo en conservatorios: elemental, grado medio, grado superior. Los resultados están ahí. Las dos grandes orquestas jóvenes europeas, la de la Unión Europea y la Gustav Mahler, cuando yo estuve en ellas, entre 1999 y 2004, apenas tenían seis o siete españoles. Estaban formadas sobre todo por alemanes y británicos. Hoy, España es el país que más jóvenes músicos aporta a ambas, con más de 30 integrantes. Eso lo dice todo.

Las universidades alemanas en las que doy clase están llenas de estudiantes españoles. También los hay en Suiza, Francia, Países Bajos, Reino Unido... ¿Qué está pasando? Que en España ya se está haciendo un muy buen trabajo en los conservatorios. Y además hay escuelas como la Reina Sofía, Musikene o la ESMUC, que permiten hacer una formación de alto nivel sin tener que salir fuera.

VÍDEO | Entrevista a Lucas Macías: "Los más grandes estaban delante de mi semana tras semana, eso me inspiró mucho"

Lucas Macías, Director Titular de la ROSS / Marina Casanova

P. Así que estamos en un momento muy bueno.

R. Maravilloso. Y lo que viene puede ser incluso mejor. Hay mucho talento en España y, especialmente, en Andalucía. Muchísimo. Pero además ahora hay un talento muy inteligente: jóvenes muy serios, disciplinados, con una ética de trabajo enorme. Eso, unido a que el nivel del profesorado ha subido mucho, explica lo que está pasando.

También hay una infraestructura notable en el resto de España. No en Sevilla, precisamente, pero sí en muchas otras ciudades. Hay salas de conciertos que son referencia mundial: Zaragoza, Las Palmas, Valencia, Madrid, Barcelona, San Sebastián, Bilbao... La infraestructura del país es magnífica. Por eso da todavía más pena que Sevilla no tenga un auditorio propio para su sinfónica.

P. ¿Ser músico y llegar a este nivel de excelencia exige mucho sacrificio?

R. Muchísimo. He tenido que dejar atrás a mi familia y a mis amigos porque me fui al extranjero. Y eso conlleva, en gran medida, una vida solitaria. Llegas a un país del que no hablas el idioma, donde no tienes amigos, donde no tienes el apoyo familiar. Es una carrera que exige un sacrificio descomunal. Por eso también mucha gente prefiere no irse.

P. ¿Diría que le ha merecido la pena? En los momentos personales más complicados, ¿ha sido la música tu gran asidero?

R. En mi caso, sí. La vida me ha cambiado mucho en los últimos años y, junto a mis hijos, la música me da alas. Gracias a mi trabajo y a ellos soy una persona feliz.

P. ¿Cuál es el momento más especial que ha vivido con la Sinfónica en este tiempo?

R. Le diría que ver que todos vamos a una, que compartimos un mismo barco, que hemos trabajado juntos, que la gente está convencida de lo que hacemos y que luego, en el concierto, la implicación es total. Eso es algo muy satisfactorio y muy emocionante. Lo bonito de este trabajo es precisamente eso: convencer a un grupo grande de personas para levantar una interpretación que después llegue al público.

Lo bonito de este trabajo es precisamente eso: convencer a un grupo grande de personas para levantar una interpretación que después llegue al público

P. ¿Se ve aquí, en la Sinfónica de Sevilla, durante mucho tiempo?

R. Eso depende de mi trabajo, claro, pero también de si los músicos están contentos conmigo y de si la gerencia también lo está. Yo no quiero estar en un sitio si los músicos no quieren que esté. Pero acabo de empezar y ojalá. Ahora vivo aquí, mis hijos van al colegio aquí, y esto me está dando algo que no había tenido nunca: vivir en una ciudad en la que también puedo trabajar, conciliar la vida familiar con la profesional. Para mí es un sueño.

P. ¿Ha mantenido el vínculo con su gente de Valverde?

R. Totalmente. Aunque se dediquen a profesiones muy distintas -periodistas, profesores-, nunca me han soltado de la mano. Siempre han estado ahí. Son mi tesoro.

P. Si tuviera que quedarse con un compositor ¿cuál sería?

R. Es difícil. Estoy entre Strauss y Mahler, pero quizá Mahler, porque lleva mucho tiempo acompañándome: como oboísta y ahora como director. He tenido la suerte de hacer Mahler con Claudio Abbado y con Bernard Haitink, y esos son momentos que no voy a olvidar nunca. Además, su música te lleva a los recuerdos de toda una vida. Tiene algo mágico.

Estoy entre Strauss y Mahler, pero quizá Mahler, porque lleva mucho tiempo acompañándome: como oboísta y ahora como director

P. Cuando habla de su vida aparece inevitablemente la familia. Su padre, por ejemplo.

R. Y mi madre también, que falleció hace dos años. Mi padre es un loco de la música, le encanta. Él me traía aquí cuando se creó la ROSS. Veníamos a escuchar conciertos y por eso yo conozco esta orquesta desde su nacimiento. Estuve incluso en las pruebas de acceso de oboe que se hicieron entonces en el conservatorio de la Jesús del Gran Poder. He visto realmente nacer esta orquesta. Y además, al tener a mi hermana trabajando aquí en el teatro, siempre que venía a Sevilla a verla coincidía con una ópera o con un concierto sinfónico. He seguido su evolución hasta hoy. Por eso le tengo también tanto cariño y tanto respeto.

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