Exposición en el Museo Thyssen | Paula Luengo Comisaria de 'Carmen Laffón. Variaciones'
"Conocemos Doñana a través de la mirada de Carmen Laffón"
La comisaria de la exposición dedicada a la artista sevillana, que hasta el próximo 27 de septiembre se podrá ver en en el Museo Thyssen de Madrid, repasa los hitos de la obra de una maestra que hizo de la mirada sobre los paisajes cotidianos en el Bajo Guadalquivir un universo colectivo

"Crecí, pues, en un paraje sencillo: un campo modesto, de pequeños cultivos de papas, tomates y maíz en tierras arenosas y rojizas; chumberas, mínimos grupos de cañaverales y algo de viña, salpicada por higueras y árboles frutales, completaban el entorno. Un eucalipto gigante cobijaba un pequeño establo. También una era y un pajar. Como jardín, campanillas azules. Cercana estaba la pequeña estación. El tren de baños, como lo llamaban, hacía el trayecto de Sanlúcar al Puerto de Santa María. Su paso me marcaba las horas. En las noches, la luz del faro de Chipiona llegaba hasta la casa e iluminaba a intervalos el jardín. Todo esto, muy cerca del mar, formaba mi mundo, mi paraíso. Era lo que veía y sentía desde mi casa: Grandiosidad de la naturaleza sencilla".
Así describió Carmen Laffón (Sevilla, 1934-Sanlúcar de Barrameda, 2021) su mundo en el Bajo Guadalquivir, en la casa de La Jara en Sanlúcar de Barrameda, con motivo de su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, convirtiéndose en la segunda mujer en entrar en la institución después de Teresa Berganza.
Ese mundo de Laffón, al que puso palabras su amigo Caballero Bonald, se convirtió, a través de su obra, en memoria colectiva: hizo de la luz de Sanlúcar, de los cotos, las salinas y las viñas, un territorio íntimo e inconfundible a través de objetos humildes -cestos, armarios, cunas, espuertas- y una mirada capaz de convertir lo cotidiano en algo profundamente humano.
Sobre esa manera de volver una y otra vez a los mismos motivos, se articula Variaciones, la exposición que el Museo Nacional Thyssen-Bornemiszadedica a la artista sevillana. Paula Luengo, jefa del departamento de Exposiciones del museo y comisaria de la muestra que se podrá ver en el museo madrileño hasta el 27 de septiembre, recorre en esta entrevista las claves de una creadora esencial en la pintura de finales del siglo XX que ha abierto camino a tantos artistas que la han tenido como referente.

Paula Luengo sobre la exposición 'Carmen Laffón. Variaciones', de la pintora y escultora sevillana Carmen Laffón / Maria Aguilella Pardo / Francis Tsang M
PREGUNTA. El título de la exposición es Variaciones. ¿Por qué eligió ese nombre? ¿Qué sentido tiene esa idea de repetición, de insistencia y de memoria en la obra de Carmen Laffón?
RESPUESTA. He elegido este título porque no es una retrospectiva al uso, ordenada cronológicamente, sino una exposición organizada por temas y por series. El recorrido permite ver cómo Carmen trabajaba versionando y realizando variantes de naturalezas muertas, objetos de la casa y del estudio, exteriores próximos y paisajes conocidos de una manera persistente, como si estuviera casi siempre pintando lo mismo. Son variaciones que se extienden en el tiempo, desde sus inicios como pintora, cuando realiza sobre todo dibujos y pinturas, hasta la escultura, una técnica que desarrolla a partir de mediados de los años 90.
P. Andalucía, y especialmente el bajo Guadalquivir, es un escenario absolutamente reconocible en su obra. ¿Hasta qué punto es una clave imprescindible para entender su pintura?
R. Andalucía es imprescindible en su obra. Carmen nació en Sevilla, vivió puntualmente en Madrid, pero realmente residió entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda. En Visiones de un paisaje, el discurso que pronunció en el año 2000 al ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde fue la segunda mujer académica de número, habla precisamente del paisaje de su queridísimo sur y del Guadalquivir, desde Sevilla hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda.
