Cine andaluz | Manuela Ocón Productora
Manuela Ocón, productora: "Estamos viviendo uno de los mejores momentos del audiovisual en España y, sin embargo, en Andalucía no terminamos de estar contentos"
La productora onubense, que recoge hoy el premio Francisco Elías en el Festival de Islantilla, reivindica el oficio invisible de la producción, reclama estructura para el cine andaluz y alerta de que la industria aún debe enfrentarse a la desigualdad y los abusos

La directora de producción Manuela Ocón recibió el Premio Ricardo Franco en la pasada edición del Festival de Málaga. / Jorge Zapata / EFE

Un buen puñado de las mejores películas del cine andaluz y español de las últimas dos décadas ha tenido a Manuela Ocón (Huelva, 1973) detrás: diseñando, resolviendo, poniéndose en la piel del creador... Porque todas esas funciones las ha ejercido como productora, una de las tareas menos visibles de la industria audiovisual. Por eso, cuenta al otro lado del teléfono en conversación con El Correo de Andalucía, que le hace especial ilusión el premio Premio Francisco Elías en Islantilla, en Huelva, su tierra, que recibirá este sábado arropada por los suyos. "Te da la oportunidad de mostrar lo que es este oficio dentro del cine", apunta.
En su palmarés, además del Premio Ricardo Franco en el último Festival de Málaga y el Josefina Molina de los Asecan, entre otros, cuenta con un Premio Goya por Modelo 77 y tres nominaciones por Grupo 7, La isla mínima y El hombre de las mil caras, todas películas dirigidas por Alberto Rodríguez, con el que forma tándem en lo profesional y lo personal.
Desde 2022, Ocón es también directora de Producción de Ficción Original de Movistar+ y a esta etapa se deben títulos como Anatomía de un instante, Sirat o Los Tigres. Confía en el trabajo que se puede hacer desde las asociaciones del sector, como la Academia de Cine de Andalucía o Mujeres del Audiovisual (AAMMA), desde donde defiende cambios estructurales en la industria.
PREGUNTA. ¿De dónde le viene la afición al cine a la niña Manuela? ¿Su familia estaba relacionada con ese mundo?
R. No, no, mis padres son médicos los dos, pero mi padre siempre ha sido especialmente cinéfilo. Siempre dijo que tenía que haber ido a la Escuela de Cine en Madrid. El gusto por el cine viene de él.
P. ¿Recuerda una primera película que le marcara o que le hiciera pensar en cómo se hace una película?
R. Mis primeros recuerdos cinematográficos son con mi padre, yendo al cine en Huelva, cuando todavía había cines en el centro. Vimos todas las de Indiana Jones. También recuerdo que pusieron Ben-Hur y Lo que el viento se llevó. Además, mi padre era muy amigo de Rafa Roca, que llevaba el Palacio del Cine y yo me iba con los dos. Mientras ellos veían su película, yo aprovechaba y vi cosas increíbles, desde 2001: Una odisea en el espacio hasta Birdy.
P. El público conoce a los directores, a los actores, quizás algo a los guionistas... pero no a quienes hacen posible que una película exista.
R. Es un trabajo desconocido. Creo que esa es también la virtud de este premio: hace mucha ilusión porque te da la oportunidad de mostrar lo que es este oficio dentro del cine. Es verdad que somos menos reconocidos. También tiene un sentido: todo este mundo de los premios en el cine tiene una función de promocionar el cine, y el cine lo promocionan mejor caras más visibles y más reconocibles. Pero, más allá de eso, está bien colarse y poder dar valor a la producción, que realmente lo tiene.
P. ¿Qué hace un productor?
R. Se resume en algo muy fácil: un productor -y luego hay toda una gradación: meritorio en el set de rodaje, productor ejecutivo, dirección de producción, ayudante- hace posible el proyecto. Ni más ni menos. Desde buscar los recursos financieros hasta imaginar los lugares de rodaje o decidir un casting: todo eso tiene que ver con la producción.
La producción no deja de ser una gestión de recursos humanos y técnicos, pero en el caso de la ficción tiene un plus añadido: no hay dos proyectos iguales, con lo cual siempre es un reto. Y luego hay que cumplir unos estándares de calidad.
Si no te pones en la piel del otro y no entiendes sus necesidades ni por qué te lo está pidiendo, no puedes decidir si crees que está bien o no
P. ¿Qué cualidad le parece imprescindible para alguien que quiera dedicarse a la producción: paciencia, autoridad, imaginación, resistencia, diplomacia...?
