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Iconica Santa Lucía Sevilla Fest

Andalucismo en vena con Califato ¾ y La Plazuela en el Icónica Santalucía Sevilla Fest

La guasa, el gamberreo, la frescura y el roneo marcaron una noche fiesta donde las bandas andaluzas reivindicaron sus raíces y presumieron de una Andalucía libre y plural al compás de flamenco, house, folclore, breakbeat y ritmos andalusíes

Califato ¾

Califato ¾ / Óscar Romero

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Sara Arguijo

Sara Arguijo

Sevilla

Lo hemos visto en política con el ascenso de Adelante Andalucía; en las redes con creadores de contenido como Lucas Melcón 'Malacara', Adrián Pino, Nazaret Reyes 'La espabilá', Claudia GR. Moneo o Sandra Morales que presumen de identidad poniendo el foco en lo cotidiano; y en otras disciplinas artísticas como el cine o la literatura, en la que nombres como los de Reyes Gallegos con Ellas en la ciudad, Daniel Ruiz con Mosturito, o Mar Gallego con su ensayo feminista Como vaya yo y lo encuentre, recogen la diversidad andaluza desde la periferia.

Desde este resurgir de un andalucismo que es capaz, al mismo tiempo, de reivindicar las raíces, pelear por construir un relato contra el histórico centralismo y cuestionar los clichés y estereotipos, llegaron Califato ¾ y La Plazuela este domingo al Icónica Santalucía Sevilla Fest para levantar a los miles de espectadores que llenaban la Plaza España con camisetas de mensajes en blanco y verde.

Pasadas a las 20.30 horas, con el termómetro marcando 37 grados, los de Califato ¾ salieron a zarandear los convencionalismos y darlo todo. “Cuando el caló que hace aquí llegue al País Vasco, a vé quién queda vivo, las cucarachas andaluzas”, aventuraba Manuel Chaparro, el capatá del grupo.

Con una energía desbordante y gritos de libertá para Andalucía y Palestina y de rabia para Netahanyu y Trump, el grupo repasó algunas de sus letras más subversivas, sellando su compromiso con una experimentación musical sin fronteras. “Mi madre que anda por ahí siempre me dice que por qué me desnudo… Me he tapado los pezones porque desnudarse es todavía hoy un privilegio de hombres y me los tapo con cinta americana porque si no duele es postureo”, apuntó de nuevo el cantante defendiendo “los cuerpos diversos”.

Califato ¾.

Califato ¾. / Mauri Buhigas

Haciendo gala de la fraternidad que caracteriza a este pueblo, La Plazuela, junto a Andrea Santalusía, se unió a Califato ¾ en Pintora, uno de los éxitos de su tercer disco Ècclabô de libertá, que sigue a los exitosos La contraçeña y Puerta de la Cânne.

Acordándose de la Paquera de Jerez, irrumpió la cantaora jerezana María Terremoto por bulerías desatando la ovación para sumar a los eslóganes el de “¡Viva el flamenco!”. Tras ella, compás de alegrías y una versión de Historia de un amor, en las que las imágenes de Lola Flores contrastaban con el naranja de la camiseta del sindicato de inquilinas.

“¡Qué bonita es nuestra tierra… en Andalucía lo tenemos todo, menos la industria porque se la llevaron los ricos”, denunciaba Chaparro vestido con falda de baile flamenco y flor en el pelo antes de cantar la Çambra der huebê Çanto.

La apoteosis llegó con el mítico Crîtto de la nabaha, que subió la temperatura más si cabe con un fervor popular que se despoja del control institucional. “Hay azahar por tó laos y ustede la estáis liando cabeça”, sentenció Manuel dedicando la chicotá a las corralas de Triana, “el lugar donde se inventaron las raves”, mientras el público botaba como loco.

La efervescente María José Luna y Alberto de Mártires del Compás, con la bailaora Carmen Avilés como invitada, caldearon la apoteósica noche en la que se acabó cantando el himno de Andalucía: ¡Por la sanidad pública, la educación pública y las piscinas públicas!

La Plazuela.

La Plazuela. / Mauri Buhigas

Con la plaza ya a rebosar, el dúo granadino, formado por Manuel Hidalgo ‘El indio’ y Luis Abril ‘El Nitro’, aparecía a las 22.30 horas para hacer vibrar a sus seguidores con una propuesta vintage que conecta tanto con los puretas amantes de la música de gasolinera como con las generaciones más jóvenes. “Tocar en Sevilla siempre es muy especial, os como la cara a todos”, agradeció El Indio.

A pleno grito se escucharon, por ejemplo, lo de Andaluces levantaos de La primerica helá, uno de los grandes hits de su ópera prima Roneo Funk Club, con el que han llenado salas de todo el país. Himnos de este costumbrismo de barrio como Realejo Beach o Péiname Juana, formaron parte de un motivador repertorio en el que presentaron también su último álbum Lugar Nº 0, D.L.Y. Si miro patrás, con la que abrieron el concierto, Tengo que pensar, De dos en dos, B12 o 18010 fueron otros de los títulos de este disco que se acerca ahora al jazz, al pop japonés y a la música latina.

Otra cantaora de las que están cambiando el panorama actual, Ángeles Toledano, acompañó en el temazo Solo eres para mí, que antecedió a Tiempos Raros, una exploración sobre el impacto de la fama en la salud mental que enloqueció con su estribillo pegadizo, enriquecido por los agudos extremos de las coristas.

La Plazuela.

La Plazuela. / Mauri Buhigas

La parte más flamenca del directo, más mainstream y menos gamberro que el de los Califato, la puso las alegrías de la Ragua, que cantó David de la Jacoba, las bulerías y Si lo callo muero, “Las modas de Madrid a Graná no nos llegan, lo que es puro en la tierra se queda”, cantaron con sus quejíos rajados en El lao de la pena.

Así, con acento andalú, ambos grupos defendieron con orgullo una nueva Andalucía libre y mestiza. Los primeros desde un plano más conceptual, ideológico y psicodélico y los segundos desde una estética más cercana a lo quinqui y lo lolailo y con un mensaje más amable que habla de cosas del corazón.

En este ambiente de euforia, mística y sudor, que incitaba al desenfreno, las dos formaciones jalearon y desplegaron guasa, roneo y frescura en un doble concierto de casi cuatro horas en el que las marchas procesionales, el folclore, los ecos andalusíes, y los palos flamencos más ortodoxos convivieron con naturalidad con el breakbeat, el hip hop, el funk, la electrónica o el pop en una creativa y estimulante amalgama sonora. Exactamente como pasa en las plazuelas en las que todos se han criao. En definitiva, una feliz y fructífera relectura de las tradiciones que convirtió la Plaza España en el escenario de una gran fiesta en la que nadie quería irse.

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