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Toros en Sevilla

El idilio de Morante de la Puebla y la Maestranza: el trono del toreo tiene su nombre impregnado del arte de las marismas del Guadalquivir

El cigarrero pincha una faena histórica en la Maestranza

Ortega realizó una faena artista al segundo de la tarde y Hernández logró una oreja

Antonio Muñoz

Antonio Muñoz

Morante de la Puebla sigue escribiendo páginas doradas en la historia de la Maestranza. Su idilio es interminable con el coso del Baratillo. Esta tarde firmó ante Colchonero una de las mejores faenas que se le recuerdan, posiblemente comparada con el rabo cortado en 2023. La apoteosis llegó a la Maestranza este jueves de preferia.

Fue en el cuarto de la tarde de Álvaro Núñez. Tras no triunfar en su primero y espoleado por las faenas de sus compañeros, Ortega y Víctor Hernández. El maestro de la Puebla tenía guardada en sus muñecas una obra de arte de veinte minutos. Recibió a Colchonero con largas desde las tablas. Intentó emular la misma imagen de la pasada temporada. El toro salió sueltecito de salida pero el cigarrero lo recogió con el capote. Fueron unas verónicas ralentizando al animal y parando las agujas del reloj en el Baratillo. Ese era el aperitivo de la histórica faena que iba a montar en su Maestranza, la plaza que lo idolatra y lo acoge como si fuera su hijo. Uno de los platos fuertes llegaría cuando se fue a por los palos. Si como leen: ¡Morante iba a poner banderillas! Y menudos palos le puso. Cuarteando y juntando los rehiletes en la cara del toro.

El culmen llegaría cuando pidió una silla para colocar el último par al quiebro. Tuvo torería hasta para sentarse. Cruzó las piernas como si estuviera en su pueblo natal frente al río Guadalquivir. Citó al toro y quebró al animal. Una ovación retumbó en la Maestranza

morante 2

morante 2 / El Correo

Fue algo histórico del genio de la Puebla. Y Morante no se quería levantar de su trono. Ese mandato en el que domina todas las suertes del toreo. Inició su faena por ayudados por alto, lleno de sevillanía. Esa ciudad que tanto le quiere y tanto público joven atrae. Fueron derechazos sentidos, girando sobre los talones y aprovechando las embestidas nobles de Colchonero. Lo mejor llegaría al natural. O mejor definir, el natural que pasará a la historia de la Maestranza. ¡Las cosas del genio!

El toro fue apagándose ante el derroche artístico del mejor torero de la historia. Fue una faena breve pero intensa llena de derechazos, naturales, improvisación y de una calidad artística sublime. La pena fue el pinchazo de la obra. Se perdieron todas las opciones de un triunfo histórico y una posible salida al río Guadalquivir. Pero disfruten el tiempo que esté en el toreo porque privilegiado los aficionados que vieron a Morante este 16 de abril. A hombros se lo llevaron un grupo de jóvenes tras intentarlo sin éxito por la Puerta del Príncipe.

El arrebato de Juan Ortega

TSe acercaban las 19.00 de la tarde, cuando Ortega, de verde oliva y oro, se fue a la puerta de chiqueros para clavarse de rodillas. Algo inédito en su carrera. Se escapó de milagro cuando el toro se le frenó en el vuelo del capote. Se levantó y menudo lío le formó con el capote. Mentón en el pecho y meciendo el capote con ese pellizco trianero. La Maestranza vibró.

La faena a Campiñero fue de las mejores de su carrera. Una predisposición absoluta. De principio a fin. Se sacó al toro hasta los medios con una torería bellísima, andándole al morlaco, con doblones y con la rodilla genuflexa dejando el aroma en el albero del Baratillo. Las tandas con la diestra fueron apoteósicas. Citó Ortega con medio cuerpo, compás abierto y con la barbilla en el pecho. Hilvanó los pases girando , como si fuera un concierto de ballet, con una despaciosidad a la altura de los grandes maestros del toreo recordando al Pasmo de Triana o Pepín Martín Vázquez.

Fue una obra de arte de otros tiempos. Con la izquierda, el animal le puso en apuros. Ortega volvió a la diestra para poner la Maestranza boca abajo. Ralentizó a Campiñero en todos los muletazos detrás de la cintura con una grandiosa profundidad y pellizco. No tuvo la misma fortuna con la espada, tras caer baja, y perdió el triunfo importante que la Maestranza le iba a agradecer.

En el quinto no tuvo suerte con su oponente. Entre la adrenalina del faenón de Morante y las pocas virtudes del morlaco, costó mucho convencer al respetable. 

La quietud de Victor Hernández

El madrileño hacia su debut en la plaza de toros de la Maestranza. Demostró su valor puro en el segundo de la tarde por un quite por gaoneras que asustó a todo el personal de la plaza. Siguió por el mismo palo en el recibo a Aguaclara, el tercero de la tarde, alternando saltilleras y tafalleras. Hernández dejó su carta de presentación con una faena pura y un valor seco. Salvando las distancias evidentes, Hernández intenta beber de la fuente de José Tomás para torear con su muleta. Citando con los pies asentados y arrastrando la muleta. Muy mentalizado durante toda la faena. Se obsesionó mucho por la colocación al pitón contrario, siempre dando las ventajas al animal y apostando en todo momento.

Se sintió cómodo en ese terreno que quema a otros toreros. Muy técnico a pesar de su corta carrera. Lo mejor llegó al natural con muletazos sueltos del noble animal que le faltó más casta. El final a pies juntos, dándole la barriga y la figura erguida, fueron una delicia. Los mejores de la faena. Estocada en lo alto que le sirvió para lograr su primera oreja como matador de toros.

Se acaba este sexto festejo de abono. Morante ha marcado un antes y un después en la Maestranza. Su improvisación con el capote, el tercio de banderillas y los naturales eternos conquistaron a su Sevilla.

Ficha del festejo

Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Corrida de toros. Sexto festejo de abono. Lleno de "no hay billetes" . Toros de Álvaro Núñez

  • Morante de la Puebla, silencio y dos vueltas al ruedo.
  • Juan Ortega, ovación tras aviso y silencio.
  • Víctor Hernández, oreja tras aviso y palmas.
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