R. Creo mucho más en la empatía para entender el trabajo del otro y sus necesidades, eso es muy importante. También para valorar, discutir y ponderar lo que realmente es necesario y lo que no. Si no te pones en la piel del otro y no entiendes sus necesidades ni por qué te lo está pidiendo, no puedes decidir si crees que está bien o no. Esa empatía también te da la capacidad de ser creativa a la hora de proponer soluciones a los problemas.
P. ¿Quiénes fueron sus referentes en la producción?
R. Cuando entré en la facultad, me proyectaba en mis compañeros, porque he estado rodeada de lo que ahora son grandísimos profesionales, pero que en su momento eran ya gente muy inquieta a la hora de hacer el trabajo. Ana Rosa Diego, Paco Baños, Alberto Rodríguez, Adán Barajas... Son compañeros de la facultad que ahora son profesionales de primer nivel.
Y luego, cuando entré en el mundo profesional, la figura que más me ha marcado ha sido José Antonio Félez, productor de Tesela y luego de Atípica Films. Para mí ha sido todo. Es la persona que me ha enseñado todo en el audiovisual.
P. No hay gala de cine o festival donde los profesionales andaluces del sector no lo recuerden.
R. Espero que sea siempre así. Ha sido una persona muy importante en el cine andaluz. Es madrileño, su productora es de Madrid, pero ha hecho muchísimo por el cine en Andalucía y creo que es de justicia reconocerlo.
P. ¿Cuándo sintió que el cine andaluz dejaba de ser periferia para convertirse en un centro creativo o cree que siguen pesando complejos?
R. Complejo seguro que no hay. Lo que pasa es que la realidad de nuestro país es que es muy centralista. Ahora mismo el centro de producción es Madrid, seguimos siendo periferia por la propia forma de funcionar de nuestro país. En ese sentido, toda la política de incentivos, que está muy bien para unos, no está ayudando a otros, y desde luego no nos está ayudando a nosotros. Más allá de eso, nuestro cine no puede tener complejo, porque ya ha demostrado que puede ir a cualquier sitio. Es un cine que está en las pantallas y en todos los certámenes de primer nivel como en San Sebastián.
Toda la política de incentivos, que está muy bien para unos, no está ayudando a otros, y desde luego no nos está ayudando a nosotros
La calidad de los técnicos es excepcional. De eso doy fe, porque he rodado en muchos sitios y porque en mi trabajo actual lo puedo ver: estoy con muchos proyectos a la vez. La calidad de los técnicos no está ni siquiera en la media; está por encima. Y el talento creativo probablemente necesite alguna ayuda más, pero también ha demostrado con creces que hay muchísimo.
P. La presidenta de la Academia de Cine de Andalucía, Marta Velasco, dijo en su discurso de los Premios Carmen que el cine andaluz ya no pide permiso, que quiere estructura. ¿Comparte ese diagnóstico?
R. Sí. Somos muy conscientes de que esto es así porque nuestro país es así. La Hacienda del País Vasco es diferente a la que tenemos en el territorio común. Eso es así, pero la realidad es que entonces nos toca ser más imaginativos con nuestra realidad y hacer cosas que impidan que el talento se vaya a otras regiones. Supongo que todo el mundo quiere trabajar en casa, sabiendo que el cine requiere mucha movilidad, pero al final todos queremos estar cerca de los nuestros. Es una responsabilidad compartida: de la Administración, pero también de las asociaciones de productores y de todo el sector en general. Tenemos que hacernos más fuertes e intentar que las producciones no se vayan fuera. No es fácil y no hay una receta, porque si la hubiera ya se habría hecho, pero crear grupos de trabajo para empezar a pensar cómo hacerlo no estaría de más.
P. ¿De cara al Ministerio?
R. De cara a la Junta.
P. ¿Están receptivos?
R. No están cerrados, pero tampoco podría decir que estén especialmente receptivos. Justo ahora mismo no parece el momento óptimo porque estamos en plena formación de gobierno. El asociacionismo me gusta precisamente por eso: porque puedes proponer y promover muchas acciones para que las cosas mejoren. Yo estoy en la Junta Directiva de la Academia y también pertenezco a AAMMA. Hay que pensar cómo se puede resolver este tema, porque es realmente importante. Estamos viviendo uno de los mejores momentos del audiovisual en España y, sin embargo, en Andalucía no terminamos de estar contentos.
