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Icónica Santalucía Sevilla Fest

Hombres G en Icónica Santalucía Sevilla Fest: todas las fiestas del ayer

Miles de personas celebran los viejos éxitos de la banda en una actuación de inevitable sabor nostálgico y generacional

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Paco Camero

Paco Camero

SEVILLA

Los mejores años de nuestra vida querríamos todos que fuesen incontables, pero se sabe que el asunto no funciona así, y las cartas las va repartiendo un croupier a menudo corrupto y siempre veleidoso. Para los Hombres G, al menos en lo que atañe al éxito comercial y la popularidad, esa cima llegó y pasó hace varias décadas, pero, como sísifos arrastrando su descomunal fenómeno fan de los años 80, David Summers, Dani Mezquita, Rafa Gutiérrez y Javi Molina andan desde entonces tratando de revivir la frescura y el esplendor de aquellos remotos seísmos hormonales.

Los códigos han cambiado, porque la vida es mudanza, tanto lo han hecho que hoy, en los tiempos de hipersexualización y golferío que gasta la música de nuestra actual y picardeada muchachada, mueve a la ternura que una venganza sentimental desaforada se salde con una lluvia de polvos pica-pica. De modo que, en parte, también la gran mayoría de las 12.500 personas que se reunieron la noche de este viernes en la Plaza de España iban en busca de algunos destellos de esa inocencia perdida, despreocupada y tontorrona.

Con una temperatura no tan enemiga de la vida como en los conciertos de días atrás, pero aun así sofocante, los madrileños aparecieron en el escenario para comenzar con su declaración de intenciones, Voy a pasármelo bien, con el refuerzo de un guitarrista de apoyo, un teclista y tres músicos en una sección de metales. Ya le adelantó al público David Summers que durante la noche iban a "cantar mucho juntos", y en efecto la actuación tuvo algo de karaoke a cielo abierto, como empezó a confirmarse con El ataque de las chicas cocodrilo.

Se apreciaron otros tímidos matices, como los toquecillos ska de No te escaparás y Chico, tienes que cuidarte, pero lo cierto es que la propuesta de Hombres G no tiene mucha más historia que el mecanismo de un botijo. Funciona, eso sí: más de diez millones de discos han vendido, y ahí siguen poniendo a cantar a las multitudes. Uno diría que eso da para estar más que satisfecho, pero a Summers suele notársele el resquemor cuando habla del trato por parte de la crítica.

La propuesta de Hombres G no tiene mucha más historia que el mecanismo de un botijo. Funciona, eso sí: más de diez millones de discos han vendido

La crítica, por ejemplo, ha dicho que el grupo tomó lo accesorio de bandas señeras de la época como Siniestro Total y Glutamato Ye-Yé, pero vaciando lo fundamental: el gamberrismo, o el elemento punk, lo cual nos parece bastante preciso (y nada irrespetuoso). Con excepciones como Me siento bien, una tentativa de escritura más adulta, su imaginario es de sota, caballo y rey: buenos chicos que salen de fiesta, muchachas inalcanzables que hacen sufrir muchísimo, gamberradas de Zipi y Zape y colegio mayor, estribillos que celebran con machacona épica emocional su universo tan reivindicado de "gente normal" (sea quien demonios sea esa gente; nosotros sospechamos que estamos ante una ficción colectiva de formidable aceptación popular).

Sólo un par de palabras, Yo te necesito, Dos imanes, Huellas en la bajamar, Qué soy yo para ti… el tramo central del concierto en general, pese al esfuerzo de la banda, que trató de insuflar cierto lirismo musical y otros recursos (armonías vocales dobladas, medios tiempos, un mayor esmero instrumental…), causó cierta dispersión en el ambiente de la Plaza de España, como si la inmensa mayoría de los espectadores estuviera esperando los hits que llevan cantando toda la vida en el coche, bodas y cumpleaños y asumiese que lo del medio es un trámite inevitable porque un concierto de esta clase y en un festival grande no puede durar veinticinco minutos. La cosa recordaba un poco al título de aquella joya de la Velvet Underground, All tomorrow’s parties, pero al revés.

Tal vez por ello Summers se vio obligado a ejercer de reseñista de sí mismo, y de paso a alabar la belleza de las mujeres sevillanas, al presentar Te quiero como "una de las canciones más bonitas" de la trayectoria de Hombres G. Invitado amablemente a entregar un feedback más entusiasta, el público volvió a corear animadamente, realzando así la canción. "¿Cómo vais Sevilla, cómo vamos, estáis cansados?", preguntó Summers al terminar Suéltate el pelo, y Sevilla dijo que no, pero Sevilla lo que quería era escuchar de una vez las que faltaban, que todos sabían, los músicos y el público, cuáles eran, y por eso mismo se dejan para el final, porque mejor no probar a ponerlas al comienzo del setlist

Tras Visite nuestro bar llegó por fin uno de los momentos de auténtica pasión desatada de la noche, con Marta tiene un marcapasos: en la pantalla se mostraba la letra de la canción, pero tampoco hizo mucha falta: cuando el público la llevaba cantada casi entera (al margen de la guía proyectada en pantalla), los músicos rompieron a tocar por aquello de que queda raro que el grupo no participe en su propia canción.

Llegaron después el inevitable final amagado, las inevitables palmas por bulerías del respetable, y llegó finalmente, por supuesto, lo que todos esperaban desde antes de empezar el concierto. Eso sí, sólo tras Los mejores años de nuestra vida, la canción que han hecho para acompañar el lanzamiento de un documental del mismo título (faltó que el cantante repartiera claves para verlo en la plataforma que lo ha producido), y Temblando, para cebar más aún las expectativas.

Total, que por fin sonaron Venezia, karaoke masivo desatado, y Sufre, mamón, el mayor über himno de la banda, con miles de gargantas cantando a voz en grito, pantallas de móviles grabando para fardar del momento con amigos, hijos y nietos y la consabida explosión de euforia generacional.

Sólo queremos añadir, por último, que nos propusimos, y lo hemos conseguido, escribir esta crónica sobre el tantas veces peligroso y amargo doble filo de la nostalgia -al menos para los músicos- sin mencionar hasta ahora la palabra "pijo".

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