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Icónica Santalucía Sevilla Fest

Lenny Kravitz en Icónica Santalucía Sevilla Fest: musicón y seducción masiva

El rockero estadounidense ofrece una soberbia y vibrante actuación en una Plaza de España abarrotada

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Paco Camero

Paco Camero

SEVILLA

Uno ha pasado los últimos cuarenta años de su vida viviendo al margen de la existencia de Lenny Kravitz, con las salvedades del revoloteo circunstancial de las inevitables Are you gonna go my way, American Woman o Fly away y de sus apariciones en anuncios de moda o en revistas posando descalzo, con camisa desabotonada y discurso ascético y espiritual en mansiones de riqueza escandalosa. 

En realidad sabemos más cosas sobre esta estrella estadounidense con bastante más éxito fuera que dentro de su país, lo cual tiene lógica, ya que su música no deja de ser un compendio -una persona más maliciosa diría saqueo indisimulado- de la música negra y el rock clásico perfectamente empaquetado para su exportación al por mayor y rematado con su imagen -indiscutiblemente icónica, je- de dios lúbrico tallado por un Bernini devoto del blaxploitation.

Suponemos que el grado de admiración que pueda suscitar Kravitz resida en una cuestión clave: el grado de conocimiento de quien escucha la obra de los muchos artistas de los que ha bebido y a los que ha remezclado como un Tarantino de aquella era dorada que fueron los años 70, pues las fantasías de funk melancólico y embrujado fueron llevadas por Prince a una cima unica e irrepetible, Sly Stone y Marvin Gaye ya existieron y crearon maravillas, Hendrix sólo hay uno, como la madre, y el hard-rock de la estirpe Led Zeppelin quedó tallado para siempre hace décadas.

Las imágenes de Lenny Kravitz en la Plaza de España

La Plaza de España, abarrotada durante el concierto de Lenny Kravitz en Icónica Sevilla Fest. / Icónica Santalucía Sevilla Fest.

Ahora bien, ¿debe esto representar un problema para disfrutar de un concierto de rock en una noche de verano magnífica y tórrida? Sólo un grado intolerable de esnobismo impediría disfrutarlo, es evidente. 

Kravitz empezó a todo trapo, con una Bring it on que le permitió lucir sus afilados riffs, y no tardó en adentrarse en las canciones de su último disco, Blue Electric Light, con TK421, una canción de funk à la Prince circa 80’s, o sea, un dechado ultrabailable de ritmos angulosos y secos endulzados con espirales de sintetizador que le permitió, de paso, marcar musculitos en la orilla de la playa al agarrar el bajo y dejar constancia de su destreza como multiinstrumentista.

A nosotros, perdón, sus canciones nos suenan un poco a ejercicios de estilo impecables pero sin algo que a falta de una expresión mejor llamaremos sello personal e intransferible. Pero la calidad de ejecución de la música -¡espectacular banda, brutal sonido, qué maravilla!- hace que uno se sienta ridículo poniéndose pejiguera. Y la andanada de Always on the run nos cerró la boca definitivamente. ¿O acaso el rock no es dejarse llevar y gozar, y que inventen los franceses?

Con su habitual estampa fibrosa a sus 62 años -firmaríamos haber llegado como él a nuestra ya pleistocénica veintena- y esa actitud sexy e indiferente del que sabe que no necesita un solo esfuerzo para ligarse a quien quiera donde quiera cuando quiera, el artista hizo un parón para hablar en español y terminar de conquistar, aunque no hacía falta ya, al público congregado en la Plaza de España en un sold out que marca un hito en la historia de Icónica. 

Con su habitual estampa fibrosa a sus 62 años -firmaríamos haber llegado como él a nuestra ya pleistocénica veintena- y esa actitud sexy e indiferente del que sabe que no necesita un solo esfuerzo para ligarse a quien quiera donde quiera cuando quiera

Ritmazo espectacular el de Live, con un saxo crudo y desbocado que nos dio ganas de volver a escuchar a los Contortions de James Chance. Auténtico esplendor guitarrero de su viejo escudero Craig Ross, del que te mete el demonio en el cuerpo, en Fields of joy. Gran atmósfera romántica-precoital la de I belong to you (no queremos imaginar la temperatura que alcanzaría en esos momentos la persona que minutos antes le gritaba a pleno pulmón "Te quiero"). No puede caber duda alguna sobre la eficacia de la coctelera de Lenny. 

Con Stillness of heart y Believe (de nuevo, qué guitarrista Craig Ross) nos sentimos muy desafortunados por no haber vivido la era de los dinosaurios del rock, cuando no había que adoptar poses de ironía o descreída porque la estrella del rock no era aún una figura bajo sospecha de ambiciones demasiado grandes.

El momento más sorprendente de la noche llegó con el disco-rock The chamber, con el cantaor Israel Fernández apareciendo al final de la canción para romperse la camisa sobre un clímax de electricidad expansiva y sintetizadores hipnóticos: chapeau. 

Mención aparte merecen el realizador y los operadores de cámara, con esas proyecciones en pantalla gigante del paquete de nuestro megafucker en Honey o Low (temón): miren, bastante calor teníamos todos ya, 34 grados a las once y media de la noche. El momento más sorprendente de la noche llegó con el disco-rock The chamber, con el cantaor Israel Fernández apareciendo al final de la canción para romperse la camisa sobre un clímax de electricidad expansiva y sintetizadores hipnóticos: chapeau

Ya en el tramo final Kravitz desempolvó It ain’t over til’ it’s over (preciosa recreación), atacó Again (buen ejemplo de su facilidad para el estribillo y la línea de guitarra de melodías pegadizas), pero la traca tochísima llegó con las siguientes: American Woman, que no es suya (la original es de The Guess Who) pero la ha hecho totalmente suya, con ese riff ganador; una Fly away contagiosa como un virus exótico que hizo saltar de sus asientos a las escasas personas que aún seguían sentadas en los palcos; y por supuesto la explosiva Are you gonna go my way que incendió y puso a botar al público como si al día siguiente nadie tuviera que ir a trabajar. Y de propina, una larguísima y apoteósica Let love rule (descenso de los altares y firma de autógrafos a la primera fila como quien no quiere la cosa incluidos: el tío le dio la vuelta al marcador).

¿Sería posible que volviera el año que viene para ofrecer no uno sino varios conciertos, por favor?

Conclusión: uno no había escuchado un disco entero de Lenny Kravitz en la vida, pero ¿sería posible que volviera el año que viene para ofrecer no uno sino varios conciertos, por favor?

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