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Patrimonio

De costar 4.000 reales a joya del Museo de Bellas Artes: los dos cuadros de Goya que regresan definitivamente a Sevilla

El Ministerio de Cultura ha decidido destinar los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma a la pinacoteca hispalense tras la sentencia del Tribunal Supremo que reconoce su titularidad pública, los cuadros, que están actualmente en el Archivo General de Indias, fueron encargados a Goya en 1789 por los trabajadores de la Real Fábrica de Tabacos

Vista de lasd dos obras de Francisco de Goya, 'Carlos IV' y 'María Luisa de Parma', durante la inauguración oficial de la Muestra España 2013 el Museo de Arte Antiguo de Lisboa, Portugal.

Vista de lasd dos obras de Francisco de Goya, 'Carlos IV' y 'María Luisa de Parma', durante la inauguración oficial de la Muestra España 2013 el Museo de Arte Antiguo de Lisboa, Portugal. / EFE| JOSE SENA GOULAO / EFE

Patricia Godino

Patricia Godino

SEVILLA

De 4.000 reales de vellón a las galerías del Bellas Artes de Sevilla. Los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma que Francisco de Goya pintó en 1789 para la Real Fábrica de Tabacos entrarán en la colección permanente del Museo de Bellas Artes de Sevilla, cerrando así un largo periplo histórico, judicial y patrimonial. El Ministerio de Cultura de Ernest Urtasun ha comunicado este viernes a la Junta de Andalucía la adscripción definitiva de ambas obras al museo sevillano, después de que el Tribunal Supremo reconociera el pasado marzo que su titularidad siempre ha correspondido al Estado.

La decisión no solo pone fin al litigio abierto en 2017 por Altadis, empresa privada sucesora de Tabacalera S.A., sino que consolida además el vínculo profundo de estas pinturas con la ciudad para la que fueron concebidas. Sevilla fue su origen, su escenario festivo y su destino simbólico; ahora será también su sede estable.

Después de esta decisión judicial fueron varias las voces que reclamaron que estos lienzos se integraran de forma definitiva entre los fondos del Museo, entre ellos Benito Navarrete, catedrático de Historia del Arte de la Complutense de Madrid. "No hay otro destino mejor para estos cuadros que Sevilla y, en concreto, para su Museo", manifestó en declaraciones a este medio.

Actualmente, uno de los lienzos forma parte de la exposición temporal El arte de preservar la memoria, en el Archivo General de Indias, institución que custodia ambos retratos. Cuando la muestra se clausure el próximo 15 de junio, las dos obras serán trasladadas a la pinacoteca sevillana (de titularidad estatal y gestión autonómica), donde pasarán a integrarse de forma definitiva en el discurso expositivo.

En 2017 Altadis reclamó la propiedad de las pinturas

La historia de estos retratos resume, en cierto modo, los vaivenes del patrimonio público español. Encargados para la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, los cuadros fueron desplazándose entre Sevilla y Madrid al compás de las transformaciones administrativas del monopolio estatal del tabaco, hasta la creación de Tabacalera S.A. en el siglo XX.

Fue en 2017 cuando Altadis reclamó la propiedad de las pinturas, dando inicio a un prolongado contencioso con el Estado que quedó resuelto el pasado marzo con la sentencia del Tribunal Supremo, que confirmó su titularidad pública. Faltaba entonces decidir su destino final, ahora fijado en el museo sevillano.

La elección del Museo de Bellas Artes responde también a una lógica histórica. Francisco de Goya pintó estos retratos en 1789 por encargo de los trabajadores de la Real Fábrica de Tabacos con motivo de las celebraciones por la jura de los monarcas. Las obras fueron concebidas para exhibirse en el llamado Templo de la Fama, un monumento efímero levantado en la ciudad como parte de las galas del nuevo reinado.

Su incorporación permitirá al museo completar un episodio clave de la historia visual de Sevilla y dialogar con el otro Goya que posee la pinacoteca, el Retrato del canónigo D. José Duaso y Latre de 1824.

Los retratos, realizados en el mismo año de la Revolución Francesa, proyectan una imagen medida de los monarcas. En el caso de Carlos IV, Goya lo presenta con gesto afable, vestido de rojo y portando el Toisón de Oro, acompañado de los símbolos de la realeza. María Luisa de Parma aparece con vestido de seda azul, abanico en mano y la Orden de la Cruz Estrellada en el pecho, en una composición que combina elegancia y representación del poder.

Ambas pinturas tuvieron un coste de 4.000 reales de vellón, según el recibo firmado por Goya el 11 de mayo de 1789, en el que además se recoge que el pintor realizó el encargo sin la intervención de ayudantes. Más de dos siglos después, aquellas obras regresan definitivamente a Sevilla, la ciudad para la que fueron concebidas.

Los cuadros ya visitaron como obra invitada el Museo de Bellas Artes de Sevilla en 2014l, donde estuvieron expuestos durante dos meses, y a lo largo de los últimos años han formado parte de distintas muestras temporales, como la dedicada a la fragata Mercedes, en el Museo de Alicantes o la Muestra sobre pintura española en el Museo de Lisboa, en 2013.

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