P. Los cestos, los armarios, las cunas, las salinas, las viñas… ¿Por qué cree que eligió esos motivos cotidianos? La figura humana aparece muy poco y, sin embargo, todos esos objetos adquieren un carácter profundamente humano.
R. Los tres géneros que más trabajó fueron la naturaleza muerta, el paisaje y el retrato, aunque muchos de estos últimos eran encargos, por lo que no he querido centrarme en ese aspecto.
Ella pinta objetos sencillos, cotidianos, ligados a la intimidad de su hogar y de su entorno. En prácticamente todas las obras de la exposición, salvo en las cunas, donde aparecen recién nacidos, no está presente la figura humana. Son paisajes y naturalezas muertas que destilan emoción y sentimiento, que muestran su intimidad más cercana. Son profundamente humanos.

Retrato de Carmen Laffón / Archivo Familia Carmen Laffón. 1960
P. Cuando se piensa en Carmen Laffón también se piensa automáticamente en la luz. ¿Cómo definiría esa luz y su técnica a la hora de pintarla?
R. Carmen tenía un estilo muy característico y personal. Utilizaba mucho las veladuras y los contornos difusos, creando una atmósfera muy particular. Eso era precisamente lo que buscaba transmitir.
La luz es esencial en su pintura. Sus primeras obras son más oscuras, más próximas al realismo mágico de finales de los 50 y principios de los 60. Sin embargo, a medida que avanza su producción, las obras se vuelven mucho más luminosas y delicadas. Esa luz, especialmente en los paisajes andaluces, es uno de los rasgos más característicos de su obra.
P. Sin embargo, no es una Andalucía costumbrista. Huye de ese tipismo que caracterizó a parte de la pintura andaluza.
R. Efectivamente. No es una pintura costumbrista. Con su estilo tan personal plasma esos paisajes a los que tenía tantísimo apego. Como dice Jordi Teixidor, gran pintor, amigo de Carmen y académico de Bellas Artes: "Los cotos son los cotos por Carmen". Es decir, conocemos Doñana también a través de su mirada. Ella hace suyo el paisaje y también los objetos.
No es una pintura costumbrista. Con su estilo tan personal plasma esos paisajes a los que tenía tantísimo apego
La serie de La Cal está pintada en un cortijo andaluz situado entre Sevilla y Málaga. La Viña nace de una pequeña viña que plantó frente a su estudio de Sanlúcar y que cuidaba como si fuera un jardín. Los Cotos son los de Doñana y Las Salinas corresponden a Bonanza y La Algaida. En ese sentido, la exposición es también un recorrido por ese sur tan concreto.
Al final del recorrido hemos situado el bellísimo cuadro Sevilla desde el río, una obra que pintó en distintos momentos entre los años 80 y principios de los 90. Es una de sus obras más conocidas en Andalucía y funciona como despedida de la exposición. Es también un homenaje a Carmen y la primera gran muestra que se le dedica desde su fallecimiento en 2021.

Presentación de la exposición 'Variaciones' de Carmen Laffón en el Museo Thyssen de Madrid. Evelio Acevedo, director gerente del museo; Ángeles Albert, directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes; Patricia del Pozo, consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Manuel Laffón, sobrino de Carmen Laffón, Paula Luengo y Guillermo Solana, director artístico del museo. / FRANCIS TSANG
P. ¿Cómo surge el proyecto de esta exposición? ¿Qué cree que quedaba todavía por descubrir de su obra?
R. Es una exposición en la que llevo trabajando al menos tres años. La idea del proyecto surgió justo después de su fallecimiento, hace cinco años. Se la presenté al director artístico del museo, Guillermo Solana, que me dijo que adelante, y a partir de ahí contacté con la familia Laffón, cuya colaboración ha sido imprescindible. La idea era no hacer una retrospectiva, porque ya se había hecho una en 1992 en el Museo Reina Sofía, sino continuar de alguna manera aquella exposición. Carmen empieza a trabajar la escultura en 1995, así que había muchísima obra que no se había expuesto. También toda su obra final de grandes formatos, las grandes series de La Viña, La CalLos Cotos y Las Salinas, no se había mostrado tanto. Hay algunas piezas que estuvieron en el Reina Sofía, pero pocas. Me centro sobre todo en esa segunda parte de su producción, en su obra de madurez, que es impresionante y que en general no es tan conocida.
