Toros en Sevilla
Sevilla quiere a su Hijo Predilecto: Morante de la Puebla conquista su tercera Puerta del Príncipe en la Maestranza y procesiona por las calles en el Corpus
El cigarrero corta tres orejas en su regreso a la Maestranza tras la cornada y se lo llevaron hasta el hotel a hombros

Morante sale a hombros por la Puerta del Príncipe. / Joaquín Corchero / Europa Press
La Corrida del Corpus de Sevilla se debería llamar la Corrida del Arte. Morante, Juan Ortega y Pablo Aguado consiguieron levantar pasiones en los aficionados con un entradón de “no hay billetes” y una expectación máxima, a pesar del lío de corrales y toros de Matilla rechazados en las horas previas, que no debería pasar desapercibido este dato en la crónica.
Un festejo en el que el diestro de La Puebla volvió a demostrar su condición de leyenda del toreo consiguiendo la Puerta del Príncipe. Sevilla lo quiere. Y eso se nota en la devoción de su público en las faenas. No solo en los premios que recibió de manos del Ayuntamiento en los últimos días, sino en el trofeo benevolente que recibió esta tarde del presidente Luque Teruel, que horas antes hablaba de que “había que respetar a Sevilla”. Pues que tome nota.

El diestro Morante de la Puebla durante uno de sus lotes. / José Manuel Vidal / EFE
Eran las 21:15 de la noche cuando Morante de la Puebla enterraba la espada tras la faena al cuarto de la tarde. Vaya lío tuvo el presidente, que no dudó en otorgar las dos orejas, a pesar de que las faenas tuvieron menor nivel que otras de la pasada Feria de Abril. Realizó una faena a Sosito con detalles sublimes y con tandas con la zurda, el pitón bueno del animal, arrastrando la pañosa y llevando largo al animal enlazado con un eterno pase de pecho. Esos fueron los mejores momentos de la faena, en la que apostó y volvió a demostrar una confianza al nivel de los dioses del toreo.
Está a años luz del escalafón. Se le nota en su maestría. En sus andares. En el aroma que desprende por la plaza y, en esta última época, en la conexión con el público. Pero, como decimos, no le hacía falta que su Sevilla le regalara una salida al Paseo de Colón, en comparación con las otras dos que tiene en su carrera. Pero, las cosas del destino. No fue en la Feria y tuvo que ser en el Corpus, que finalizó procesionando por las calles de Sevilla hasta el Hotel Colón, con una rama de romero y con el fervor popular de una legión de jóvenes.
La tercera Puerta del Príncipe de Morante en su carrera
Antes, en su primero, aún con el olor a romero en el albero del Baratillo, Morante de la Puebla, con un terno salmón y plata, se abrió con el sobrero de Garcigrande. Fueron cuatro verónicas, con enjundia y meciéndose sobre el pecho, y una media para escuchar los primeros olés de la Maestranza. Enfrente tuvo a Lancero que demostró problemas de visión cuando venía de larga distancia al capote de Fernando del Toro. El de La Puebla supo rápidamente cogerle las distancias y desarrolló su maestría delante del animal: en cortito y aprovechando las querencias.
Llamó la atención lo cerrado que toreó pegado a las tablas. Fue principalmente por dos motivos: el viento que azotaba y el peligro sordo del animal, mientras los subalternos estuvieron atentos en el burladero. El sevillano aprovechó esas embestidas boyantes para meterle estética en los derechazos y girar sobre sus talones. Dos pases de las flores tuvieron enjundia. Fueron muletazos a media altura, con pases de pecho rematados con mucha solera. Le faltó humillar al animal ya que desparramó la vista y la cara por las nubes. Lo más destacado llegó al natural, con un concepto estoico de Morante de la Puebla, donde aguantó unas miradas que asustaron al personal. Estuvo muy sobrado y valiente pisando esos terrenos. Hubo cuatro naturales y un pase de pecho despacioso que rugió la Maestranza. La estocada cayó caída, pero fue muy efectiva para cortar la primera oreja.

Morante corta dos orejas en el Corpus. / José Manuel Vidal / EFE
Juan Ortega pinchó una faena de premio
Juan Ortega debutó en la Maestranza como novillero en junio de 2012. Precisamente fue en el Corpus sevillano. Una fecha muy especial para el torero, que quiso reencontrarse con su plaza. Por momentos lo consiguió con el segundo de la tarde con ese concepto tan clásico que atisba Ortega: de recrearse en cada muletazo, de presentar el medio pecho en cada cite con la pierna adelantada, de sacar la muleta muy despacio. Esa búsqueda de la pureza y de la calidad peca a veces de falta de ligazón. Entre medias hubo un cambio de mano con la zurda que fue un auténtico cartel de toros. Sublime. De la diestra a la zurda ralentizando al animal. Se dio cuenta el sevillano de que era el pitón bueno y le enjaretó otra tanda por naturales. Esta vez sí.
Ortega fue capaz de rearmar una faena de menos a más, sin intermitencias, finalizando con un abaniqueo con torería y consiguiendo el clamor del público. Pinchó el posible trofeo que le hubiera venido muy bien en su temporada. En el quinto no tuvo opción con un animal a contraestilo de su concepto.
El concepto clásico y la seguridad de Pablo Aguado
Ya lo avisamos en la previa de este festejo en El Correo de Andalucía, Pablo Aguado venía con la moral por las nubes y lleno de confianza tras el triunfo en Aranjuez. No quiso esperar y se fue rápidamente a la puerta de chiqueros. Algo inusual en Aguado. Se escapó de milagro en una portagayola con más emoción que acierto. Ya con los dos pies en la arena dejó destellos de arte bajo el sol veraniego de Sevilla: cuatro verónicas y una media que brillaron en la corrida del arte sevillana.
Este tercero, de nombre Fanfarrono, se movió con más calidad que sus hermanos y Aguado lo aprovechó. Antes, Iván García y Araujo se desmonteraron tras un buen tercio de banderillas. La faena de Aguado fue una obra llena de sabor y naturalidad. Hubo de todo. Trincherazos, molinetes, pases del desprecio, de la firma y muchos más. Pero el gran acierto de la faena fue la brevedad y los tiempos. Supo darle tandas cortas y rematadas excelentemente, además de desplantes toreros mirando al tendido, evocando a otros tiempos.
Porque el toreo de Aguado es inmersivo, por cómo compone la figura, por el toreo profundo y los remates con la mano baja. Para que nadie diga que no se puede torear con la figura erguida. Y además tan categóricamente bien. Una faena clásica y torera que se le esfumó con la espada.
Ficha del festejo
Corrida de toros. Corrida con motivo de la festividad del Corpus Christi. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Hnos. García Jiménez, Olga Jiménez (3º) y Garcigrande (5º Y 1º bis),
- MORANTE DE LA PUEBLA, oreja y dos orejas.
- JUAN ORTEGA, ovación y silencio.
- PABLO AGUADO, ovación y palmas.
Incidencias: Al finalizar el paseíllo, sonaron los acordes del Himno Nacional de España. Los tres toreros salen a recoger una ovación en el tercio antes de la salida del primer toro. El banderillero Iván García se desmontera tras parear al tercero.
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