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Música

Raphael: más fenómeno que vieja gloria

El legendario artista regresó al escenario de Icónica Santalucía Sevilla Fest con un emotivo y vibrante show donde repasó sus grandes éxitos ante un público enfervorecido

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Sara Arguijo

Sara Arguijo

Sevilla

Siempre digo que desde Tussam puede contarse Sevilla. Este jueves desde la línea 1 se vivió el hastío y los nervios de los sevillanos y sevillanas que acudían a la Plaza España para encontrarse con Raphael y se encontraron con el inesperado corte de la avenida Menéndez y Pelayo por la manifestación de aficionados del Sevilla FC. “En una carriola del Rocío llegamos antes y más seguras”, bromeó una de las usuarias ante el desesperante rodeo que dio el autobús y los frenazos del conductor. “Esto ya es todos los días, menos mal que todos vamos a lo mismo”, aventuraba otra que lamentaba su mala suerte “para una vez que sale”.

Pasado el trago, a las 22.10 horas, salía el ídolo al escenario luciendo el pelazo, la sonrisa y el carisma de siempre entre las ovaciones de un público enfervorecido que paró con sus aplausos la intro musical de La noche, la canción con que dio la bienvenida.

Así, el legendario artista, reconocido en los Latin Grammy 2025 como ‘Persona del Año’, volvía al Icónica Santalucía Sevilla Fest tras protagonizar su primera edición en 2021, demostrando, una vez más, que su talento es capaz de desafiar al paso del tiempo y a las tendencias musicales imperantes. “Raphael siempre”, se animó a sí mismo en uno de los pocos comentarios que se le escuchó.

Aferrado al mítico endecasílabo machadiano de hoy es siempre todavía, el de Linares ha dejado de anunciar giras de despedida para directamente celebrar lo que le hace único y mantiene como uno de los grandes nombres de la música en español.

Raphaelísimo se presentó como un show vibrante y emotivo donde disfrutar del cantante en toda su expansión y recordar un repertorio brillante repleto de canciones que forman parte de la memoria emocional de todo un país. Himnos como Escándalo, Estar enamorado oÁmame, que los miles de asistentes corearon al unísono.

En esta inolvidable e imperecedera playlist tiene mucho que ver otro andaluz: el compositor jerezano Manuel Alejandro, autor de los emblemáticos Yo soy aquél, Cuando tú no estás, En carne viva, Se nos rompió el amor y Como yo te amo -con la que cerró la mágica noche-, que fueron moldeando su carácter y su irrepetible manera de cantar y contar. Porque si es difícil no saberse ni una sola canción de Raphael más complicado es quedarse con una sola.

De hecho, resultaba curioso cómo cada franja de edad de las más de seis generaciones que siguen al artista conoce a un Raphael diferente y celebra éxitos distintos. Mientras los jóvenes que aún no habían nacido cuando empezaba a causar furor allá por los sesenta tarareaban efusivos Mi gran noche, Digan lo que digan o Qué sabe nadie, reconvertidos en cánticos imprescindibles de trasnoches y fiestas LGTBIQ+, los que peinaban canas agradecieron que regresara a su faceta más melódica con títulos más desconocidos como Amo, Si no estuvieras tú, Somos o Tema de amor. Al igual que las versiones de Llorona, Malena o Panam, panam. Todas con el genial acompañamiento musical de una impresionante banda de vientos, piano y cuerdas.

En las antípodas de la vieja gloria y de la estrella efímera, que vive de la renta musical de cuatro éxitos, Raphael presumió de una trayectoria intachable y de un envidiable repertorio de 27 temas, que ha sabido actualizar con álbumes como el último Ayer… aún, un delicado tributo a la chanson française, del que interpretó algunas composiciones como La vie en rose o Hymne a l’amour.

Pero, además, el jienense ha hecho siempre gala de una sincera curiosidad que le ha llevado a actualizar sus influencias artísticas y a conectar con argucia con otros contemporáneos. Por eso, no sorprendía encontrar entre los espectadores a roqueros, indies, modernitos y clásicos a los que les une su amor por un hombre cuya autenticidad y pasión trasciende géneros.

Artista de artistas y referente absoluto, el divo andaluz desplegó su personal expresividad, su actitud arrolladora y una voz firme y redonda, a la que parece no haberle afectado la edad ni los avatares de salud que ha sufrido. Al contrario de lo que acostumbran a hacer los cantantes actuales, que tiran de duetos y bailarines que llenen las tablas, Raphael, a sus 83 años, no abandonó el escenario, no habló y no se le vio ni beber agua en las dos horas de concierto. “Lo único que me puede hacer dejar los escenarios es que un día abra la boca y no salga la voz”, me confesó una vez en una entrevista.

En definitiva, por si había duda, este icono superlativo, por el que se desmayaban las muchachas hace siete décadas -como ayer le ocurrió a una- se mostró más sexy y coqueto que nunca, evidenciando que no hay quien pueda con él y que queda Raphael para rato. Esperaremos su vuelta porque ya no quedan estos terremotos así. Un fenómeno al que se podrá imitar desde la parodia, pero nunca desde la profundidad con la que transmite y eriza la piel.

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