P. Hay también un enorme trabajo de selección de obras, muchas procedentes de colecciones particulares.
R. Sí, hay muchísimas colecciones privadas. Carmen vendió mucho, por suerte, y fue muy querida. Cuando he contactado con los coleccionistas y he ido a ver las obras, todos han querido participar, porque la mayoría la conocían y le tenían muchísimo cariño. Era una mujer excepcional. Ha sido una exposición muy fácil de hacer en ese sentido, lo cual resulta muy grato. Mucha obra está en colecciones particulares y otra en grandes instituciones de Madrid, Sevilla y Andalucía. Como prácticamente todas estaban en España, he podido verlas casi todas personalmente, salvo dos.
P. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía también se ha implicado mucho.
R. Sí. El CAAC (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo) nos ha prestado la serie de las viñas y la pieza 26 espuertas cargadas de uvas, en bronce, que ha quedado maravillosa. La hemos colocado en el hall central del museo porque son piezas de gran formato que no cabían en sala, y el resultado es muy espectacular.
También participan instituciones como la Fundación María José Jove, el Banco de España, Fundación Enaire, Ibercaja, el Museo Helga de Alvear, Montemadrid... Hay mucha obra en instituciones, pero una parte muy importante de la exposición procede de colecciones privadas, que no son tan fáciles de ver.
P. Precisamente 26 espuertas cargadas de uvas aporta esa dimensión escultórica a la obra de Carmen Laffón. Era un desenlance natural que su producción también derivara en la corporeidad.
R. Sí. A partir de 1995 empieza a trabajar la escultura en serio, aunque antes ya había hecho estudios de cabezas de niños, retratos y otro tipo de composiciones. En 1995 comienza con los armarios. De hecho, hay una sala muy bonita dedicada a los armarios, tanto en pintura como en escultura. Empieza a hacerlos en bronce y ahí le toma gusto a la escultura. A partir de ahí realiza esculturas de pequeño y gran formato, instalaciones muy modernas, ready-mades con objetos encontrados… La escultura le da a su obra una dimensión que va más allá de la pintura.
P. ¿Cómo era Carmen Laffón? ¿Crees que esa calma, ese silencio y esa mirada intimista que hay en su obra tenían que ver con su personalidad?
R. Yo no tuve el placer de conocerla, pero hemos hecho un audiovisual que está en la última sala y también en la página web de la exposición, de una media hora, que es maravilloso. En él participan personas que la conocieron mucho: amigos íntimos, pintores, galeristas y colaboradores.
Todos coinciden en que era una persona muy reservada, muy tímida, a la que no le gustaba nada dar entrevistas. Era muy discreta. Pero, al mismo tiempo, Heliodoro Navarro, que fue colaborador suyo y la ayudó mucho en los últimos años con la escultura y los grandes formatos, decía que la llamaban el tifón Laffón, porque tenía una enorme energía y fuerza.
Juan Antonio Álvarez Reyes, exdirector del CAAC, dice que su obra respira calma, tranquilidad y placidez, y que ella también era así. Yo creo que sus obras muestran mucho cómo era ella. Si tenéis la oportunidad de ver el audiovisual, no os lo perdáis, porque la retrata muy bien como artista y como persona.
P. ¿Está previsto que la exposición itinere, quizá a Sevilla?
R. No, no está previsto. Es un proyecto que hemos hecho para Madrid. En Sevilla hay mucha obra de Carmen Laffón: la Fundación Cajasol tiene una colección muy importante y también ha prestado bastantes obras; el CAAC es la institución pública que más obra tiene de la artista en España; y en 2021 ya se hizo en Sevilla Semestre Laffón, justo después de la pandemia, con tres exposiciones simultáneas que Carmen llegó a inaugurar. En principio no hemos pensado en una itinerancia, así que invito a todos los andaluces a venir a Madrid a ver la exposición.
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