P. ¿Qué ventaja tiene producir desde Andalucía y qué peaje se sigue pagando?
R. La ventaja de rodar aquí es que lo tienes todo. Tienes, por supuesto, Andalucía como plató, que eso es una cuestión histórica, pero es que además tienes equipos técnicos, proveedores, talento, actores, actrices. Eso hace que los costes sean bastante buenos y que no haya sobrecostes. Lo que no tenemos ahora mismo es un sistema de financiación competitivo con otras comunidades.
P. En muchos foros se habla de falta de relevo generacional en la producción, especialmente entre las mujeres. ¿Cómo ve ese doble techo de cristal: ser productora y ser productora andaluza?
R. El techo de cristal está ahí, y creo que estamos haciendo muchas cosas para que sea el menor posible. La política de puntos de las ayudas estatales ha ayudado mucho, porque los números han crecido. Quizá no todo lo que quisiéramos y tampoco en el tipo de proyectos que quisiéramos, porque las mujeres siguen liderando proyectos con presupuestos mucho menores, y eso también tiene que cambiar. Pero a la vista está que los datos son mejores.
Ojalá llegara un momento en el que no hiciera falta la política de puntos, pero no creo que sea el momento. Hay que seguir pensando en acciones que hagan que cada vez las mujeres puedan estar más en el cine, pero también creo que es una cuestión de corresponsabilidad. Hay que entender las causas de por qué no hay más mujeres en el cine y solventarlas. Muy probablemente eso sea responsabilidad de todos y de todas: de la Administración, del sector, de las personas... Tenemos que entender que vivimos en una sociedad donde los cuidados hacen falta, donde necesitamos que haya nuevas generaciones y donde tenemos que cuidar a nuestros mayores. No los podemos dejar de lado. Ese es un trabajo que normalmente han llevado a cabo las mujeres. Tendremos que compartirlo y además disfrutar de ello, porque los cuidados no son solamente una carga: son parte de nuestra vida y también son disfrutables.
P. A todo esto le ha dedicado también su libro Tiempo femenino singular.
R. Sí. Es un libro que publiqué porque hice una tesis doctoral sobre la desigualdad de género en la ficción española. Está muy desactualizado. Cuando lo escribí todavía no estaba la ley que obligaba a los hombres a coger la baja paternal, eso ha hecho que todo cambie muchísimo también, pero tampoco tanto.
Si hay muchas mujeres estudiantes en la carrera de Comunicación Audiovisual y luego eso sigue derivando en que no haya mujeres productoras, guionistas ni directoras, el problema sigue estando ahí
P. Tendría que añadirle capítulos nuevos.
R. Sí, pero creo que nos sorprenderíamos, porque probablemente las ideas seguirían siendo las mismas. Si hay muchas mujeres estudiantes en la carrera de Comunicación Audiovisual y luego eso sigue derivando en que no haya mujeres productoras, guionistas ni directoras, el problema sigue estando ahí.
P. Ante el caso ADM, las asociaciones del sector se han posicionado e incluso la Academia de Cine de Andalucía ha reformado sus estatutos para apartar a quienes cometan abusos. ¿Cómo valora este paso?
R. Creo que el éxito de estos últimos meses es tomar conciencia del sitio tan oscuro donde podemos llegar a esta y de que existe un nivel de violencia importante -no en el cine, en la sociedad- y de que hay una violencia contra las mujeres es el primer paso. Si eso llega al asociacionismo y genera una serie de actos en contra de que esto se produzca, me parece un éxito. Lo que me parece increíble es que todavía se normalicen ese tipo de violencias. Siempre escuchas a tu alrededor que esas cosas no existen, y no es verdad.
Existe un nivel de violencia importante -no en el cine, en la sociedad- y de que hay una violencia contra las mujeres es el primer paso. Si eso llega al asociacionismo y genera una serie de actos en contra de que esto se produzca, me parece un éxito.
Creo que todos lo hemos visto, pero lo tenemos tan normalizado que a veces no somos capaces ni de verbalizarlo. Si eso se traduce en reglamentos internos de las asociaciones, me parece que, por supuesto, en ningún caso vulnera la presunción de inocencia. Estamos hablando de una realidad que existe, que es demostrable y palpable. Y hablamos de violencia, no hablamos de cualquier cosa. Me parece que está siendo un éxito todo lo que estamos haciendo, y probablemente siempre se pueda hacer más. También es un terreno pantanoso, porque hay que tener mucho cuidado e ir con pasos seguros. Cualquier cosa que digas es difícil. Pero, por otro lado, es evidente que tenemos un problema enorme. Muchas mujeres lo sabemos, algunos hombres también, pero deberíamos ser todos los que rechazáramos esa violencia, que es terrible.
P. Hablar de estas cosas sigue siendo complicado, pero el silencio no cabe.
R. Tenemos que empezar a darnos cuenta de que de verdad eso existe, de que no es la fatalidad de un día. Realmente hay una violencia sobre las mujeres en toda la sociedad, pero como nosotros trabajamos en esto, tendremos que verlo en nuestro sector y preguntarnos por qué se produce.
P. Su nombre está unido a todas las producciones de Alberto Rodríguez. ¿Qué se aprende al crecer profesionalmente junto a un director durante tantos años?
R. Mi carrera ha ido paralela a la de Alberto, pero no sólo a él, sino a un equipo que hemos trabajado todos juntos: Pepe Domínguez como director de arte, Álex Catalán como director de fotografía, Pau Esteve, Adán Barajas como ayudante de dirección, Yolanda Piña en maquillaje, Fernando García como figurinista, José Manuel García Moyano en postproducción... Hemos ido creciendo todos juntos y a la vez. Creo que lo que Alberto nos ha aportado es un nivel de exigencia, con cariño, muy alto. El equipo se ha contagiado de eso y le ha devuelto un nivel de exigencia todavía mayor. En esa ida y vuelta de la exigencia, de la excelencia y de la calidad, hemos hecho un trabajo muy interesante en el que todos hemos ido creciendo profesionalmente.
P. ¿Hay alguna película que sea decisiva para entender su carrera como productora?
R. Todo muy natural. Una película llevaba a la otra. El nivel de exigencia, o más bien de complicación, ha ido subiendo, pero yo no he notado ningún escalón grande. Quizá La peste fue una producción enorme, la primera producción para televisión de esa nueva etapa, con una forma de producción diferente. Fue un reto importantísimo, muy determinante. Y con las mismas te digo que 7 vírgenes, que es una película que miro ahora y realmente era sencilla. Ahí empezamos todos como equipo a trabajar. Fue un reto porque sabíamos muy poco y le tengo mucho cariño a esa película. Ahora está en plataforma y está teniendo un éxito increíble. Me parece muy bonito.
P. Desde 2022 trabaja en Movistar Plus+. ¿Cambia mucho pasar de levantar producciones concretas a pensar la ficción desde una plataforma?
R. Sí que cambia. La financiación es diferente. El trabajo de un productor independiente es muy duro: hay que creer muchísimo en el proyecto y es una carrera de fondo que te puede llevar años. Desde la plataforma la visión es diferente, porque los retos son otros, financieros también, porque no regalan el dinero, pero estás en una red más segura. De alguna manera eso es más sencillo, pero la plataforma es muy exigente y el mercado es ultraexigente. Si no funciona, muere. Ahí el rédito que necesitas es otro: el número de visualizaciones, el coste por visualización... Eso es ultraexigente e inevitable.
El mercado de la plataforma es muy exigente y el mercado es ultraexigente. Si no funciona, muere.
P. El mercado está muy saturado y hay que distinguirse.
R. Sí. De alguna manera se acaba el romanticismo, pero vienen otras cuestiones también muy interesantes. Yo he aprendido muchísimo en estos cuatro años y estoy contentísima con las producciones que hemos hecho.
P. Anatomía de un instante, Sirat o La bola negra.
R. Esta última edición de Cannes ha sido muy interesante, con la película de Sorogoyen, El ser querido, con La bola negra, de los Javis, y también con una compra, Amarga Navidad, de Almodóvar. Me parece que es una cosa absolutamente inédita y para celebrarla no ya en Movistar, sino en el cine español en general. Eso, unido a Sirat, que es una película que a priori no parecía que fuera a tener el recorrido que ha tenido, me parece un éxito para el cine español.
P. Por último, ¿cómo observa la llegada de la inteligencia artificial al audiovisual?
R. Debemos estar muy atentos. Ahora mismo la realidad es que la IA no es neutra. No viene de empresas precisamente neutras. No tiene solo un sesgo de contenido, tiene un sesgo económico: quienes están manejando la IA son el capitalismo más exacerbado. Tendremos que ver cómo aprovechar algo que es fantástico sin que retrocedamos en derechos.
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